Image: 2001, una odisea del espacio

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Cine

2001, una odisea del espacio

Stanley Kubrick en DVD

25 noviembre, 2004 01:00

2001, una odisea del espacio

La Filmoteca de El Cultural entrega hoy por sólo 8,95 euros el DVD 2001, una odisea del espacio (1968), la obra maestra por excelencia de Stanley Kubrick. Clásico por antonomasia de la ciencia-ficción, el filme conduce al espectador a un hipnótico y fascinante viaje por los confines del universo y por la historia pasada y futura de la evolución humana.

No es ningún secreto que la ambición artística más preciada de Stanley Kubrick era producir la obra perfecta que hiciera del cine una expresión creativa con entidad propia. Aunque no estaba seguro de que semejante empresa fuera realmente posible, su inexistente humildad no impidió que en algún momento después del estreno de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú se instalara en su mente la idea de que quizá él estaba llamado a conquistar esa independencia, que él podía hacer del cine un arte con sus propias reglas y no una mera suma de las formas tradicionales de creación. El hombre y su lugar en el cosmos era quizá el mejor territorio que Kubrick pudo escoger para conseguir, aunque parcialmente, su objetivo.

La llegada del sonoro le había hecho un flaco favor al cine en su camino hacia esa mayoría de edad, aseguraba Kubrick, convencido de que a partir de entonces los hallazgos visuales alcanzados por el cine mudo súbitamente dejaron de ser necesarios. No es de extrañar entonces, que de los 140 minutos de metraje de 2001, una odisea del espacio, sólo 40 de ellos tengan diálogo, que imagen y audio formen un todo inextricablemente unido -como el tiempo y el espacio en la Teoría General de la Relatividad- con la intención de crear una "experiencia visual no verbal" (Kubrick dixit), una alegoría filosófica que penetrara en el subconsciente del espectador tal y como hace la música, fundada en la abstracción y en el estímulo sensorial . La máxima de McLuhan -"el medio es el mensaje"- alcanzó su pleno significado con 2001.

La madurez del cine
Ambiciosa y audaz hasta la médula, por tanto, y más propia de las salas de arte y ensayo que de las comerciales, 2001, una odisea del espacio (1968) no sólo aportó madurez al género de la ciencia-ficción (una vez abierta la ventana a la reflexión intelectual nunca volvería a ser el mismo), sino que tambien contagió esa madurez a las propias limitaciones del cine, conquistando una masa de público totalmente impensable entonces como ahora para un filme de esas características. El mundo, sin saberlo, estaba preparado para digerir y disfrutar de la historia pasada y futura de la evolución humana -de simio a niño astral- que proponían Kubrick y el co-guionista Arthur C. Clarke (en cuyo relato El centinela hay que buscar la génesis de la película). El hombre estaba preparado para reflexionar sobre su propia finalidad y existencia a través del espectáculo del cine.

En aquellos años de explosión tecnológica, cuando Estados Unidos y la Unión Soviética disputaban una enfebrecida carrera espacial por ser los primeros en pisar la Luna, Kubrick depositó las conquistas de la película en unos efectos especiales desarrollados en estrecha colaboración con la NASA. El reto de adentrar al espectador en la infinitud, belleza y misterio del cosmos sólo era posible presentando el universo como si nunca hubiera sido visto. Un espectáculo tan hipnótico como el conseguido, cuya simbología todavía da lugar a infinitud de interpretaciones, fue recibido con entusiasmo tanto por científicos como por los gurús de la psicodelia, que vieron en la película "el último viaje" (de ácido), frase promocional con la que se distribuyó.

Inevitablemente, 2001, una odisea del espacio fracasa en el territorio humano (todo lo contrario que Solaris, de Tarkovsky), pero alcanza la gloria en el estadio cósmico. Nunca el silencio del universo ha vuelto a ser tan aterrador, el baile de los planetas tan armonioso, los hombres tan insensibles ni las máquinas tan humanas. Según Kubrick, el destino del hombre, determinado por la aparición espontánea de los monolitos, es aniquilar su propia creación tecnológica. Las máquinas adquirirán emociones, vida artificial, y se rebelarán contra el hombre. Sólo cuando éste venza la batalla -de la que cada día estamos más cerca, si no ha empezado ya-, cesará su búsqueda metafísica. Hoy sabemos que 2001, una odisea del espacio es lo más cerca que estuvo Kubrick de la obra perfecta por la que suspiraba. No sin cierta ironía, se atrevió a decir: "La película es la definición científica de Dios". ¿No se referiría al dios detrás de la cámara?


Detrás de la pantalla
-El filme, producido por la MGM, contó con un presupuesto de 10.500.000 dólares, y se rodó del 29 de diciembre de 1965 al 7 de julio de 1966.
-El monolito iba a ser un tetraedro, luego se probó con un cubo y también con un prisma rectangular, pero todas estas figuras dieron problemas de iluminación.
-Una de las primeras versiones del guión incluía voz en off narrativa, de la que Kubrick al final decidió prescindir.
-Kubrick bautizó el ordenador como HAL porque son las letras inmediamente anteriores a IBM en el abecedario.
-Arthur C. Clarke dijo tras el estreno: "Si alguien entiende la película en el primer visionado, es que hemos fracasado".