Fotograma de 'Alice and Steve'. Foto: Disney +

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En plan serie

'Alice y Steve' o qué pasa cuando tu mejor amigo se lía con tu hija

La serie de Disney+ es una comedia gamberra que retrata la incongruencia de defender nuestros principios hasta que nos afectan.

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Alice y Steve (Sophie Goodheart, 2026) termina con una cita paródica de El resplandor (Stanley Kubrick, 1980), una casa en llamas y otro guiño a un clásico de finales de los sesenta que no mencionaremos pero que podrán deducir por el contexto. No quiere decir esto que esta producción británica para Hulu sea un catálogo de homenajes – de hecho, están casi todos concentrados en ese apoteósico final-, lo que importa es el hecho de que se extraigan motivos propios del cine de terror y de las películas de catástrofes para rematar una comedia incómoda sobre dos cincuentones en apuros.

Alice (Nicola Walker) y Steve (Jemaine Clement) se conocen de toda la vida. Tiempo atrás fueron incluso pareja, pero la experiencia les indicó que la amistad era la única forma viable de canalizar su amor, a la vez alejada de las exigencias románticas como perseverante en el sostenimiento de un compromiso que entreteje afectos y socorros.

Décadas después siguen siendo culo y mierda – para el caso que nos ocupa una expresión mucho más adecuada que uña y carne -, si bien Alice ha armado un matrimonio con el complaciente (y mucho más joven) Daniel (Joel Fray), al que se suman dos hijos, Izzy (Yali Topol Margalith), que a sus 26 años se ha reinstalado temporalmente en la casa familiar tras su enésima ruptura, y Dom (Tyrece Eaton-Dice), un adolescente retraído e inteligente que se siente atraído por su compañera de clase Rome (Eilidh Fisher).

Por su parte, Steve, un estilista de prestigio que trabaja habitualmente con celebridades, vive con su perro Crosby después de un matrimonio que acabó peor que cualquier temporada de Dallas (David Jacobs, 1978-1991) y casi ha renunciado a cualquier tipo de intercambio con el sexo opuesto. Se siente viejo, fuera del tiempo.

Solo que cuando Alice y Steve se juntan y ponen un paréntesis entre ellos y el mundo, todo es posible. Las noches pueden seguir siendo locas a los 50 y la cocaína revenida, guardada en el bolsillo interior de una chaqueta en desuso y comprada a un dealer que muy probablemente se dedique a pasear su jubilación por Benidorm, todavía sigue haciendo efecto.

Alice y Steve arranca con un entierro hisopado con bromas irreverentes, continúa con una fiesta loca estropeada por el edadismo y acaba con Steve liándose con Izzy, la hija de Alice, tras una conversación en el sofá que este cincuentón con gafas de pasta se ve forzado a ocupar después de haber intoxicado a su perro con la cocaína (no tan) caducada de Alice. Drogas y malentendidos. Cosas que pasan.

En ese primer episodio uno ya detecta la facilidad con la que Sophie Goodhart hilvana enredos, su gusto por la broma extemporánea y la perspicacia necesaria para colocar a los personajes en situaciones de vulnerabilidad, lo que nos ayuda a entender por qué pasan las cosas que pasan.

Izzy acaba de romper con su novio, se siente sola y desamparada y necesita compañía. Steve ha descubierto esa misma noche que, pese a que su amiga Alice lo considere un caramelo al que las mujeres de todas las edades querrán quitarle el envoltorio, ya no puede conversar con una mujer a la que le tenga que explicar quién es Crosby. Izzy, por el contrario, sabe quienes son Stills, Nash y Young. El match es inmediato. La erótica de la experiencia, la soledad compartida y el hecho de que Izzy es tan atractiva como el pin de la tarjeta de crédito de Marta Ortega, son una combinación imbatible.

Y aquí empieza el jaleo. Ese planteamiento nos deposita, como si fuésemos un contenedor inanimado movido por una grúa portuaria, en mitad de una guerra sin cuartel iniciada por dos adultos que uno podría colocar ligeramente a la izquierda en el espectro ideológico.

En el fondo, Goodhart plantea algo muy de nuestro tiempo: somos capaces de defender nuestros principios hasta que nos afectan. O expresado en los términos de la propia serie: a Alice le parece bien que Steve se acueste con mujeres jóvenes (de hecho, ella misma lo alienta) hasta que esa mujer es su hija de veintiséis años. Hasta ahí podríamos llegar. Alice es como esos padres que no son racistas pero matriculan a sus hijos en un colegio religioso para que no vayan al cole con moros. Alice es como ese colega tuyo que no era machista hasta que una mujer le ganó una plaza de funcionario gracias a la dictadura feminazi. Alice es Felipe González inquietándose por unas siglas.

