Javier Fesser durante el rodaje de Campeones.

El director estrena la tierna y divertida Campeones, en la que un entrenador de baloncesto interpretado por Javier Gutiérrez atraviesa el clásico viaje de caída y redención gracias a un equipo formado por personas con síndrome de Down.

Campeones, la nueva película de Javier Fesser (Madrid, 1964), no deja de ser plenamente coherente con el universo de un cineasta que siempre ha sabido encontrar ráfagas de poesía en los márgenes de la realidad. Los discapacitados intelectuales de la película, seleccionados tras un largo proceso de cásting, no están muy lejos de esos personajes de Ibáñez que ha retratado en dos de sus películas más populares, La gran aventura de Mortadelo y Filemón (2003) y Mortadelo y Filemón contra Jimmy el cachondo (2014), en la que ambos inspectores personificaban una parecida mezcla entre inocencia, ternura y una cierta barbarie al no tener mucho filtro. En Campeones vemos la caída a los infiernos de Marco (Javier Gutiérrez), un entrenador de baloncesto profesional que trabaja como segundo instructor del Real Madrid. Tras un episodio violento, cae en desgracia, es despedido y, como los problemas nunca vienen solos, le pillan borracho al volante y, por su grave imprudencia, le toca hacerse cargo de un equipo muy amateur formado por personas con síndrome de Down. Tierna y divertida, Campeones cuenta la clásica historia de caída y redención de un personaje antipático que se rodea de los muy simpáticos discapacitados intelectuales. Premiado con un Goya por Camino (2008), Javier Fesser es totalmente fiel a sus códigos estéticos, muy influidos por el cómic, pero al mismo tiempo logra lo más complicado: que nos caigan bien sus peculiares protagonistas sin caer en lo lacrimógeno.



P.- Da la impresión de que encontrar el tono con el que contar la película era lo más difícil y una vez conseguido, todo fluye con naturalidad. ¿Fue así?

R.- Es mucho más fácil de lo que parece porque proviene de ellos. La última versión del guion está escrita después de un acercamiento profundo a personas con discapacidad intelectual, a sus asociaciones y a sus clubes deportivos. Hubo un cásting muy amplio donde ya escogimos a diez protagonistas. Desde esa experiencia, impagable, de gestos, acciones, miradas y expresiones de tantos de ellos, la película está construida desde la verdad. Y ellos mismos han impuesto el tono, sin preocupaciones de lo que es correcto o incorrecto, pero siempre desde mucha generosidad y mucho respeto. Desde el momento en el que tienes un reparto con personas a las que respetas, las quieres profundamente y sobre todo las admiras, ¿qué peligro puede haber de traspasar ninguna línea?



P.- ¿Ha decidido no mostrar la parte más dramática de las vidas de los discapacitados?

R.- Hay situaciones duras en ellos mismos y en sus familias. Hay verdaderos héroes y heroínas alrededor de la vida de estas personas a las que adoras pero que necesitan mucho tu apoyo y coartan tu libertad. En muchos casos lo interpretan como un regalo porque tiene cosas muy buenas, pero por otro lado no es nada fácil gestionar el hecho de tener un hijo con estas limitaciones. Hay una parte dramática grande.



P.- ¿Distingue a los discapacitados el hecho de no tener filtro a la hora de decir las cosas o expresar sus emociones?

R.- Es uno de los ejemplos de cómo la película se nutre de la realidad. Esto ha sido un rodaje lleno de abrazos. Hay una falta de prejuicio y desinhibición. Me pregunto cómo sería el mundo si todos fuéramos más sinceros y tuviéramos un mecanismo intelectual más simple. El que ve mal desarrolla más el oído y el que tiene una discapacidad intelectual, desarrolla más el corazón. Al final, la capacidad intelectual creo de verdad que está sobrevalorada. Con nuestros hijos nos importan mucho las notas y los resultados académicos, pero nos olvidamos de que luego te haces mayor y lo importante no es haber sido el más listo de la clase sino haber disfrutado mejor de mi vida y estar un poco más contento en general. Eso no tiene mucho que ver con ser más o menos listo. Estas personas tienen mucho que aportar a la sociedad. Hay una carga de humanidad fundamental. Esa mirada tan limpia es muy necesaria. Es una película con la que he aprendido mucho y estoy muy agradecido.



P.- ¿Hay lugares en los que los discapacitados son superiores a nosotros, las personas "normales"?

R.- Muchas veces pienso que hay que ser muy tonto para no querer tener esa mirada, que es más ingenua, pero es más auténtica. Parece que siempre estamos en ese clasificar a la gente en etiquetas y cuando hablas con un discapacitado no sientes eso. Haciendo la película conocimos a Carmela, que al final no pudo salir porque se puso enferma, y el día que quedamos con ella para ficharla nos dijo dos cosas, que si éramos buenos haciendo nuestro trabajo y si nos llevábamos bien entre nosotros. Y esas son preguntas muy inteligentes. Eso es más importante que si tienes crédito en el banco o has ganado cuatro Óscar. Hay una clarividencia emocional asombrosa. Veamos el caso de Paquito: se enfadó con nosotros en el rodaje porque le hice repetir veinte tomas en el mar en el mes de abril, que hacía frío. Al final se cansó y se fue a cenar. Según fui a pedirle disculpas, me vio venir y lo solucionó rápido. Se ahorró el mal rollo.



Hablemos de Marco, el personaje de Javier Gutiérrez. ¿Quería contar una clásica historia de redención y caída?

P.- Lo peculiar es esta pandilla de extraterrestres que se encuentra en su camino y llega a la conclusión de que el extraterrestre es él o por lo menos lo somos todos. Es verdad que discapacidades tenemos todos, más que decir que algunos están diagnosticados y otros no, algunos utilizamos nuestra capacidad intelectual para disimular nuestras discapacidades. Otra lección que me llevó de esta película es que es bonito disfrutar de tus discapacidades y casi hasta presumir de ellas. Las cosas perfectas a mí me aburren bastante.



P.- ¿Es el cabreo, como el que tiene el personaje, el sentimiento que marca el momento actual?

R.- El personaje atraviesa ese momento en el que te defiendes porque sientes que te atacan y estás en el centro de algo. Es ese egocentrismo de pensar que estás en el centro de algo. En ese lugar hemos estado todos. Lo que yo noto en mi vida es que todo es muy complicado y estás allí nadando en el barro. También se puede llegar hasta una especie de inocencia. En este caso, la inteligencia casi va en contra en ese camino de sentirte bien y a gusto con lo que tienes.



@juansarda