Image: Ánimas del tiempo
Laurie Anderson: From the air, 2008
La galería Max Estrella abre temporada con una exposición colectiva comisariada por Kathleen Forde, que anteriormente había trabajado con artistas de la galería como Rafael Lozano-Hemmer o Daniel Canogar. Forde es actualmente directora artística externa de la fundación Borusan Contemporary, radicada en Estambul, y antes fue comisaria jefe del Experimental Media and Performing Arts Center (EMPAC) de Nueva York, una entidad dedicada a la producción de trabajos multidisciplinares, desde la instalación new media a la performance experimental.Peso conceptual, pues, tras la estructura de esta exposición, Ghosts, que aúna artistas internacionales -Laurie Anderson (1947), Susan Hiller (1940), Abelardo Morell (1948) y Bill Viola (1951)- con el español Eugenio Ampudia (1958), todos con una extensa y reconocida trayectoria. Ghost surge, a mi juicio, más por la posible concordancia de obras concretas de los artistas, que por el hecho de reconocer la existencia de "fantasmas" o visiones imaginarias en el eje determinante del trabajo de cada uno de ellos. Son, eso sí, obras brillantes y convincentes, dotadas de una extraordinaria capacidad de inducir seductoras sugerencias en la mente del espectador. Contribuye a ello un montaje limpio y la casi uniforme penumbra de las salas, que hace brotar las nebulosas imágenes de un mismo y oscuro vacío, que a su vez envuelve al visitante.
Confesaré mi preferencia por las propuestas de Laurie Anderson y de Eugenio Ampudia, mi mayor inclinación al vídeo Ancestors (2012) de Bill Viola, frente a Transfiguration (2007) mi sorpresa ante la ligereza y a la vez contundencia de las simuladas polaroids de Susan Hiller y el descubrimiento de un fotógrafo: Abelardo Morell.
Estéticamente, From the Air (2008) de Anderson, resulta irreprochable y magnética. La proyección de sendos vídeos de la artista y de su perro Lolabell sobre dos miniesculturas -que me recuerdan, perro incluido, a una pieza más reciente de Ampudia, Los sueños del pasado, sumerge al espectador en la historia que narra. Anderson equipara los sentimientos de Lolabell (un animal ya fallecido) que durante un paseo por el campo fue acosado por una banda de buitres y, desde entonces, cosa que nunca había hecho antes, vigilaba continuamente el cielo, con los de los habitantes de Nueva York después del ataque a las Torres Gemelas, que durante meses hicieron lo mismo: vigilar el cielo, un aire desde el que llegó un atentado que nunca imaginaron que fuese posible.
Beuys, de Eugenio Ampudia, bien puede incluirse en la nómina de espectros como Dalí o Picasso, que ha incorporado a su análisis del arte y su mundo, y queda aquí, o en cualquier institución artística que se exponga como un perpetuo e infatigable fantasma incorpóreo pero grávido, cuya continua evocación dinamiza y lastra a la vez el ámbito artístico.
Una fórmula también singular es la que utiliza Abelardo Morell para la realización de sus fotografías. Por un mecanismo semejante al de la cámara estenopeica, Morell convierte las habitaciones en autenticas cámaras fotográficas capaces de recoger, a la vez, la imagen exterior e interior de la misma, de modo que ambos universos quedan recogidos en una sola, que se diría rastrea permanentemente vestigios de lo que fue. Son fantasmas que nos remiten al paso del tiempo, a las ánimas de los aparecidos llegados desde atrás en la secuencia de la existencia.