Sebastian Junger (Foto: U.S. National Archives) y Alejandro Gándara (Jeosm)

Sebastian Junger (Foto: U.S. National Archives) y Alejandro Gándara (Jeosm)

A la intemperie

'La tormenta perfecta': lo más grave que ha ocurrido en la democracia española después del 23-F

La sociedad, espectadora del gansterismo, contiene como puede la respiración y se asombra, llevándose las manos a la cabeza.

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La tormenta perfecta es una novela trágica basada en hechos reales y escrita por el escritor norteamericano Sebastian Junger. Fue publicada en 1997 y relata la tragedia sucedida en el mar en octubre de 1991, en plena celebración de Halloween. Tres frentes meteorológicos confluyeron en un mismo punto, en la costa norteamericana, y atraparon al pesquero Andrea Gail. Murieron trece personas.

El libro fue un best-seller que se llevó al cine. La película fue dirigida por Wolfgang Petersen e interpretada por George Clooney, Mark Wahlberg y Diane Lane, entre otros. La película fue otro éxito de público y crítica en todo el mundo, hasta convertirse en un clásico, tanto literario como cinematográfico.

En plena guerra de Irak, el entonces presidente Aznar nos convocó a un almuerzo en Moncloa a diez escritores y profesores universitarios. Se trataba, en líneas generales, de cambiar impresiones sobre la guerra de Irak y, al mismo tiempo, recabar nuestro criterio sobre ese triste y turbio episodio. Llegó la hora de hablar y el presidente Aznar nos dio la palabra a cada uno de los comensales. Ocho de los invitados estuvieron a favor de la guerra y de que España estuviera en ella, alguno de ellos con un furor bélico tan sorprendente como enloquecido.

Cuando llegó mi turno, dije en ese almuerzo lo que ya había dicho por la radio, en la televisión, en público y en privado: que la guerra de Irak era una guerra ilegítima e ilegal y que, más temprano que tarde, la íbamos a pagar. Pero el plano fuerte de los criterios expresados por los invitados fue el que puso sobre la mesa el novelista Alejandro Gándara, un escritor serio, contundente y firme. "Señor Presidente, ¿ha leído usted la novela La tormenta perfecta?", preguntó el escritor. "No", respondió Aznar. "¿Y ha visto la película?", volvió a preguntar Gándara. "No", repitió el presidente.

"Le hago una síntesis", dijo el escritor, e inmediatamente relató en siete u ocho minutos el argumento de la novela y la película. Después dijo: "Eso es lo que usted, señor presidente, ha hecho con España: la ha metido en una tormenta perfecta". Aznar no se arredró: "¿Y cómo se desmonta eso?", preguntó. "Eso debe saberlo usted mejor que nadie, presidente, que es quien la ha hecho posible", contestó Gándara. Hubo un silencio que me pareció demasiado largo, pero al instante Aznar nos agradeció a todos nuestros criterios y se pasó a la despedida poco tiempo después.

Gándara citó en aquella ocasión La tormenta perfecta como una metáfora de la guerra en la que el gobierno había metido a España y yo vi en la cara de Aznar, inmutable de todas maneras, el impacto que le provocó la historia que el escritor describió implacable. Ya sabemos lo que ocurrió después, tristemente.

Esa metáfora ha vuelto a repetirse en España. Ahora mismo todos los elementos meteorológicos de la política española están sometidos a una tormenta perfecta, que cae sobre el país dejando atónito al más despistado o desinteresado de todos. Se ha ido formando poco a poco delante de todos, con la amplificación de las redes sociales y los medios de comunicación (o lo que seguimos entendiendo como tales) sin que nadie haya podido evitarla. Como se dice en estos casos: se venía venir.

La metáfora sirve más que nunca, porque la tormenta es más perfecta que nunca y amenaza una ruina sin precedentes. Hay quienes dicen, y tal vez lleven razón, que es lo más grave que ha ocurrido en la democracia española después del 23-F, incluso mucho más grave, y lo es, que el procès catalán de hace unos años. Los bulos y las realidades se han mixturado en el núcleo mismo de esta tormenta perfecta que ahora nos acucia y oscurece el presente y el futuro de los próximos cinco o seis años.

¿Y la sociedad española? Condenada a ser espectadora de esta tormenta perfecta llena de miserias y gansterismo, contiene como puede la respiración y se asombra, llevándose las manos a la cabeza tal vez de un modo hipócrita: no sabía nada, no intuía nada, no sospechaba nada.

Quienes hicieron de profetas de esta tormenta perfecta fueron arrasados en su momento por la ira divina del poder y, aunque hoy reclamen la memoria de los demás, no parece que ese colectivo social al que llamamos masa se esté dando cuenta de verdad, y tomando conciencia, de lo que realmente se nos está viniendo encima y que las Casandras de los medios informativos advirtieron desde hace tiempo: no permitan que el caballo de madera se quede en la playa de Troya, es una trampa, avisaron.

Pero, como en el cuento del lobo, nadie hizo caso. Solo queda que quien inventó supuestamente y poco a poco con truco, trampa, malversaciones y gansterismo, dé por terminado el juego macabro en el que andamos y deshaga la tormenta convocando elecciones generales lo más pronto posible.