Qué raro es todo! por Álvaro Guibert

El Quiroga y los héroes

12 junio, 2013 02:00

Evolución, revolución, una sola erre y todo un mundo de diferencia. El Cuarteto Quiroga ha presentado un nuevo disco que titulan (R)evolutions. Es, todo él, Escuela de Viena (la segunda, si entendemos que la primera fue la de Haydn, Beethoven y Schubert). Tocan la Opus 3 de Berg, las Bagatelas op. 9 de Webern y dos obras, digamos, previas, que los autores dejaron sin numerar: el "Cuarteto en re "(1897), de Schönberg (el que le abrió las puertas de Viena) y el Rondó (1906) de Webern. Entre estas dos últimas obras y las dos primeras, está la evolución o, según se mire, la revolución. De propina, sin avisar en el "inlay", un coral de Bach que convierte el disco entero en intemporal. Los Quiroga tocan todo esto como es debido, con exactitud y precisión y con sonido noble. Con la extraña mezcla de frío moderno y calor expresionista que es propia de los tres vieneses. En su anterior disco, Statements, tocaban el Op. 20/2 de Haydn.

Alguno dirá, y qué. Qué tiene de particular nada de esto. Pues lo raro es eso, la normalidad. Que un cuarteto español, que se llama Quiroga en recuerdo del gran violinista pontevedrés, vaya por el mundo como si tal cosa, tocando con éxito la música de las dos hornadas de maestros vieneses, debiera asombrarnos, porque es una novedad histórica. Nunca habíamos tenido en España un señor cuarteto de cuerda digno de tal nombre. Quiero decir con eso cuatro músicos que dedican el cien por cien de su tiempo, o casi, a la tarea de sonar juntos y de ir conquistando todo el repertorio, incluidas las obras más difíciles y comprometidas, con un nivel de exigencia y de musicalidad comparable con el de los grandes cuartetos internacionales. Eso no había ocurrido nunca en España. Los primeros que lo han logrado han sido el Casals y el Quiroga. Hemos tardado dos siglos y medio, desde cuando Haydn y Boccherini -¡que era nuestro, y como si no!- pero ahí estamos ya, sacando la cabeza y asomándonos a la primera fila. Al oír el Webern del Quiroga, fino como de regla y rotring y a la vez desbordado de emoción, se le humedece a uno el ojo. O el oído, no sé. Me parece momento de pensar en todos los cuartetistas que vinieron antes, con la misma pasión y parecido talento que estos, pero rodeados de un contexto imposible y que han protagonizado una larguísima (r)evolución.

Un cuarteto de cuerda no puede salir de la nada. Requiere nutrirse echando raíces en una sociedad entera capaz de sustentar una vida camerística de alguna complejidad. O, como decía en 1903 el crítico Cecilio de Roda: "Se necesitaría un ambiente que no existe, o una práctica constante del género, que tampoco ha existido nunca." Él se refería a los compositores, pero la reflexión sirve igual para los intérpretes.

Desde la Sociedad de Cuartetos que puso en marcha Jesús de Monasterio en 1862, solitaria como amapola en pedregal, hasta este disco del Cuarteto Quiroga, se han dejado la piel buscando la nobleza del sonido "di camera", como decían entonces, muchos músicos excepcionales: Julio Francés y Conrado del Campo en el Cuarteto Francés, Eduardo Toldrá (¡a los 16 años!) en el Renacimiento, los miembros de la Agrupación Nacional de Música de Cámara, del Cuarteto de Radio Nacional, del Cuarteto Hispánico Numen, del Arcana y de algunos otros que me dejo en el tintero. Héroes todos ellos de cuyo trabajo nos beneficiamos ahora, sepámoslo o no, cuando disfrutamos del hermoso sonido del Cuarteto Quiroga.


El Cuarteto Renacimiento en 1903

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