Image: Woody Allen y la soportable levedad del cine

Image: Woody Allen y la soportable levedad del cine

Cine

Woody Allen y la soportable levedad del cine

Su nuevo filme londinense sigue explorando los caprichos del azar y la pasión

17 mayo, 2010 02:00

Carlos Reviriego (Cannes)

La filmografía del siglo XXI de Woody Allen es desconcertante no sólo porque es muy desequilibrada, sino porque el legendario pesimismo del cineasta aumenta de forma exponencial a la ligereza y el nerviosismo narrativo con que elabora sus películas. Su último filme (¡y van 41!), que se ha presentado fuera de competición en Cannes, You Will Meet a Tall Dark Stranger -la cuarta de entrega de la "fase londinense" del neoyorquino-, es una comedia muy inestable que ahonda todavía más en este desconcierto. Con la voz en off tan propia de sus guiones, la película se abre y se clausura con una cita del Macbeth de Shakespeare que establece el marco existencial del relato: "La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y de furia, que no significa nada". Pues bien, a este convencimiento se aferra el legendario autor de Manhattan como si fuera un clavo ardiendo, y a partir de él proyecta con su habitual agilidad narrativa las historias cruzadas y los volubles personajes de su última fábula pasional que, como viene haciendo desde Match Point, entrega a los caprichos del azar el destino y la felicidad de sus criaturas. Lo suyo ya no es escepticismo, es puro desengaño ante el mundo y la especie humana.

En el descreimiento absoluto en las relaciones sentimentales que exhibe el último film de Allen, triundan la pasión vaporosa y el esoterismo, la traición es moneda común y la institución matrimonial un asunto propicio para la mofa. Los arquetípicos personajes implicados en este cuento de protagonismo colectivo son habituales en su animalario de urbanistas extravagantes: un escritor ególatra y neurótico (Josh Brolin), un hombre angustiado que se niega a envejecer (Anthony Hopkins), una despampanante caza-fortunas (Lucy Punch), una esposa acuciada por el deseo hacia su jefe (Naomi Watts), una mujer mayor que encuentra un nuevo rumbo para su vida gracias a una pitonisa (Gemma Jones), un galerista de intenciones desconcertantes (Antonio Banderas)... El tablero de juego es familiar, por lo tanto, y el modo en que Allen juega con sus fichas coincide en tono y ritmo con las películas de su última etapa, que parecen escritas y rodadas sin aliento, como poseídas por la creación automática.

Este método de trabajo le ha reportado a Woody Allen resultados sublimes (Match Point), brillantes (Whatever Works), mediocres (Vicky Cristina Barcelona), nefastos (Scoop) y, como en este caso, insatisfactorios. Sus criaturas zarandeadas por la pasión y arrastradas por el vértigo de una vida que son incapaces de controlar no encuentran el relieve adecuado para el dispositivo que pone en marcha el filme. Si hay algo de maestría en You Will Meet A Tall Dark Stranger es la que procede del oficio: claridad narrativa en la vorágine de un ritmo atropellado, pequeñas historias que acaban engarzando como un mecanismo de relojería, detalles de caracterización que activan la carcajada. Algunas escenas parecen tan torpes en su resolución como los personajes que las habitan, y aunque no haya nada especialmente memorable en el film y Allen siga reciclando historias, personajes y hasta chistes, persiste la sensación de que detrás del entramado hay una cierta filosofía cinematográfica perfectamente consecuente con el devenir de su obra. En el hoy y el ahora, unos tiempos tan inasibles como propicios para el naufragio, quizá sus películas sólo puedan ser de este modo, obligadas a coexistir entre lo ridículo y lo elevado. Como si el ruido y la furia del cine tampoco significaran nada.