Cine

Scorsese ('Infiltrados') contra Iñárritu ('Babel') en los Oscar

Llega la edición más latina de la historia de Hollywood

22 febrero, 2007 01:00

Jack Nicholson y Brad Pitt, protagonistas de los fimes de Scorsese e iñárritu.

Scorsese puede perder por séptima vez su Oscar o el niño mimado del cine mundial, Alejandro González Iñárritu, sufrir su primer varapalo. Eso, si Eastwood no da la sorpresa. Lo seguro es que la 79 edición de los premios será la más latina de su Historia. Para celebrarlo, el crítico Sergi Sánchez analiza las claves de la noche; Eduardo Mendicutti escribe sobre la nominada y también presentadora Penélope Cruz; reunimos a los dos cortometrajistas españoles candidatos y conversamos con Guillermo del Toro, director de El laberinto del fauno (seis nominaciones).

Este año los Oscar se debaten entre dos polos opuestos. Premiar Babel, que parte como favorita con siete nominaciones, significaría aceptar que Hollywood necesita de los cineastas extranjeros para conservar su presunta frescura creativa. Por el contrario, premiar Infiltrados, que opta a cinco Oscar, supondría ratificar la presencia de los clásicos modernos en una industria que parece vivir de rentas, o lo que es lo mismo, cubrir su cuota de prestigio reivindicando cuando puede a las viejas glorias del Nuevo Hollywood.

Ambas películas, notables pero discutibles, son ambiciosas crónicas sociales de un sistema dislocado por la incomunicación o por la corrupción, de modo que denuncian, cada una a su manera, una realidad que debería cambiar. Ninguna de las dos propone soluciones que no sean la resignación de un abrazo o la venganza infinita. De la pasividad cohesionadora a la acción destructiva, Babel e Infiltrados dibujan un panorama social bastante desolador. Si recordamos que la, por otra parte lamentable, Crash ganó por sorpresa el Oscar a la mejor película el año pasado, está claro el mensaje que nos quiere transmitir la industria de Hollywood: América es un nido de víboras, una bomba de relojería que está a punto de estallar.

éxito del cine mexicano
Mucho se ha hablado del éxito mexicano en esta edición de los Oscar. Las siete candidaturas de Babel, las seis de El laberinto del fauno y las tres de Hijos de los hombres parecen indicadores inequívocos de que algo está pasando en el cine mexicano. ¿Digo inequívocos? Da la sensación que los medios necesitaban encontrar una tendencia para justificar ríos de tinta alrededor de los Oscar. Las tres películas son muestras del talento individual de tres directores que han tenido que emigrar para hacer el cine en el que realmente creían. ¿Eso significa que México sólo puede realizarse como cinematografía en el exterior? ¿Qué aportan, con sus respectivas miradas periféricas, las obras de González Iñárritu, Del Toro y Cuarón al paisaje del cine capitalista? ¿Acaso una mirada política? Babel trata directamente el tema de la inmigración y del miedo al Otro, asuntos que son de candente actualidad en un país gobernado por el odio a lo diferente. Firme candidata al Oscar a la mejor película extranjera, El laberinto del fauno habla, de un modo más lateral, de los monstruos de la sinrazón y la intolerancia, vinculados en este caso con la Guerra Civil española. Hijos de los hombres imagina un futuro distópico donde el estupor del caos vomita su furia en plano secuencia.

Emigrantes ilustres
Hollywood necesita del talento extranjero, pero la Academia no le ha respondido precisamente con generosidad. Ni Fritz Lang ni Jean Renoir ni Alfred Hitchcock, por poner sólo tres ejemplos paradigmáticos de emigrantes ilustres, recibieron ningún Oscar (no contamos los honoríficos). En ese sentido, Babel tiene más posibilidades en la categoría de mejor película que en la de mejor director.

El modo en que González Iñárritu (y su cómplice, el guionista Guillermo Arriaga) victimiza a todos sus personajes, aplicando una especie de democracia de la tragedia que arrasa todo lo que encuentra a su paso, puede seducir a una Academia más complaciente con las desgracias que con las alegrías. Por el contrario, su extremo fatalismo respecto al concepto de globalización puede toparse con las reticencias de los sectores más reaccionarios. Es la séptima vez que está nominado. Las encuestas, las apuestas y los premios-aperitivo indican que, por fin, este será su año. Que ni siquiera Clint Eastwood, con el que vuelve a competir tras el duelo mantenido por El aviador y Million Dollar Baby en el 2005, le robará la estatuilla. Aunque Infiltrados no sea su obra más conseguida, simboliza un cierto regreso a los orígenes, ese espacio imaginario que Hollywood identifica con el territorio Scorsese. O lo que es lo mismo: malas calles, pecados y redenciones, violencia y juegos de máscaras. A Infiltrados no le beneficia su condición de remake de la hongkonesa Infernal Affairs, pero la desmedida energía que irradia, sobre todo gracias al inventivo montaje de Thelma Schoonmaker, puede contagiarse a los votos de los miembros de la Academia, que enmendarían un error imperdonable. Porque Scorsese, uno de los grandes en activo, significa un modo de entender el cine americano. Un cine americano que asumió las reinvenciones del cine europeo explotándolas desde dentro, exportando una nueva identidad sin perder la de su denominación de origen.

Púgiles majestuosos
Así las cosas, Infiltrados engrosa la lista de películas scorsesianas (Uno de los nuestros, Casino, Gangs of New York) que quieren revisar la Historia de América desde el punto de vista de los verdugos, que siguen intentando sobrevivir a uno y otro lado de la ley. Detrás de estos dos púgiles majestuosos, se ha colado una diminuta película "indie" armada con un buen par de guantes. Little Miss Sunshine cuenta con el apoyo del Sindicato de Actores, que son mayoría en el censo de la Academia.

La simpatía que despierta el filme de Jonathan Dayton y Valerie Faris no deja de ser significativa de la aceptación que el calificativo "independiente" provoca en las salas de reuniones de los ejecutivos de Hollywood, sobre todo cuando la película en cuestión defiende los valores de la familia unida (aunque disfuncional: aquí tenemos incluso a un abuelo yonqui) según los patrones tranquilizadores de un típico producto Disney. Sería sorprendente que la ligereza de Little Miss Sunshine se impusiera a la gravedad de Babel o a la grandeza de Infiltrados, pero, queda dicho, parece haber consenso en las sonrisas amables que estimula esta amable road movie. Y si hablamos de consenso, la 79ª edición de los Oscar tiene dos nombres femeninos que cuentan con todos los aplausos: Helen Mirren y Jennifer Hudson. La primera como actriz principal en The Queen y la segunda como actriz secundaria en Dreamgirls (película que, con ocho nominaciones, se perfila como gran perdedora de la gala) casi pueden sentir el peso del Oscar en sus vestidos de noche. La enorme Penélope Cruz, candidata por Volver, tiene escasas posibilidades, aunque su carrera americana ya está recogiendo sus frutos: Woody Allen ya le espera en Barcelona con ropa veraniega.

LO MEJOR Y LO PEOR DE LAS FAVORITAS

La solución salomónica de los Globos de Oro (Mejor Película para Babel y Mejor Director para Scorsese) podría repetirse en los Oscar ya que ambos filmes parten en una posición muy igualada. Por una parte, los académicos saben que le deben un reconocimiento al director neoyorquino, pero por la otra lo cierto es que su Infiltrados es un filme de género, y los ganadores en esta categoría han sido poquísimos. Por la otra, Babel es un melodrama comprometido, más al gusto habitual, pero Alejando González Iñárritu es mexicano. ¿Habrá cambalache?