Image: El Hubble resiste

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Ciencia

El Hubble resiste

El Atlantis inicia la última misión al telescopio espacial

Diego Quintana
Publicada
Actualizada

Foto: NASA

Aunque sus años están contados el telescopio Hubble aún puede presumir de nuevas revisiones. La NASA, tras un primer aplazamiento provocado por problemas técnicos, pretende lanzar en febrero la misión STS-125 del transbordador Atlantis, quinto y último proyecto de reparación y mejora del ingenio espacial que prolongará sus trabajos al menos hasta 2013. El Cultural repasa la importancia del Hubble para conocer el Universo, sus aportaciones actuales y el papel del Endeavour en la misión.

Una anomalía técnica ha provocado el aplazamiento del despegue. El retraso tiene carácter indefinido, pero responsables de la NASA confían en que la misión pueda llevarse a cabo en febrero. Ese mes se lanzará desde el Centro Espacial Kennedy (Florida) la quinta y última misión de reparación y mejora del Telescopio Espacial Hubble. Los siete astronautas a bordo del transbordador Atlantis tendrán el honor de despedirse del primer telescopio en orbitar la Tierra, y del que está considerado como uno de los proyectos científicos que más ha contribuido al conocimiento del Universo que nos envuelve. Su vida útil se prolongará al menos hasta 2013 y la NASA asegura que sus prestaciones serán 90 veces más potentes que cuando fue lanzado hace 18 años. La misión durará once días y será compleja y arriesgada. Los planes de la agencia espacial incluyen una misión de rescate preparada ante cualquier imprevisto.

Desde su puesta en órbita terrestre el 24 de abril de 1990, en un trabajo de equipo entre la NASA y la Agencia Espacial Europea (ESA), las imágenes de alta resolución del Hubble han proporcionado información impagable para la ciencia espacial y para deleite de los astrónomos de todo el mundo. A través de sus ojos se han observado alrededor de un millón de cuerpos celestes. Para hacernos una idea, el ojo humano puede ver a simple vista cerca de 6.000 estrellas. Del Hubble es el mosaico de fotografías tomadas a un pedazo del cielo a lo largo de cinco meses, entre 2003 y 2004, que capturó la imagen más profunda que disponemos del Universo obtenida con luz visible: el llamado Campo Ultra Profundo (HUDF). Algunas de las luces que el Hubble captó del HUDF, provenientes de unas 10.000 galaxias, llevan viajando 13.000 millones de años, nacidas apenas 800 millones de años después del origen mismo del Universo. "Hemos visto lo que sería la infancia del Universo. Su sala de cunas", señala Dave Leckrone, uno de los científicos del observatorio de la NASA. Es decir, este telescopio de 13,2 metros de longitud y cuyo principal espejo apenas mide 2,4 metros de diámetro nos situó con sus 'clics' a tiro de piedra del Big Bang. Toda una hazaña. Pero muchísimos más han sido sus éxitos en estos 18 años. El telescopio espacial Hubble nos permitió conocer la edad del Universo; ayudó a determinar cómo nacen los planetas; nos brindó las primeras imágenes del nacimiento de una estrella y de la muerte de otras; ofreció pruebas de la existencia de los agujeros negros y de que es posible que se encuentren en el núcleo de muchas galaxias, y confirmó que los quásares son núcleos galácticos alimentados por estos enigmáticos fenómenos.

Asimismo, nos sirvió pruebas de que la expansión del Universo se está acelerando. Y suyas fueron las espectaculares fotos del cometa Shoemaker-Levy 9 impactando contra Marte. "Desde que Galileo apuntó su telescopio hacia el cielo en 1610, nada ha cambiado tanto nuestro entendimiento del Universo como el despliegue del telescopio espacial Hubble", expresó la agencia norteamericana. Galaxias, nebulosas, materia oscura, estrellas, planetas, cometas, asteroides, anillos, gases y destellos son sólo algunos términos con los que se familiariza cada día este incansable explorador interestelar que da una vuelta completa a la Tierra cada 96 minutos -a 8 kilómetros por segundo- y que el pasado agosto consumó su órbita número 100.000 a nuestro planeta. Habrá quien se pregunte el porqué de un telescopio en el espacio. La razón estriba en que su presencia más allá de la atmósfera sortea varios elementos que obstaculizan su tarea: turbulencias atmosféricas, factores meteorológicos como nubes y polvo, y contaminación lumínica.

Reparaciones en el espacio
A pesar de sus éxitos, la historia del Hubble ha estado salpicada de contratiempos que a poco fulminan su futuro. El primer gran problema surgió tras su puesta en órbita, a unos 600 kilómetros de la Tierra. La NASA y la ESA vieron consternados cómo las primeras fotos del Hubble llegaban sin nitidez. Un defecto en la forma del espejo primario provocaba la borrosidad. Según la ESA, el error era de apenas una decimoquinta parte del espesor de un cabello humano, pero lo suficiente para arruinar sus prestaciones. Para subsanar el problema y corregir la 'miopía' al telescopio, se envió en 1993 la primera expedición tripulada, que adosó una carcasa de corrección óptica al espejo. Los ingenieros y astrónomos suspiraron aliviados al ver las fantásticas imágenes tras el arreglo. El Universo se abrió ante ellos.

