Image: Sally Mann, el Sur agreste

Image: Sally Mann, el Sur agreste

Exposiciones

Sally Mann, el Sur agreste

Sally Mann

14 septiembre, 2012 02:00

And Doom, de la serie At Twelve, 1983-85

La Fábrica Galería. Alameda, 8. Madrid. Hasta el 17 de noviembre. Precio: 7.000 euros.

Sally Mann ha provocado controversias con sus fotografías y ha sido acusada de explotar a sus hijos, sin embargo sus fotografías dejan en claro que los niños son personas y no títeres. Las obras que ahora vemos en La Fábrica muestran los misterios de la niñez y el crecimiento en todas sus fases.

Sally Mann (Lexington, Virginia, 1951) inauguró ayer en Madrid y en la prestigiosa galería de fotografía Edwynn Houk de Nueva York, donde muestra sus últimos autorretratos. Trabaja también con Gagosian, y es sorprendente que tenga estos apoyos tan importantes en el mercado porque no encarna en absoluto la idea de artista de éxito que encandila a los medios y a algunos coleccionistas aunque haya sido, a su pesar, motivo de escándalo, censura y hasta investigación policial. Ha permanecido en Lexington -poco más de 7.000 habitantes-, donde cría caballos en una granja y trabaja en su obra fotográfica a ritmo pausado, sólo durante los veranos. Comenzó haciendo retratos de su familia para llegar al paisaje, que ha representado con viejas técnicas como el colodión húmedo y un espíritu de romántica decadencia. Su obra es moderna por arcaica. Lo "local" es el motor de su obra y, por extensión, una actualización relativa de lo sureño que, lejos de la idealización, aparece como un territorio minado de desasosiego.

Para su segunda exposición en España -el Círculo de Bellas Artes le dedicó una retrospectiva en 1988- se ha optado por mostrar al completo una de sus series más conocidas, At Twelve (A los doce), realizada entre 1983 y 1985. En edición de 25 ejemplares, la artista ha producido las copias expuestas -se jacta, con justicia, de su habilidad-, a partir de negativos obtenidos con una centenaria cámara de fuelle. Nos presenta a niñas púberes en situaciones cotidianas cargadas de violencia y perversión latentes. No hay aquí nada pornográfico, aunque algunos puritanos lo hayan pretendido, pero sí una clara posibilidad de interpretar dramáticamente los muchos indicios que Mann nos pone ante los ojos. Las niñas pertenecen a familias vecinas, conocidas a través de la actividad de su padre como médico rural, y aunque no parecen disfuncionales sí subyace una impresión "agreste", en los escenarios y en algunas actitudes. Es la artista quien induce la situación equívoca y muy elocuente. Y las niñas juegan a actuar. Sabiendo o no.