Un momento de la obra teatral 'Niebla' en Nave 10 de Matadero Madrid. Foto: Geraldine Leloutre

Un momento de la obra teatral 'Niebla' en Nave 10 de Matadero Madrid. Foto: Geraldine Leloutre

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Plomiza versión de la 'Niebla' de Unamuno

La adaptación de la novela realizada por Fernanda Orazi no logra interesarnos y es de una artificiosidad difícil de digerir.

Más información: La 'Niebla' de Unamuno envuelve Matadero

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La Niebla de Unamuno, en adaptación de Fernanda Orazi, mal que le pese a su autora el término, no pasa de ser un ejercicio dramático que cambia las intenciones del original, lo que no es mala idea si lograra interesarnos y evitara que un buen elenco de actores se expresara con una artificiosidad difícil de digerir.

Este juicio se estrella contra los aplausos que el público le dedicó al final de la representación el pasado 3 de abril y con el hecho de que las entradas están agotadas para todos los días de esta semana. Nave 10 de Matadero ha programado un total de 27 funciones en una sala de 260 butacas, o sea, ha dispuesto 7.020 entradas para este montaje. Luego oímos hablar de “éxito teatral” de las obras de los espacios públicos porque han agotado entradas, sin tener en cuenta el ridículo tiempo de permanencia en cartel y los aforos; de tratarse de una sala privada que vive de la taquilla, dudo que con esos datos así lo considerara.

Pero vayamos a la obra. Título de referencia en la producción literaria de Miguel de Unamuno, releo ahora esta nivola que tan enjundiosos estudios ha merecido por su tono filosófico y su trama existencialista y me da por pensar que Unamuno debió de divertirse bastante escribiéndola, jugando a entretener al lector con una historieta melodramática de un hombre manso y aburrido, pero siguiendo una reflexión humorística sobre la propia escritura de la obra que tiene entre manos y que vincula con otros temas de mayor enjundia filosófica como el del escaso poder de intervención que el hombre tiene sobre su destino.

Esta metaliteratura de Niebla ya lo anuncia el falso prólogo de Víctor Goti y la réplica que el propio autor le da, e incluso él mismo se convierte en personaje de la novela. Nos explica cómo se inventa o imagina los personajes de la obra, juega a preguntarse qué es real y qué no lo es y hasta el título nos lo explica en el capítulo IV: “Los hombres no sucumbimos a las grandes penas ni a las grandes alegrías, y es porque esas penas y esas alegrías vienen embozadas en una inmensa niebla de pequeños incidentes. Y la vida es esto, la niebla”.

Es comprensible que a Orazi estos ecos pirandellianos de la novela la hayan animado a escenificarla. Además de los elementos descritos, está el hecho de que está construida con mucho diálogo y soliloquio, recursos que el autor señala como definitivos de la nivola, género que también se inventa para defender la novela antirrealista, sin retratos psicológicos de personajes ni descripciones y cuya acción avanza como en el teatro, por los diálogos.

Un momento de la obra teatral 'Niebla' en Nave 10 de Matadero Madrid. Foto: Geraldine Leloutre

Un momento de la obra teatral 'Niebla' en Nave 10 de Matadero Madrid. Foto: Geraldine Leloutre

Sin embargo, ¿por qué la obra literaria te engancha de principio a fin y esta representación me resultó soporífera? Su puesta en escena avanza lenta como un paquidermo hasta casi las dos horas, con unos personajes de una impostación alarmante y aunque Orazi, como ya hizo en Electra, juega a mezclar humor, absurdo y drama con otros recursos que nos distancien como espectadores, el engendro no solo lo logró, sino que me alejó totalmente.

Los actores son buenos, pero luchan con personajes que funcionan como símbolos y los intentos de Juan Paños por darle organicidad a su Augusto Pérez protagonista, desfallecen; sus conversaciones con su amigo Víctor (Pablo Montes) quedan en episodios esquemáticos; su perro Orfeo (Javier Ballesteros), que actúa como su paño de lágrimas, da una pincelada de color con sus sentencias; y las mozas Eugenia (Leticia Etala) y Rosario (Carmen Angulo) logran componer personajes enfrentados y antitéticos. Pero todos funcionan como marionetas, sin emoción ni humanidad.

Orazi compone cuadros siguiendo la estética onírica de Magritte en la que se inspira la escenografía (Cecilia Molano) —unos zapatos en el suelo, un decorado de nubes por allí, un olivo por aquí, una chaise longue, una manzana…— y donde los conflictos aparecen rebajados de intriga y del poder metafísico de la novela.

Para colmo, las acciones del protagonista se remarcan con unas intolerables falsas risas que el elenco le brinda, al estilo de esas enlatadas de las series de televisión y que aquí no comprendo bien su función, ¿quizá señalar el carácter bufonesco de la obra?

Lo sorprendente está por llegar en el desenlace, la versión de Orazi se ha cargado el personaje del mismo autor, de Unamuno, que actúa como el dios creador de la obra que decide sobre el destino de los personajes, sustituido aquí por una especie de director de escena. Todo queda más laico y menos espiritual y sagrado, como los tiempos exigen.

Niebla

Nave 10, Matadero, hasta el 12 de abril

Fernanda Orazi a partir de Niebla, de Miguel de Unamuno
Diseño de iluminación: David Picazo
Dirección: Fernanda Orazi
Diseño de espacio sonoro y música: Javier Ntaca
Actores: Juan Paños, Leticia Etala, Javier Ballesteros, Carmen Angulo y Pablo Montes
Producción: NAVE 10 | Matadero, Buxman Producciones y Pílades Teatro
Diseño de espacio escénico y vestuario: Cecilia Molano