Cine

Capote

Director: Bennet Miller

23 febrero, 2006 01:00

Phillip Seymour Hoffman es Truman Capote

Intérpretes: Phillip Seymour Hoffman, Catherine Keener / Guionistas: Dan Futterman (Basado en Capote, de Gerald Clarke). Estreno: 24 febrero 98 min.

El cine y sobre todo la literatura tienen una deuda considerable con el escritor norteamericano Truman Capote, aunque sólo sea por ser el autor de dos novelas que se convirtieron en su momento en dos excelentes películas, A sangre fría y Desayuno en Tiffany’s. La película que ahora se estrena con su apellido como título está a la altura tanto de su obra como de su personalidad. El director Bennett Miller, como el libro de Gerald Clarke en el que se inspira, no plantea un repaso exhaustivo a la peripecia vital de Capote, un biopic convencional de aquel complejo individuo que debutó con la novela Otras voces, otros ámbitos a la edad precoz de 23 años y se definió a sí mismo en uno de los ensayos de Música para camaleones con la elocuente afirmación: "Soy alcohólico, soy drogadicto, soy homosexual, soy un genio". Por suerte, se limita a ser el relato detallado de uno de los momentos trascendentales de la existencia de este creador carismático que practicó la novela y el periodismo y llegó a fundir ambos géneros en una simbiosis que transformó la manera de entender una y otro y cuyos efectos perviven todavía.

Capote comienza cuando el escritor recorta la noticia de la muerte violenta de la familia Clutter en una pequeña localidad de Virginia, detonante de lo que después sería su novela A sangre fría, y concluye varios años después, con el libro ya terminado. Entre medias queda un magnífico retrato del ser sofisticado, afectado, desbordante de contradicciones emocionales, profundamente egoísta y enamorado, más que pagado, de sí mismo que debió ser Truman Capote. Podría definirse también como una especie de "así se hizo" de este libro innovador, calificado por el propio autor como la primera "novela de no ficción", que marcaría un antes y un después en la literatura narrativa del siglo XX, llevado al cine con excelente criterio por Richard Brooks en 1967.

Entre los aciertos evidentes de la película del debutante Miller destaca la interpretación del superlativo actor Philip Seymour Hoffman, fascinante ejercicio de equilibrio entre el desgarro interior del personaje y la barroca exteriorización de sus ademanes amanerados, la encarnación paradójicamente austera de su proverbial coquetería, incluso en privado, de su afectada forma de hablar o su desenvoltura desbordante en las reuniones sociales, una precisión que sintetiza en buena medida el espíritu de la película, ante todo un estupendo esfuerzo de contención para mostrar la faceta más íntima de circunstancias y comportamientos decididamente excesivos, espejo perspicaz del personaje de Capote, humilde y tenaz en su búsqueda de la verdad, en la relación con los testigos más cercanos a la tragedia, comprensivo y ambiguo con los dos asesinos, con los que llega a establecer, con uno de ellos en especial, una compleja identificación, e inconmensurablemente egocéntrico en su intensa vida social en los círculos más distinguidos.

No cae tampoco la película en la trampa de llenar la pantalla de imitaciones de los personajes famosos que solía frecuentar, apenas la presencia entrevista del fotógrafo Avendon, algún chascarrillo sobre Marilyn Monroe, verdaderamente jugoso y revelador tanto de la personalidad de la actriz como del escritor, además de la presencia capital de la novelista Harper Lee, interpretada con solvencia por Catherine Keener, autora de la memorable novela Matar a un ruiseñor, que acompañaría a Capote en los inicios de la investigación para su libro, que acabaría convirtiéndose también en un viaje al fondo de sus propios fantasmas.