Image: Marte resurge con la Phoenix

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Ciencia

Marte resurge con la Phoenix

La NASA retoma las misiones al Planeta Rojo

26 julio, 2007 02:00

Recreación artística de la cápsula Phoenix en el momento de su llegada a Marte

La próxima semana comenzará la cuenta atrás para la cápsula Phoenix, que tendrá como objetivo explorar la existencia de vida en el polo norte de Marte. Continuará las misiones del Sojourner en 1997 y Spirit y Opportunity en 2004. Los investigadores Carlos Briones y Olga Prieto, del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA) analizan para El Cultural los pormenores de la misión y su importancia para la NASA.

Nos encontramos ante la tercera misión que intenta llegar al polo norte de Marte, un objetivo muy ambicioso y largamente deseado. Tras años de duro trabajo los equipos de ingenieros y científicos de la NASA consideran resueltos los problemas de los dos fallidos intentos anteriores. Así, una nueva misión de exploración planetaria, la Phoenix, ha resurgido de entre las cenizas con un cometido fascinante: verificar la presencia de agua en el suelo marciano y la posible existencia de condiciones compatibles con la vida en latitudes altas del hemisferio norte. Con ella se inaugura una serie de misiones denominadas scout, que se caracterizan por su relativo bajo coste, una notable innovación tecnológica, y por estar diseñadas para ir acumulando la información necesaria para el siguiente "salto": la exploración de Marte por seres humanos.

Hasta la fecha, las misiones que se han posado con éxito en nuestro planeta hermano lo han hecho en regiones relativamente cercanas a su ecuador. Las pioneras Viking 1 y 2 amartizaron en 1976, y entre las siguientes cabe destacar la Mars Pathfinder en 1997 y los dos Mars Exploration Rovers, el Spirit y el Opportunity, que llegaron al planeta rojo en 2004 y aún siguen activos en su superficie. Estos robots de exploración in situ han resultado muy provechosos científica y tecnológicamente, y todos ellos se han inscrito en el lema que durante las últimas décadas ha animado la investigación de la NASA en Marte: "siguiendo al agua". Como ejemplo de ello, uno de los logros recientes ha sido el descubrimiento de evidencias mineralógicas de la presencia de agua líquida en la superficie de Marte hace unos cuatro mil millones de años. La detección directa de minerales como hematites o sulfatos hidratados, cuya formación implica la presencia de agua, ha demostrado lo que indirectamente se venía sospechando a partir de las numerosas imágenes de las sondas espaciales, que mostraban cañones, señales de escorrentía y estructuras parecidas a los cauces secos de los ríos de la Tierra. Esto ya lo intuyó Percival Lowell en el siglo XIX, aunque su espíritu romántico le hiciera atribuir las formas que veía por su rudimentario telescopio a canales artificiales construidos por una civilización avanzada tecnológicamente, en vez de a flujos naturales de líquidos producidos durante épocas pasadas con clima mas benigno.

Terrenos poligonales. No se ha escogido amartizar en el ártico marciano por mero capricho. La sonda espacial Odyssey detectó en 2002 una gran concentración de materiales con hidrógeno bajo la superficie de ambos polos, lo que se interpretó como la presencia de hielo de agua en dichas latitudes. Además de este dato espectroscópico, se han observado multitud de rasgos morfológicos que indican la presencia de hielo de agua en las llanuras árticas. Quizá el ejemplo más claro es el patrón de terrenos poligonales detectado frecuentemente, con estructura análoga a los que encontramos en territorios periglaciares de la Tierra.

Los terrenos poligonales terrestres se forman por el cambio de fase del agua, de sólido a líquido, que ocurre cuando en la estación cálida el suelo congelado alcanza temperaturas más altas. ¿Podría estar ocurriendo esto en Marte bajo su superficie? Y, si es así, ¿podría ese agua líquida mantener o haber mantenido la vida en el planeta rojo? Por ello, una nueva misión al polo norte de Marte resultaba esencial para la NASA. Tras casi una década de preparación, Phoenix se lanzará, desde Cabo Cañaveral y a bordo de un cohete Delta II, durante el período propicio comprendido entre el 3 y el 24 de agosto de este año. La cápsula realizará un viaje de diez meses y tiene previsto amartizar a finales de mayo de 2008.

