Image: Fernando García, destellos y brisa

Image: Fernando García, destellos y brisa

Exposiciones

Fernando García, destellos y brisa

Vino sobre seda

23 junio, 2017 02:00

Vista de sala. Fotografía: Carlos Álvarez Martín

Galería Heinrich Ehrhardt. San Lorenzo, 11. Madrid. Hasta el 24 de julio. De 1.500 a 6.000 €

Si la primera exposición de Fernando García (Madrid, 1975) en Heinrich Ehrhardt tenía como motor el traslado del estudio del artista de una calle de la capital a un pueblito de la sierra madrileña, el desplazamiento de un entorno urbano a otro rural, esta segunda, realizada cuatro años después, responde a un nuevo cambio geográfico, pues durante los tres últimos años Fernando García ha vivido en Barcelona.

Resulta conveniente para entender el itinerario mental del artista, hojear y detenerse en el grueso volumen facsimilar que recoge los cinco cuadernos de anotaciones y apuntes que García ha compilado en ese lapso de tiempo. Ahí están decenas y decenas de proyectos, las más de las veces no llevados a término, y también sucesivos ensayos de posibilidades de exposición en la galería; notas sobre acontecimientos y sucesos; citas extraídas de lecturas tan variopintas como Théophile Gautier, Humboldt, Vicente Aleixandre, Cela o François Truffaut hablando con Alfred Hitchcock; cavilaciones sobre el mundo que le rodea; analogías entre artistas de muy distinto signo y afirmaciones y propuestas que certifican su ironía y su sentido del humor.

En esta exposición, como ocurriera entonces, Fernando García ha construido aparentemente con casi nada un "lugar". No es que haya hecho una instalación, sino que la composición de los elementos que la integran conforman un espacio de contemplación del que la cualidad más inmediata es el sosiego. Como imagen, me viene a la cabeza la de estar sentado frente a una bahía. Dos de las piezas, dos bancos, hacen referencia al destello y la brisa con la evocación del sonido aflautado que surgiría de las botellas en el suelo y con la leve impronta que produce un foco sobre una oscilante lata de conservas encima de uno de ellos.

El denominador común de las obras es que sugieren lugares, ya de Barcelona -las playas o el palmeral del Parque Joan Brossa- o de Santiago de Compostela, y evocan de artistas que tuvieron que ver con ellos, como Joan Miró o Juan Muñoz.

Hay en varias obras una tranquila noción del paso del tiempo, como en la serie de lienzos Vino sobre seda, realizados como el título especifica y a los que el envejecimiento de ese líquido vivo dará su personalidad. También las construcciones aéreas Enredaderas, en las que harán lo propio las hojas de las palmeras. Y del mismo modo, aunque situada en un despacho adjunto, Last Impressions, hecha con la aplicación de 134 capas de acrílico blanco sobre gesso, una por cada día que nevó durante su estancia en Finlandia, embalada y cerrada hasta ahora. En el lienzo es posible ver los craquelados que se han producido con el paso de esos años.

Tres esculturas hechas con objetos encontrados, caña de bambú, conchas marinas, algarrobas u hojas de palmera, con su base de arena y piedras de la playa, homenajean y parafrasean obras de Joan Miró. Por último, oculto uno en el pasillo de la galería y expuestos la decena restante en el despacho principal, la delicada serie de los Destellos, gouache dorado sobre papel al que superpone unas pocas líneas de color, cierran el ciclo de la contemplación que nos proponían los bancos del destello y la brisa. No puedo sino mostrar mi fascinación por los artistas que, como Fernando García, consiguen tan largos resultados conceptuales con una mínima explotación de los medios materiales.