Image: Peter Mullan: Me enferma esa imagen que vemos de los trabajadores como de gente gorda e inculta

Image: Peter Mullan: "Me enferma esa imagen que vemos de los trabajadores como de gente gorda e inculta"

Cine

Peter Mullan: "Me enferma esa imagen que vemos de los trabajadores como de gente gorda e inculta"

Este viernes se estrena Neds la comprometida película del director escocés que triunfó en San Sebastián

1 diciembre, 2010 01:00

El propio Mullan interpreta al padre borracho y abusador de John en Neds

No hace falta ser un experto en dicción inglesa para descubrir en seguida que Peter Mullan (1959, Petershead) es escocés. Su acento cerrado y su aspecto bonachón recuerdan inmediatamente a uno de los personajes obreros que tanto le gustan a Ken Loach, y no es casualidad que este actor y ocasional director haya puesto su rostro en filmes del maestro británico como Riff-Raff (1991) o Mi nombre es Joe (1998). Como actor, ahora mismo podemos verle en la exitosa última película de Harry Potter. Sin embargo, el prestigio con mayúsculas le ha llegado a Mullan como cineasta, un oficio que ejerce de tanto en cuanto y siempre con gran éxito. Su debut, Orphans (1997) le dio varios premios en el Festival de Venecia. Con el siguiente, Las hermanas de la Magdalena (2002) ganó el León de Oro en ese mismo certamen y, ocho años después, el pasado septiembre, se alzó con la Concha de Oro en el Festival de San Sebastián con Neds, en la que regresa, como en Orphans, a su Glasgow natal para contarnos la dura, durísima, historia de iniciación de un adolescente en los años 70 que crece a puñetazos en un entorno de represión religiosa y falta de medios económicos agitado por el auge de las pandillas juveniles.

Si en Las hermanas de la Magdalena veíamos a unas monjas irlandesas torturar a unas discípulas atormentadas, en Neds nos encontramos con unos jóvenes sin futuro que subliman su frustración mediante el gamberrismo: "Creo que tanto la clase obrera británica como la escocesa han sido educadas y compelidas a quedarse donde estaban, a asumir su destino con resignación, y la religión ha actuado con frecuencia como elemento represor y al mismo tiempo como magro consuelo. Todo ello crea un cóctel explosivo y me parece comprensible que acabe apareciendo la violencia. No estoy justificando la existencia de las pandillas, pero reflexionando sobre ello he llegado a la conclusión de que al final hay un problema de autoestima que viene dado por esa falta de oportunidades. Y si a eso sumamos, como es frecuente, una familia disfuncional el resultado puede ser desastroso, más en una época como la adolescencia donde uno comienza a vislumbrar lo que podrá ser su futuro. Al final, lo que explota es la rabia".

- Hay una crítica muy directa hacia una educación que divide a los chavales, desde muy pequeños, entre los supuestamente tontos y los supuestamente listos.
- Completamente. Las escuelas británicas dictan a los niños a muy temprana edad lo que se espera de ellos. Sucede todo el rato que a chavales de diez años ya les dicen que se olviden de seguir una carrera académica. Esto se ha suavizado actualmente, pero me marcó muchísimo esa crueldad. No estoy en absoluto de acuerdo en que haya dos tipos de personas, las que pueden pensar y las que son hábiles para hacer cosas con las manos. Es una división artificial.

Neds sigue los pasos de John McGill (interpretado por Conor McCarron), un chaval de 16 años brillante, ambicioso y entrado en carnes que termina siendo devorado por la violencia y la brutalidad del ambiente que lo rodea. Hijo de un padre borracho y abusador (interpretado por el propio Mullan) y hermano de una leyenda juvenil que entra y sale de la cárcel, la mirada del director sobre la clase obrera surge de un profundo descontento con la forma en que ha sido retratada: "Me pone enfermo esa imagen tan frecuente que vemos de los trabajadores como de gente gorda e inculta que no pinta nada en nuestra sociedad. Sólo porque estés gordo no significa que no tengas un corazón, no tengas un alma. Hay un tipo de sátira sobre estas personas que esconde un profundo desprecio de determinadas elites. Vivimos acosados por una propaganda que nos obliga a tener unos trabajos o un aspecto para considerarnos personas. Me rebelo totalmente contra eso", y lo dice con su mismo aspecto de hombre bueno pero sin ocultar su airado disgusto.

- Ofrece una imagen de los setenta bastante terrible. Sin embargo, la estética de las pandillas británicas (zapatos Martin's, vaqueros por la cintura, tirantes etc) es indiscutiblemente atractiva.
- El pasado te permite una perspectiva más objetiva. Esos fueron los años en los que yo viví mi adolescencia. Entonces, se hablaba mucho de Jung y la "muerte de Dios". Para mí, que me consideraba un buen chico católico, esa desaparición fue un trauma. No podía soportar a mi familia ni a mi escuela así que me preguntaba qué me quedaba. Lo viví como un período muy oscuro. Por eso, me sorprende que haya gente que esté fascinada con la estética. Los actores jóvenes estaban encantados con la ropa, me decían: "Es muy cool". Yo no lo entendía.