Durante el descenso, que se espera efectuar en condiciones suaves gracias al frenado mediante retrocohetes, una cámara irá tomando imágenes de las desoladas llanuras árticas del planeta. Una vez en la superficie, tras realizar las comprobaciones oportunas y desplegar los paneles solares del robot explorador, un conjunto de instrumentos científicos instalados en su plataforma permitirán estudiar la historia del agua subsuperficial y determinar si el suelo marciano puede ser en la actualidad, o pudo ser en el pasado, un ambiente propicio para la vida. El equipamiento científico que lleva Phoenix es muy completo: un brazo robótico para escarbar en la superficie, recoger muestras de suelo y de hielo, y depositarlas en otros instrumentos de análisis; una cámara sujeta al brazo con la cual tomar imágenes de los materiales extraídos; una cámara estereoscópica para que el robot pueda ubicarse y provea a los científicos del contexto geológico en el que está realizando los análisis; un analizador térmico y de gases incluidos en el suelo; un sistema de análisis de la conductividad y propiedades electroquímicas del suelo, que incluye además un microscopio, una estación meteorológica para registrar el clima de la región usando termómetros, barómetros, sensores de velocidad del viento, y analizadores del polvo atmosférico.

Formación de biomoléculas. La probable constatación directa de la presencia de agua en Marte permitirá comenzar a buscar vida, ya que el agua es fundamental para la vida tal como la conocemos. De hecho, los requerimientos mínimos para la vida son agua en estado líquido, una fuente de energía y la presencia de los elementos químicos necesarios para formar biomoléculas. Todo lo demás es accesorio, como los avances en la investigación sobre vida en condiciones extremas han demostrado: existen microorganismos extremófilos capaces de vivir por debajo de -20ºC, a más de 110ºC, en aguas con extrema acidez o alcalinidad, en lugares con altas dosis de radiación, a presiones de cientos de atmósferas, en rocas a varios kilómetros de profundidad bajo el suelo, así como en presencia de metales pesados o compuestos químicos tóxicos para otras especies.

¿Agua extra solar? El hecho de que estos tipos de vida sean posibles en diferentes entornos de nuestro planeta hace más probable que la vida pueda existir también en la superficie o en el subsuelo de Marte. Independientemente de las condiciones físico-químicas del planeta rojo, con energía, agua líquida y una química suficientemente rica puede desarrollarse la vida. A este momento trascendental para la astrobiología también contribuye el reciente descubrimiento del primer planeta extrasolar con vapor de agua en su atmósfera. El nombre del planeta es HD189733b, y es un "Júpiter caliente" situado a 63 años luz de la Tierra. Su temperatura ronda los 700º C, por lo que el agua estará siempre en fase gaseosa y la vida en él sería imposible.

Esperamos resultados importantes de la misión Phoenix, así como de las siguientes sondas a Marte que se lanzarán en los próximos años. Además, la búsqueda y caracterización de planetas extrasolares nos reserva grandes sorpresas. Con ello, tal vez podamos comprobar que tanto dentro como fuera de nuestro sistema solar existen muchos ejemplos de planetas -y satélites- con agua en forma de hielo, de gas, e incluso mantenida en fase líquida durante períodos suficientemente largos. Tales hallazgos nos confirmarían que la Tierra no es un planeta excepcional sino que en el cosmos existen millones de lugares propicios para la aparición de la vida. por Carlos Briones / Olga Prieto

Misión a 70 grados norte. "Será la primera vez que estemos en en el polo norte marciano. Se trata de una misión excitante". Con estas palabras, Doug McCuistion, director del Programa de Exploración de Marte de la NASA, anunció el próximo lanzamiento de la cápsula Phoenix, que intentará, con un presupuesto de 420 millones de dólares, estudiar la existencia de agua y trazas de vida en el llamado Planeta Rojo. El lanzamiento, cuyo periodo propicio se iniciará el próximo 3 de agosto, se efectuará desde la Estación de la Fuerza Aérea en Cabo Cañaveral con un cohete Delta II. La travesía durará diez meses a una velocidad media de 20.300 kilómetros por hora. El descenso está previsto para el 25 de mayo de 2008 en una latitud de unos 70 grados Norte, que equivale al círculo ártico de la Tierra. "Hemos tomado imágenes de alta resolución -explica Peter Smith, investigador principal del proyecto Phoenix en la Universidad de Arizona-. A diferencia de regiones en latitudes más bajas, con hondonadas, acantilados y rocas, la región elegida es más uniforme".