Ciencia

Agua y cielo, se desatan los elementos

Manuel Lozano Leyva escribe sobre las consecuencias del cambio climático

Manuel Lozano Leyva
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Rayo en San Vicente de la Barquera (Cantabria). Del libro Atlas de nubes y meteoros. Foto: J.A. Quirantes

El agua como bien escaso y la vigilancia del tiempo para proteger vidas y bienes serán este viernes y sábado, Día Mundial del Agua y Meteorológico Mundial respectivamente, los centros de debate en ámbitos políticos y científicos. Manuel Lozano Leyva, catedrático de Física Atómica de la Universidad de Sevilla y autor de El fin de la ciencia, analiza sus conexiones.

Hoy se celebra el Día Mundial del Agua y mañana el de la Meteorología. Estamos tan acostumbrados a este tipo de celebraciones que a veces podemos considerarlas superfluas. Y no lo son. Fijémonos por ejemplo en los temas que definen cada uno de estos días. El primero es Cooperación Internacional en la Esfera del Agua; el segundo conmemora los 50 años del programa de la Vigilancia Meteorológica Mundial. Sólo con eso nos percatamos de estar ante problemas que afectan a toda la humanidad. También podría parecer que se les dedican días distintos porque son asuntos muy diferentes pero la relación entre ellos es tan estrecha que puede ser decisiva.

En lo que se refiere al agua, hay que tener en cuenta que hablamos de un bien escaso a repartir entre cada vez más gente. Veamos con un poco de detalle lo de la escasez. Sólo el 3% del agua de la superficie terrestre es dulce. De ese porcentaje el 68,7% está en las capas de hielo, en los polos y en los glaciares. El resto es agua subterránea o se acumula en lagos y pantanos. Los ríos apenas llevan el 2% de la anterior, o sea, el 0,006% de toda el agua dulce. Lo que garantiza en buena medida una afluencia constante de agua son los deshielos, porque alimentados solo con las lluvias los ríos desaguarían en el mar en muy poco tiempo. Y es esto lo que une el agua al clima.

El agua es esencial para tres asuntos: saciar la sed (los humanos no resistimos más de tres o cuatro días sin beber), la salubridad y la producción de alimentos. El consumo va en ese orden, pero mientras que los dos primeros exigen agua corriente, el tercero, que es el que más agua necesita, permite soluciones eficientes. La producción de un kilo de carne necesita decenas de miles de litros de agua y una naranja centenares de litros. Es más fácil transportar carne y naranjas producidas en zonas húmedas que producirlas en zonas secas. En un mundo tan instantáneamente comunicado como el actual, una voluntad decidida de cooperación internacional permite entrever soluciones globales a los posibles problemas de abastecimiento de agua dulce. Hoy es ya un problema político internacional más que tecnológico. Salvo que el cambio climático altere la dinámica hídrica mundial.

Distingamos antes que nada tiempo de clima. El tiempo meteorológico es el conjunto de fenómenos atmosféricos actuales y previstos para unos pocos días en una zona pequeña del planeta como puede ser España. Es de lo que se informa en los telediarios. El clima es lo mismo pero referido a siglos, incluso milenios, y a zonas geográficas tan grandes que son buenas porciones del planeta. Un cambio climático obviamente influirá en el tiempo, pero deducir lo opuesto por cambios en este último es muy aventurado.

¿Hay o no hay cambio climático? No se sabe con certeza, pero de lo que ya no se discute es de que hay un calentamiento global. Es casi seguro que éste se deba a los gases expelidos masivamente por la humanidad. Y es muy probable que este calentamiento dé lugar a un cambio climático.

La industrialización se ha basado en el proceso químico de la combustión de carbón, gas y petróleo. Eso supone un aporte a la atmósfera de gases que provocan el llamado efecto invernadero. La Tierra recibe del Sol una potencia energética de 341 vatios por cada metro cuadrado (W/m2). Para que esté en equilibrio térmico, como debe ser, debería radiar al exterior la misma cantidad. Sin embargo, la presencia de esos gases lo impide en una pequeña medida (hacen que quede atrapado apenas 1 W/m2) pero pertinazmente. Esto ha hecho que la temperatura del planeta haya aumentado más de medio grado en el último siglo. Puede parecer poco, pero la Tierra es un sistema homeostático, es decir, como nuestro propio cuerpo, que en un día de playa estemos en el agua, tomando el sol o en el chiringuito siempre está a 36,5 grados. Si sube es que tenemos fiebre.

La atmósfera es un sistema altamente inestable que, ante ese calentamiento global, puede reaccionar de cinco maneras. La respuesta lineal es que a más gases expelidos, más cambio climático. Esto es bueno, porque significaría que si dejamos de contaminar el aire podríamos paliar el cambio. La segunda posibilidad es la respuesta desacoplada: que el cambio climático no tenga nada que ver con nuestra acción. La tercera es la respuesta retardada: la contaminación que hemos provocado desde la revolución industrial apenas ha originado cambio climático, pero de repente éste se manifiesta con fuerza. La cuarta es el efecto umbral, o sea, que hay desacople hasta que llega un momento en que se desencadena todo con más virulencia que en el caso anterior. Por último está la posibilidad de que aunque dejemos de contaminar, el clima tardará mucho tiempo en adaptarse a las nuevas y más favorables condiciones.

Piénsese que de las cinco posibilidades (no hay más) cuatro de ellas son peligrosas o muy peligrosas, por lo que frivolizar sobre el cambio climático es de una irresponsabilidad casi demencial, sobre todo porque afectaría globalmente a toda la humanidad. Se podría pensar que no es necesariamente negativo que se pueda cultivar en Groenlandia o que llueva copiosamente en el Sáhara. Pero si se piensa mejor, se concluye que eso es una fruslería enorme debido a mil razones, y una de las principales es justo la del abastecimiento del agua. Si el cambio climático provoca que los glaciares se fundan y viertan al mar, el nivel de éste subirá en todo el planeta. Una gran cantidad de las ciudades más populosas del mundo verían irrigados sus terrenos con agua salada. Habría que suministrarles agua masivamente. ¿Cómo? Consumiendo mucha más energía de la que disponemos para el transporte de agua líquida o en forma de alimentos. Y esto es solo un aspecto del problema en un marco más que probable de derrumbe de la economía mundial.