Nao Albet y Marcel Borràs, en 'Los estunmen'. Foto: Marta Mas Girones.

Nao Albet y Marcel Borràs, en 'Los estunmen'. Foto: Marta Mas Girones.

Stanislavblog

'Los estunmen', confuso libreto para una ópera bastarda

Nao Albet y Marcel Borràs estrenan en Teatros del Canal su primera ópera, un follón escénico con ecos de Marvel, donde la música de Fernando Velázquez es lo más inspirado.

Más información: María Folguera estrena 'Ubú': "La política actual apuesta por el exceso, la extravagancia y lo grotesco"

Publicada

Con la expectación que acostumbran a crear, ayer se estrenó en los Teatros del Canal de Madrid Los estunmen, la “ópera” de Nao Albet y Marcel Borrás con música de Fernando Velázquez. La representación no tardó en desinflar el trabajo del pintoresco dúo artístico, la confusión de géneros resiste difícilmente en la primera tragedia que ponen en pie. Queda la música de Velázquez como el elemento más inspirado del espectáculo.

Aunque ha sido presentada como ópera —es producción del Teatro Real en coproducción con el Canal y los teatros Lliure y Liceo— la naturaleza de Los estunmen es bastarda y flexible, pues sus límites están tan poco definidos como el temperamento de sus autores. En cualquier caso, esta cuestión importa poco a la hora de analizar resultados.

Entremos en ellos. Albet y Borràs – que firman libreto, dirección de escena y aparecen como dos poetas laureados de la Antigüedad que actúan a modo de cronistas— se han estrenado en la “ópera” y en la tragedia, pero no evitan romper la cuarta pared y que surja, aunque sea en pequeñas dosis, lo burlesco que es marca de la casa. Se salen del carril trágico y eso elimina emoción y crea desconcierto, especialmente cuando asoman tímidos apuntes paródicos a los que no sabemos cómo reaccionar.

A los autores les da por revisar el concepto milenario de héroe para plantear otro más en consonancia con la masculinidad que pregona el feminismo hoy en boga; en su estilo ecléctico construyen entonces, y como era de esperar, a una heroína, Evangelina, interpretada por la actriz Núria Lloansí, que da vida a una madre que busca vengar la muerte de su hijo asesinado por haber masacrado a una veintena de personas en un colegio.

La estupenda actriz —doblada durante toda la representación por la soprano Sandra Fernández— cumple su cometido con la ayuda de los “estunmen”, cuatro especialistas de cine de los que ruedan las escenas arriesgadas en las pelis de acción en sustitución de los actores de fama y que para Borràs y Albet son los verdaderos héroes de nuestra época.

Evangelina, en su senda hacia el Elíseo, y aconsejada por estos especialistas sobre las virtudes heroicas tradicionales (prudencia, justicia, inteligencia y fuerza) y, por tanto, testosterónicas experimenta una dudosa transformación genética que la convierte en una especie de Hulk trans.

Si la trama de Evangelina es el eje del libreto, de ella surgen subtramas que dan paso a reflexiones de los laureados cronistas; a escenas como la de Tarantino —una de las mejores— en la que recrean el dilema de si las pelis de acción alimentan la violencia; u otros episodios que nos sacan de la ficción con los especialistas contándonos su vida e ilustrándola con alguna de sus mejores habilidades.

La sensación es de caos argumental, especialmente hacia la segunda parte de la obra, cuando se prodigan las escenas de acción y en eso Albet y Borràs tienen oficio, saben mover a tanta gente como han dispuesto en el escenario: nueve actores, cinco cantantes y ocho especialistas de cine que han sido coordinados por Óscar Dorta y sobre los que recaen las acrobacias.

Da la impresión de que se lo han debido pasar de miedo orquestando este follón escénico, trasunto de una peli del universo Marvel que tanto les inspira, donde también hay proyecciones que recrean videojuegos y hasta una versión de la imagen del célebre cuadro romántico de Caspar David Friedrich. La escenografía de Max Glaenzel reproduce un hall de colegio en tonos grises y a veces los directores recurren a telones fijos para recortar planos sobre la embocadura del escenario. La luz de Andreu Fàbregas también ayuda mucho.

Velázquez dirige la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) con 24 músicos. Su partitura es una combinación de estilos líricos, variada y entretenida, con evidentes influencias cinematográficas, pero en la que también incluye fragmentos que evocan a Haendel, Wagner y Puccini, un guiño que nos remite a la historia de los mitos y héroes del Romanticismo y del Barroco que la obra nos cuenta. Funciona especialmente cuando ambienta los momentos disparatados y de acción.

Cabe preguntarse por la reflexión que ofrece el dúo sobre la idea actual del héroe como representante de una masculinidad tóxica. Al final, los poetas laureados se automutilan sus genitales porque, dicen, quieren ser fieles a la verdad en sus crónicas y no víctimas de una identidad heteropatriacal. ¿Debemos creer en este gesto tal y como lo cuentan o camufla la lectura de que no hay huevos entre nuestros artistas para criticar la ideología de género dominante?

Los estunmen

Teatros del Canal, hasta el 14 de junio.

Música: Fernando Velázquez. Libreto y dirección: Nao Albet y Marcel Borràs.
Dirección musical: Fernando Velázquez / Rubén Díez.
Intérpretes: Óscar Dorta, Carlos Robles, Óscar Pérez, Nao Albet, Marcel Borràs, Núria Lloansi, Marc Padró, Mael Borràs-Clotet, Cadmi Albet-Tamarit.
Cantantes: Sandra Ferrández / Marifé Nogales (5 y 11 de junio), mezzosopranos. Gabriel Díaz, contratenor. Vicenç Esteve Madrid, tenor. José Ansaldi, tenor. Josep Ferrer, bajo.
Especialistas: Daniel Domínguez, Andreu Kreutzer, Ander Muñoz, Adrià Rosell, Pablo Sacristán, Emiliano Sosa, Nativo Suárez y Yeray Vesga.
Voz en off: Julián Villagrán. Escenografía: Max Glaenzel. Vestuario: Sílvia Delagneau.
Iluminación: Andreu Fàbregas. Pianista asistente: Laura de Aranzana. Coordinador de especialistas: Óscar Dorta.
Efectos especiales: In Extremis
Orquesta: Joven Orquesta Nacional de España (JONDE)
Una coproducción de: Teatre Lliure, Gran Teatre del Liceu, Teatros del Canal y Teatro Real de Madrid