Image: Intriga y emoción

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Cine

Intriga y emoción

Se estrena No mires atrás, ganadora de diez Donatellos

Juan Sardá
Publicada
Actualizada

Toni Servillo, en un momento de No mires atrás

Avalada por el éxito de crítica y público, 'No mires atrás', de Andrea Molaioli, ha recuperado el buen cine italiano. Esta vez, desde el género policíaco y desde un rompecabezas criminal protagonizado por Toni Servillo. El suspense está servido.

"Se trataba de utilizar el mecanismo de la intriga para hablar de emociones humanas", repite una y otra vez el italiano Andrea Molaioli sobre su película No mires atrás, ganadora en 2007 de diez Donatellos. No sorprende el éxito de este filme construido sobre fuerzas aparentemente contrarias: a pesar de su tono melancólico y reposado, es también un rompecabezas criminal plagado de personajes secundarios y de pistas tan verdaderas como falsas.

La acción surge cuando el cuerpo sin vida de la joven y bella Anna, de apenas 19 años, es encontrado junto a un lago en una postura inusualmente estética, como si el asesino, después de ahogarla, hubiera decidido crear con ella una escultura. El comisario Sanzio (Toni Servillo) inicia entonces una investigación que lo llevará a descubrir muchos de los secretos de los habitantes de la región, muy equivocados en su convicción de que "lo saben todo los unos sobre los otros", como afirma uno de los lugareños en el filme. "En No mires atrás los personajes mienten todo el rato. El misterio me da igual, en muchos filmes de género negro la gente se comporta de forma lógica según sus intereses o el esquema general del argumento, pero eso no es así en la vida real", explicaba Molaioli a El Cultural en el marco de la Mostra de Valencia. De David Lynch a Dürrenmatt. Un pueblo perdido en las montañas, un cadáver femenino y bello o incluso una leyenda que sobrevuela el relato son elementos que muchos espectadores asociarán a David Lynch y sobre todo a aquella Twin Peaks televisiva. Pero si el trabajo del estadounidense se esforzaba por penetrar en lo más turbio del alma y enfrentando al espectador a su propia fascinación por el mal, Molaioli se decanta por el retrato psicológico puro y duro para realizar una sutil disección sobre nuestra frustrante incapacidad para saber qué piensan incluso nuestros seres más queridos. "Admiro a David Lynch -dice el cineasta- pero para mí el referente fueron las novelas de Friedrich Dürrenmatt, sobre todo aquellas pocas películas que escribió de género negro. A Dürrenmatt los convencionalismos le importaban un bledo. Me fascina, por ejemplo, La promesa, de la que hubo un par de versiones, la más conocida de Sean Penn y Jack Nicholson [la otra la dirigió el español Ladislao Vajda en 1958, titulada El cebo], en la que el asesino muere en un accidente de coche y la investigación se vuelve absurda. Me gusta que suceda lo contrario de lo trillado".

Por ello, que nadie espere subrayados musicales o golpes de efecto. La escena final de la confesión del crimen sorprende por su sencillez formal y su falta de dramatismo: "Para mí, ese momento es exactamente igual de importante que cualquier otro en el filme". Es cierto que, precisamente a la hora de desvelar la respuesta del clásico whodunit (género canonizado por Agatha Christie consistente en encontrar al culpable tras presentar a los sospechosos) es precisamente donde la película resulta quizá menos inspirada al solucionarlo de forma casi sumarial. Lo mejor es dejarse sorprender por la belleza de sus travellings que, partiendo del plano general, dan la impresión de absorber la realidad haciéndose cada vez más cortos y oclusivos para dar inmediatamente paso al siguiente plano general, como si la lente quisiera poner de manifiesto la imposibilidad que la historia quiere dejar patente: o sea, saber qué piensan realmente y sienten los demás.