La columna de aire por Abel Hernández

¿Poner límites a la transmisión creativa en el pop? ¿Samplear es plagiar? Un buen caso para el debate: el Amen Break (I)

24 marzo, 2015 13:17

Hace unas semanas que los medios musicales, especialmente los que tienen una relación más tierna con la música electrónica y de baile, vienen haciéndose eco del asunto: Martyn Webster, un DJ británico no muy célebre y desde hace una década más activo en su canal de YouTube musical que a los platos, ha montado una campaña de micro financiación para reconocer, homenajear y servir de tributo a los creadores del llamado “Amen Break”, y está teniendo un éxito notable. Tras un mes la campaña supera los 25.000 euros y los 1.500 donantes. La iniciativa parece haber recibido unánime aclamación de la prensa y el apoyo de músicos electrónicos como Four Tet, Ben UFO, Eats Everything, Artwork o Rob Da Bank.

Algunos sabrán bien de qué estamos hablando. No en balde, el conocido como “Amen Break” es posiblemente el sample, el pedazo recortado de música grabada por otros, más reutilizado de la Historia de la música. Incluso más que otros clásicos rítmicos como Funky Drummer de James Brown o Think (About It) de Lyn Collins. Aquí está su imagen más certera. Corresponde al gráfico de la onda de un acelerado solo de batería de cuatro compases con forma de redoble sincopado:

Durante unos 6 segundos, el batería GC Coleman sostiene con golpes y silencios de caja y bombo y platillo continuo el empuje rítmico de la canción y su frenética y funky incitación al baile. Es el minuto 1:26 de Amen, Brother, la cara B del single del grupo de Washington D.C. The Winstons Color Him Father, que conseguirá el Grammy a la mejor canción de R&B en 1970. Si uno busca hoy en la web-archivo Who Sampled qué canciones han reutilizado la canción Amen, Brother, se encontrará con la cifra de 1517 canciones, en más del 90% de las cuales lo cogido prestado habrá sido alguna parte de ese breve solo de batería. Entre sus primeros resultados ordenados por popularidad uno encuentra temas de Salt-N-Pepa (1986), N.W.A (1988), Mantronix (1988), Snow (1992), The Prodigy (1994-7), Jay Z (1996),  Aphex Twin (1996), Slipknot (1999), Lupe Fiasco (2007), Skrillex (2008-11) o Tyler, the Creator (2013). Pueden sumar si lo desean producciones de David Bowie, Orbital, Primal Scream, DJ Shadow, Janet Jackson, Public Enemy, N.I.N., Amy Winehouse y un gigantesco etc. Pero, un momento, quizá alguien desee escuchar de qué estamos hablando:

¿Cómo llegó ese largo redoble de batería hasta donde se encuentra hoy? Bueno, en realidad la historia del “Amen Break” no empieza en 1969, con la magnífica ocurrencia y el pulso rítmico de GC Coleman en la grabación de aquel single para el nuevo sello discográfico de la corporación Metromedia. Esa sería más bien su pre-historia. Así, no parece difícil argumentar que su relato se va contando al pasar de mano en mano como sample utilizado en otras canciones. En otras palabras, el “Amen Break“ empezó a serlo, no cuando fue grabado, sino cuando fue elegido por otros como sample para formar parte de nuevas obras. De hecho, su relato no existe sin antes comprender que esos 6 segundos de una cara B perdida de 1969 han inspirado, completado, rellenado o incluso dado lugar a cientos de grabaciones nuevas, incontables momentos de creación y felicidad extrema de los danzantes, propulsados por DJs, así como a toda una serie de ramificaciones musicales que a su vez han dado lugar a nuevos estratos subculturales.

Antes incluso de esos acontecimientos, los culpables primeros de esta ramificación casi rizomática fueron Lenny “Breakbeat” Roberts y “Breakbeat” Lou Flores (veteranos del ripeo de loops desde finales de los 70-principios de los 80), quienes, 16 años después de aquel Grammy a Color Him Brother, incluyeron el “Amen Break” bajado de tempo en la primera referencia de la serie de vinilos con loops pensados para los DJ de Hip Hop, Ultimate Breaks & Beats (UBB). Después de eso vendría la diseminación: en el mismo 1986 lo terminaban de popularizar las hip-hoperas de Queens Salt´N Pepa y poco más tarde aterrizaba en el centro de la escena rave británica (se culpa de ello al DJ Frankie Jones) dando comienzo a una de esas multiplicaciones celulares impresionantes que acompañan al Pop del siglo XX. El "Amen Break", casi como la escala pentatónica menor, como el scat, más aún que el slapback o el sonido de fuzz, por poner varios ejemplos, se convirtió en un pilar central del devenir de una serie de estilos de música pop de nueva generación y apegados al baile. Primero el hip hop contagió al acid house y, desde ahí, al breakbeat hardcore que luego eclosionaría dando lugar al jungle, el drum and bass, el big beat e infinidad de subgéneros y variantes. En realidad, ese “Amen Break” elemento polinizador y origen de estilos se ha convertido en algo que no tiene ya demasiado que ver con el canción de The Winstons. Pertenece al ámbito de la creación colectiva, de la Historia humana, de la Cultura en el sentido estricto, antropológico del término, como el tenedor o la siembra del trigo, como los opiaceos, los tejidos de lana o el dinero.

