Cuando la tostada cae por el lado de la mantequilla se cumple la Ley de Murphy

Cuando la tostada cae por el lado de la mantequilla se cumple la Ley de Murphy

A la intemperie por J.J. Armas Marcelo

A peor la mejoría

Lo que vemos hoy en la vida pública es una constante y perpetua fotografía del cumplimiento del 'principio' de Peter y la llamada 'ley' de Murphy

2 diciembre, 2020 10:28

El "principio" de Peter viene a decir que cada uno de nosotros, en un determinado momento, alcanza su nivel de incompetencia. El poeta lo predijo con otras palabras: En cada clase social, el deterioro ejerce su dominio (Carlos Germán Belli). La "ley" de Murphy viene a decir que las cosas que están mal pueden fácilmente empeorar. El poeta lo predijo con otras palabras: Cada vez hay menos plata y más barro (Rafael Alberti). Barro o lodo. Lo que vemos hoy en la vida pública es una constante y perpetua fotografía del cumplimiento del 'principio' de Peter y la llamada 'ley' de Murphy. Incluso la memoria va a peor y todo es sucesible de empeorar a la vista de todo. No me estoy refiriendo a España, o sólo a España, sino al mundo entero. El espectáculo -lamentable- se ha instalado en la cultura, en general, y un pequeño barniz de imagen hace el resto: la apariencia puede más que la esencia, casi siempre ausente. Los parlamentos públicos son casi siempre un camarote más de los Hermanos, donde cada uno de los participantes -representantes del pueblo- grita lo suyo de cualquier manera, con una vulgaridad que cala al cielo (y a Murphy, y a Peter) y queda en evidencia que todo puede empeorar incluso la mejoría que nos venden todos los días los medios de comunicación.

Hoy un escritor es más importante por los seguidores que tiene y mantiene al alza en las redes sociales que por la esencial importancia de su obra y su pensamiento; más por el asombro que provoca en una sociedad adormecida por la constante creación de sus propias estupideces que tenga miles de seguidores en esas mismas redes que por la belleza o la ética -la estética y la ética otra vez de la mano- de su esfuerzo como escritor. Ayer fue, durante décadas y siglos, el género masculino el que imponía sus caprichos, hoy, en el camino contrario o inverso, es el género femenino el que marca los caminos de lo políticamente correcto. Pero si ayer mismo no fueron los hombres mejores los que nos gobernaban y sobresalían en nuestra sociedad, hoy, por desgracia, tampoco son las mejores mujeres las que sobresalen en una sociedad como la nuestra, entregada a la decepción y tratando de agarrarse a la esperanza como si fuera un clavo ardiendo. 

Los cronistas culturales parecen -y tal vez lo son- cronistas sociales: ellos mismos dejan de ser notarios de esa realidad para tratar de convertirse en adalides de un canon que fabrican a su imagen y semejanza. Es decir, las más de las veces, a imagen y semejanza de la más rancia mediocridad. El interés del público en general por los medios de comunicación ha bajado ya muchos puntos, y el asunto amenaza, con seguir empeorando; los medios pierden crédito todos los días, los canales de televisión son una perorata cotidiana de zafiedad vulgar y sórdida y la clase política es de las más abyectas que la historia haya conocido. Se dice, con demasiada insolencia algunas veces, que lo peor de cada familia termina en política. No sé si es cierto o no, pero lo que estamos viendo en todo el mundo, y también en España, es un espectáculo político falto de la más mínima elegancia y educación: una suerte de patio de Monipodio donde cada uno va por su lado, canta su canción y trata de ser el campeón de los embustes vendidos a la población como grandes logros del gobierno o de la oposición. Murphy, como espada de Damocles, y Peter, como presencia incontestable en nuestra sociedad: a peor la mejoría.

Causa pavor imaginar donde podemos llegar en muy breve tiempo. Los profetas apocalípticos no son de mi agrado, pero recuperando, por ejemplo, a Huntington del olvido al que lo condenamos hace tiempo nos damos cuenta de la poca reflexión con la que atendemos a cada uno de los Casandra que, de tiempo en tiempo, tratan de recordarnos que el lobo está al caer sobre nosotros. En La guerra de las civilizaciones, Huntington predijo el pasado y recordó el futuro: las guerras serían, desde entonces, manejadas con la excusa de la religión y de la cultura. Y esas culturas y religiones terminarían enfrentándose en una guerra interminable, como había ocurrido en los siglos anteriores. Hoy vemos que aquel Apocalipsis que juzgamos como pensamientos de un reaccionario, no sólo está al caer, sino que está cayendo sobre nosotros desde hace siglos. Y hoy mucho peor, porque estamos en manos de incompetentes que hacen gala de los defectos y carencias que ya traen de la sociedad, de donde proceden y en la que se escudan para cometer las tropelías y los crímenes más disparatados y terribles, siempre en aras de una libertad que merman con su poder cada vez más. Peter y Murphy colaboran ahora con lo peor. Sarmiento llora la quiebra de la cultura y la civilización en manos de la barbarie mediocre. Y nosotros, todos, a peor la mejoría. Más pobres, más decepcionados, más desesperanzados.

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