Contra pronóstico -porque la noche apuntaba a un triunfo, más justo, de El reino-, Campeones, dirigida por Javier Fesser, se coronó como mejor película en la gala de los Goya. La taquilla ha premiado la humanidad de un filme que supone un emotivo y necesario espaldarazo a las personas con discapacidad intelectual. Fueron unos premios repartidos porque El reino, de Rodrigo Sorogoyen, se llevó siete goyas y todo apuntaba al triunfo de esta producción de Gerardo Herrero.

Pero los Goya decidieron apostar por la película más taquillera del año (con más de tres millones de espectadores) aunque en realidad el gran momento para el filme llegó un poco antes, cuando Jesús Vidal, que padece una discapacidad visual, ganó como Actor Revelación por y se convirtió en el gran protagonista de la noche. Inclusión, diversidad, visibilidad… Castro dio un discurso impecable en el que no se olvidó ni de dar las gracias a Universal, la distribuidora. Fue el momento más emotivo, con ese "a mí sí me gustaría tener un hijo como yo" que resuena con fuerza.

El reino fue la gran ganadora y perdedora en la gala de los Goya con más ritmo de los últimos años. La película de Rodrigo Sorogoyen, en la que crece como cineasta al ofrecernos un turbulento, apasionante y desquiciado reflejo del drama de la corrupción en nuestro país, dio justificados premios al actor Luis Zahera como secundario, por ese personaje campechano por fuera y oscuro por dentro, o al propio director y a su co-guionista habitual, Isabel Peña, por ese guion vibrante que capta con fuerza los dobles sentidos del habla coloquial española. Y vuelan alto Olivier Arson, con esa música electrónica sutil y estremecedora que ha acabado premiada, y Antonio de la Torre, que ganó como Mejor Actor Protagonista por un papel en el que logra que sintamos primero asco y después compasión por un corrupto más débil que malvado.

Hubo ganadores, pero también muy dignos perdedores. Los cinéfilos han podido celebrar este año el talento de las películas nominadas. Hay mucho en Entre dos aguas, de Isaki Lacuesta, que no se llevó nada pero que dentro de cien años seguirá siendo un documento de enorme importancia sobre el aquí y ahora de España. Y también en Carmen y Lola, en donde Arantxa Echevarría -Mejor Dirección Novel- nos ofrece otro trozo de vida con raíz en el mundo gitano, una hermosa historia de amor más allá de etiquetas. Y es muy probable, para qué engañarnos, que si Asghar Farhadi fuera español y no iraní Todos lo sabense hubiera llevado muchos más goyas.

Si la idea era que Buenafuente le diera calidad a una gala que no deja de ser un espectáculo televisivo, salió bien. En su interpretación de matrimonio con demasiados años a cuestas y excesiva tendencia a decirse la verdad, Buenafuente y Abril brillaron y consiguieron más sonrisas que en ediciones anteriores. Resulta inevitable, sin embargo, que las galas arranquen con el presentador avanzando el futuro desastre. Es una manera de curarse en salud como otra cualquiera. Si antes Dani Rovira leía en directo los poco compasivos tuits que le dedicaban, esta vez la cosa era más sofisticada y empezaba con una persecución por las calles de Sevilla que terminaba con el coche embarrancado en el Guadalquivir.

Fue un digno comienzo para una actuación profesional y chispeante en la que hubo pullas a Pablo Echenique ("su vida es un travelling") e injustificables descortesías como no agradecer su presencia a Pablo Casado. Hace bien el cine español en aprovechar el talento de Rosalía, que emocionó con una versión de Me quedo contigo de Los Chunguitos con el Orfeo Català que logró el pequeño milagro de que hubiera una actuación musical memorable. El mejor cortometraje de animación fue Cazatalentos, de José Herrera y el de ficción, Cerdita, de Carlota Martínez Pereda. Presentado con la tuna rematada con una batukada, fue un número que tuvo bastante gracia.

El reino arrancó bien. Primero se llevó el Goya al Mejor Montaje para Alberto del Campo, y después Rodrigo Sorogoyen y su coguionista habitual, Isabel Peña, se llevaron el "cabezón" para el Mejor Guión Adaptado. Todo parecía predecir su éxito. Del mismo modo que todo parecía predecir el fracaso de Quién te cantará, película de Carlos Vermut amada por la crítica pero probablemente demasiado rara para una academia que sigue siendo ante todo académica y nunca (o casi) deja de mirar de reojo la taquilla.

La gran triunfadora en la categoría de Mejor Actriz Revelación, Eva Llorach, está espléndida en el filme de Vermut. Interpreta a una mujer sin suerte que canta maravillosamente bien y que se convierte en la tutora de su propio ídolo. Es un premio merecido para una actriz que da profundidad y dolor a un personaje difícil del que extrae toneladas de sensibilidad. Muy reivindicativa, Llorach tiene la "idea loca" de que el cine puede cambiar las cosas porque "ser mujer es muy difícil". Ojalá tenga razón.

Para toda una generación, o incluso tres, el nombre de Chicho Ibáñez Serradornos condujo a una época de la televisión en España en la que solo había dos canales y el medio tenía una capacidad de difusión irrepetible. Fue Serrador un pionero en eso que hoy está tan en boga que se llama hacer "cine para la televisión". Además, dirigió dos largometrajes como La residencia o ¿Quién puede matar a un niño?. Cineasta y personaje carismático, Ibáñez Serrador revolucionó el audiovisual en España con una mirada moderna. Su premio, presentado por las estrellas del fantástico español (Bayona, Vigalondo, Balagueró, Fresnadillo, Cortés y De la Iglesia) fue uno de los mejores momentos de la gala.

Susi Sánchez logró el Goya a la Mejor Actriz Protagonista por La enfermedad del domingo, de Ramón Salazar, un filme hermoso y a veces triste en el que encara un emocionante duelo interpretativo con Bárbara Lennie. Y Carolina Yuste se llevó el primer premio de la noche, el Goya a la Mejor Actriz de Reparto, por su trabajo en Carmen y Lola. También fueron premiadas El silencio de otros, de Almudena Carracedo y Robert Bahar, como Mejor Documental, y Un día más con vida, de Raúl de la Fuente y Damian Nenow, como Mejor Película de Animación.

Seguro que Gaza, mejor cortometraje documental, tiene muchos méritos pero lo de "Israel a Eurovision, no" quedó un poco raro por no hablar de "terrorismo sionista", que es una expresión innecesariamente ofensiva y poco adecuada para una gala de premios. Se puede y debe criticar a Israel, pero insultar sobra. Jamás se puede ni se debe boicotear a una cultura ni castigar a los artistas. Los Goya siempre tienen estas cosas y no es por decirlo: las palabras son importantes.

@juansarda