Y así llegamos a la bienintencionada pero cuestionable campaña de crowdfunding que motiva este texto. Como gesto de reconocimiento y homenaje público es bonito, puede ser que hasta oportuno. Son los músicos, compañeros de profesión, y los fans los que lo rinden sin que medie una convocatoria institucional, tras el movimiento espontáneo de un DJ británico retirado. Como un Oscar póstumo o algo así. Por otro lado, una demanda de que la procedencia de la grabación original sea siempre acreditada parecería de lo más justa. Quizá en su origen los sampleadores no fueran lo suficientemente agradecidos y deportivos en ese sentido. Es posible, aunque sabemos que desde su aparición en Ultimate Braks & Beats en 1986 la canción estaba debidamente acreditada. Sea como sea, ese no parece ser el problema actual de un sample que cuenta con bases de datos dedicadas sólo a él y sobre cuyos usos uno puede encontrar miles de páginas en Internet.

Esta iniciativa de micro-financiación para finalmente “dar un cheque al poseedor de los derechos” permite otra clase de lecturas. La reacción espontánea del británico Martyn Webster de recompensar a-los-creadores-que-tanto-nos-dieron es, según afirma él mismo, una respuesta conmovida tras la reiterada queja del dueño de los derechos, el mencionado cantante y saxofonista de The Winstons Richard L. Spencer, de no haber percibido dinero por el uso de ese fragmento de su canción. Posiblemente la iniciativa también fue extra-motivada al conocer que el batería GC Coleman murió en 2006 arruinado, en la calle, como un sin techo. La historia de Coleman es, sin duda, algo terrible que lamentar y mueve a la reflexión sobre cómo un sinfín de pequeñas, a menudo anónimas, e importantes contribuciones musicales no son jamás recompensadas económicamente ni suficientemente reconocidas. También, por qué no, puede ayudarnos a ser conscientes de que eso que pensamos exclusivo de la música de nuestro tiempo ha sucedido siempre.

Seguro que tanto el desgraciado batería como el demandante Spencer merecían algo mejor. Incluso cuando no deja de ser algo extraño que un single que en su día tuvo un Grammy y llegara al numero 2 en las listas de R&B y al 7 en la Billboard Hot 100, además de ser versioneada en diversas ocasiones, no aportara importantes réditos económicos y a sus carreras. Pese a lo raro que resulta, también, el aparente desentendimiento legal por parte de Metromedia (el sello de ese single) o a la que al parecer era la editorial, Holly Bee Music, hacia la reproducción del sample a partir de los años 80. Nos falta información para juzgar todo eso. Pero sí podemos hacerlo con una campaña de recaudación de fondos que no sólo en este caso sí se convierte en un cuestionable acto de limosna benéfica, sino que, indirectamente, apoya las reiteradas acusaciones de plagio por parte de Spencer a quienes han usado el “Amen Break”.

Al igual que el famoso sample no es un simple pedazo de música de The Winstons en 1969, sino algo que excede completamente ese espacio-tiempo, la reclamación de Spencer va mucho más allá del reconocimiento de su compañero el batería GC Coleman o de “su” canción. ¿O no es acaso apoyar esta campaña reconocer el caso del “Amen Break” como paradigma evidente de la cultura del saqueo de la propiedad privada y la creatividad de sanguijuelas que algunos tanto predican? Visto así, lo que subyace en ese pensamiento no es ni ajustado ni justo y va contra la misma idea del Pop como flujo que tan bien simboliza ese sample. La ideología detrás del reconocimiento de Spencer como propietario de derechos choca contra la noción del “Amen Break” que nos parece más sensata y cristalina: un ejemplo del Pop entendido como una prolongación de la cultura folk, donde ésta aparece algo más complicada y la oralidad de antaño se habría convertido en información circulante con cada vez más velocidad. Una más de las formas de la cultura que se abastecen de materiales que acaban siendo comunes, en suma. Intentaremos reflexionar un poco más sobre todo esto en la próxima Columna de aire.

Image: Crisis del MACBA: penúltimo asalto

Crisis del MACBA: penúltimo asalto

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