Pero el Hubble tuvo que recibir otras visitas de mantenimiento, reparación e instalación de nuevos equipos en 1997, 1999 y 2002. En 2004 falló el espectrógrafo de rayos ultravioleta (STIS) del telescopio, que permitía conocer la distancia y la composición química de las galaxias lejanas. En 2006 se estropeó la cámara avanzada de rastreo (ACS), instalada en 2002, que pudo ser arreglada desde tierra al cabo de unos días. El ACS es el instrumento de observación más potente del Hubble, compuesto de tres cámaras electrónicas que escudriñan el cielo detectando la luz desde el ultravioleta hasta el infrarrojo cercano. Desgraciadamente, en enero de 2007 un cortocircuito averió las tres cámaras del ACS aunque una de ellas, la SBC, pudo ser reparada. La utilidad del telescopio se vio de nuevo comprometida. Aún así, la cámara y espectrómetro multi-objeto del infrarrojo cercano (NICMOS), la cámara planetaria y de gran angular (WFPC2) y el sensor de guía fina (FGS) siguen funcionando a pleno pulmón y aportando valiosa información científica con sus espectaculares fotografías. Por otra parte, los transbordadores aprovechan sus visitas al telescopio espacial para trasladarlo a una órbita ligeramente más elevada y corregir así los efectos de la atracción gravitacional de la Tierra, que frenan el instrumento y lo aproximan a la atmósfera.

La catástrofe del Columbia
No obstante, el incidente que ya había puesto definitivamente en peligro la supervivencia del Hubble fue la explosión del transbordador Columbia en 2003 cuando regresaba de una misión a la Estación Espacial Internacional (ISS). El impacto durante el despegue de un trozo de espuma aislante de la nave contra el fuselaje fue el causante. Los técnicos no dieron importancia al hecho hasta que al reentrar a la atmósfera el aparato se desintegró y se llevó la vida de sus siete ocupantes. Las misiones con los transbordadores fueron suspendidas, incluida la que se había previsto de reparación y mejora del Hubble, y que había sido asignada para 2005.

Tras un largo debate interno en el seno de la NASA, la agencia espacial perfeccionó sus sistemas de inspección y reparación en órbita, marcó el año 2010 como año de caducidad y recambio de los transbordadores, y retomó las misiones. Pero la del Hubble no parecía una prioridad en vista del relativo riesgo y del alto coste que requería la empresa. La llegada de Michael Griffin a la dirección de la NASA decantó definitivamente la balanza a favor del telescopio espacial, siempre velando por la seguridad de sus astronautas. "Creo que el servicio del Hubble representa la máxima prioridad para la utilización de una misión única del transbordador, si es que técnicamente la podemos realizar", declaró Griffin.

La misión STS-125 del Atlantis, tras sufrir un aplazamiento por una anomalía técnica, pretende despegar en febrero y regresar a la Tierra once días después. Su objetivo es capturar al tercer día el Hubble con un brazo robot y colocarlo en una plataforma de trabajo en el exterior de la bodega de carga del transbordador. Después, serán necesarios hasta cinco paseos espaciales, no exentos de riesgo, para intentar reemplazar los giróscopos y las baterías del ingenio orbital, todos renqueantes.

Rayos ultravioleta
Se sustituirá la ACS por una nueva cámara principal, la WFC3, mucho más potente -podremos ver estrellas a 13.400 millones de años luz-, y la STIS por un nuevo espectrógrafo de rayos ultravioleta, el COS, mucho más sensible. También será renovada por última vez la manta de aislamiento exterior del aparato orbital, expuesta a los embates diarios del frío y el calor en el espacio. Para hacernos una idea de lo complejo de la operación baste decir que para retirar una placa averiada del STIS los astronautas deberán desenroscar 111 pequeños tornillos. Con guantes de astronauta. Otra de las cuestiones que preocupan a la NASA es el riesgo de que el Atlantis pueda sufrir un "daño catastrófico" por el impacto de micrometeoritos o residuos orbitales, más abundantes a la altitud del Hubble, según John Shannon, director del Programa de Transbordadores. Aunque las posibilidades de un accidente son muy pequeñas, Shannon precisó que las estimaciones de riesgo para la STS-125 son de 1 en 185 mientras que las de los vuelos a la ISS suelen ser de 1 en 300. Pero si todo va como se espera, el resultado final de las operaciones será un telescopio espacial 90 veces más potente que en 1990. El Hubble seguirá, al menos cinco años más, adentrándose con sus fotos en los confines del tiempo y el espacio. Será su último legado a la Tierra.

Su canto de cisne.

...Y el Endeavour a la ISS

El transbordador Endeavour aguarda, también en el Centro Espacial Kennedy, para partir a la Estación Espacial Internacional (ISS) en noviembre en la misión STS-126. Pero antes, la nave y su tripulación deberán estar preparadas en caso de que fuera necesaria una misión de rescate de los astronautas del Atlantis (en la imagen). Y es que, en caso de que los tripulantes de la STS-125 sufrieran algún problema grave, no podrían refugiarse en la ISS. Su órbita está a 340 km de la Tierra y la del Hubble a 600. Son distancias insalvables ya que el transbordador no puede llevar combustible suficiente para semejante cambio de trayectoria.