Fotograma de 'Alice and Steve'. Foto: Disney +

Fotograma de 'Alice and Steve'. Foto: Disney +

Así pues, y desde el momento en el que Steve e Izzy convienen que el polvo en el sofá no fue un accidente y que se gustan, esta miniserie de seis breves episodios se convierte en una mezcla de La guerra de los Rose (Danny DeVito, 1989) y un cartoon de Tex Avery (Elmer Gruñón contra Bugs Bunny). Alice le hará la vida imposible a Steve con tal de que abandone a su hija. Convertirá una partida de trivial con amigos en una convocatoria extraordinaria de la Santa Inquisición. Como el carisma de Steve puede con sus andanadas de odio, urdirá estrategias para que su examigo se quede sin trabajo, pierda a su perro y vea cómo Paul Laverty substituye a Richard Curtis como guionista de su vida.

Ya se sabe que toda acción desata una reacción, así que Steve actuará en consecuencia, se empollará la ley del Talión y hará que Alice también lo pierda todo, incluido su trabajo en una empresa de moda. Pero Steve no será el único que reaccione, pues Daniel dejará de ser un marido sumiso como una pulga amaestrada gracias al encono irracional de su mujer pero también a causa de las intenciones de una compañera de conservatorio que quiere compartir con él algo más que su pasión por la música.

Alice y Steve es una comedia sobre las miserias humanas, sobre el egoísmo desatado que gobierna la sociedad del presente, integrada por individuos incapaces de articular una idea mínima de comunidad y de forjar lazos solidarios que vayan más allá del interés personal. Sin necesidad de enarbolar discurso alguno sobre estas cuestiones, Sophie Goodhart y el director Tom Kingsley son capaces de transmitir una inequívoca sensación de agotamiento, de estar asistiendo a un apocalipsis cutre que solo necesita de smartphones, drogas recreativas y toneladas de inseguridad y aislamiento para consumarse. Las estructuras otrora sólidas como la familia se han transformado y todavía no somos capaces de asimilar sus nuevas formas.

Fotograma de 'Alice and Steve'. Foto: Disney +

Fotograma de 'Alice and Steve'. Foto: Disney +

La idea de que todo se desmorona a nuestro alrededor se plasma en secuencias como la del taxi, situada en el tercer episodio. Alice y Steve acuden al rescate de Dom, que ha ido a una fiesta en la que la gente no se ha leído las contraindicaciones sobre el consumo de éxtasis, lo que ha dejado a un puñado de adolescentes como si fuesen perezosos en slow motion.

En ese trayecto hacia la casa y sin motivo aparente, el taxista inicia lo que parece una persecución abocada a un tiroteo - nuestro inconsciente (como el de Alice y el de Steve) poniéndose en lo peor porque para eso nos preparan los anuncios de alarmas - para acabar en un acto amable que a esas alturas nadie esperaba.

El tercero es un capítulo significativo, primero porque logra que Alice y Steve reconecten – su experiencia con los estupefacientes les permite activar un efectivo protocolo de control de daños en la fiesta – y después porque nos permite ver el rastro de humanidad que aún queda en ella cuando habla con Rome y le muestra sus imperfecciones. Sin embargo, el hecho de que todavía sea capaz de darse a los demás no hará que Alice enmiende sus errores. Empleará ese acto de generosidad, aprovechando que Steve está con la guardia baja, para pedirle que rompa con su hija. Es decir, primero yo, después el resto del mundo. Porque no olvidemos que, bajo la angustia de la falsa preocupación por el futuro de Izzy, esa petición de ruptura destila egoísmo.

Es cierto que, superado su ecuador, la miniserie que Disney + estrenó en España el pasado día 8 de junio no busca tanto profundizar en las relaciones defectuosas como convertirse en una comedia gamberra.

Aún así, esa sucesión de putadas mutuas que acaba en desastrosa ceremonia siguiendo la mejor tradición británica – de Cuatro bodas y un funeral a Un funeral de muerte, con una perversa asociación entre entierro (inicio) y casamiento (final) - deriva hacia el terror paródico injertado en una versión low-cost de El coloso en llamas (John Guillermin, 1974) para ilustrar el nihilismo al que se ha lanzado una generación a la que ya no le queda más que saltar al vacío, dejar atrás su equivocada idea del mundo y matarse en el intentoo obtener una milagrosa salvación. Solo Schrödinger lo sabe (¿han averiguado ahora a qué película nos referíamos al inicio del texto?).

Alice y Steve

Creadora: Sophie Goodhart
Intérpretes: Nicola Walker, Jemaine Clement
Productora: Clerkenwell Films, Hulu.
País: Reino Unido
Año: 2026
Plataforma: Disney +
Fecha de estreno: 8 de junio