Image: Daryl Hannah

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Cine

Daryl Hannah

"En Kill Bill 3 hago equipo con mi hija"

Juan Sardá
Publicada
Actualizada

La actriz Daryl Hannah en la Mostra de Valencia

Daryl Hannah ha conseguido lo que prácticamente ninguna estrella de Hollywood ha logrado: ser más conocida por sus películas que por quién es. ¿Por qué, quién es? Es la figura carismática y ambigua de Blade Runner, y aquella sirena de nombre impronunciable (so pena de cargarse la vajilla) de la maravillosa 1, 2,3, Splash, junto a otro mito, Tom Hanks, o la rubia que nos hizo soñar en Roxanne para terminar, de momento, en su apoteósico rol de Kill Bill. Con mirada felina, mentón triangular, una inteligencia que a ratos parece la estupidez de una niña tonta de Los Angeles de 14 años aficionada a la comida orgánica, la ex de John John Kennedy esconde su falange maldita en una manga y se desvela como una mujer frágil, hippie hasta la médula, inteligente como pocas y sumamente audaz. Incluso le perdonamos su "lovely Rita" (por Barberá) de la gala de presentación de la Mostra de Valencia.

P.- ¿Por qué decidió ser actriz?
R.- Cuando era pequeña no tenía muchos amigos y solía refugiarme en mi propio mundo. En ese mundo podía convertirme en otra persona y poco a poco, aislada, en la biblioteca, comencé a leer sobre personas como Judy Garland y este otro universo al que ella podía pertenecer. Desde entonces siempre quise vivir en esa otra realidad que los directores utilizaban y la herramienta siempre fue mi imaginación.

P.- La imaginación siempre ha sido un concepto muy presente en su forma de enfocar el trabajo. ¿Cree que las nuevas tecnologías eliminan la imaginación al dar vida a cualquier delirio?
R.- No, no lo creo. Son una nueva herramienta para utilizar la imaginación. Y sí, la imaginación fue siempre muy importante para mí. Jamás olvidaré mi experiencia en Blade Runner cuando yo tenía 17 años. Esa sensación real de ser mi personaje, de convertirme en otra cuando llegaba al plató y que nadie viera a Daryll Hannah. He revivido esa primera impresión algunas veces, pero jamás de una forma tan plena como entonces.

P.- ¿Hasta qué punto cree que ha jugado el papel de estrella de Hollywood?
R.- Hasta el mínimo posible. Sé que mucha gente sueña con ello pero yo jamás lo vi de esta manera. Para mí siempre fue otra cosa. Creo que la gente tiene tendencia a crear mitologías sobre las cosas, a pensar en conceptos fantásticos. Y la realidad no es así.

P.- ¿Se ha convertido en mejor actriz con los años?
R.- Absolutamente, sí. Creo que ha sido un ciclo en el que empecé bien, continué mal, y he terminado mejor. Para mí, actuar siempre fue algo muy espontáneo y en un momento dado creí que necesitaba una técnica, la aprendí y comencé a utilizarla. Hasta que me encontré con un profesor en Los Ángeles que no decía: "Yo sé todos los secretos..." sino que sacaba lo mejor de mí.

P.- Cuéntenos algo de la tercera parte de Kill Bill.
R.- Si lo hago, Quentin Tarantino me mata. Tuvimos una conversación hace años y no tenía muy claro si iba ser animación o acción real. Lo único que puedo decir es que él espera a que pasen los suficientes años como para que mi hija sea lo suficientemente mayor y podamos hacer equipo.

P.- Su compromiso ecológico es muy fuerte.
R.- Creo que hemos llegado a un punto en el que si no nos convertimos todos en activistas nos quedamos sin planeta. Hay una serie de cuestiones que deberíamos plantearnos ya mismo, por ejemplo, que el sol produce en una hora toda la energía que la humanidad entera con toda su actividad. Por tanto, ¿qué intereses impiden que esa fuente de energía sea aprovechada?

P.- ¿Qué recuerda de su experiencia con María Lidón, alias Luna, en la película Yo, Puta?
R.- Es una mujer muy valiente. Que algunos de sus momentos sean un fracaso no quita ella se arriesgue a hacer cosas nuevas.

P.- ¿Y de su experiencia con Two Much, de Fernando Trueba?
R.- Es una película muy tonta. Recogí siete perros de la calle y cuatro de ellos se los quedaron gente del equipo. Sólo queda vivo uno de ellos, Toto. Lo mejor fue la vitalidad de Antonio Banderas.