Image: Roland Fischer, el gran seductor

Image: Roland Fischer, el gran seductor

Exposiciones

Roland Fischer, el gran seductor

Roland Fischer

2 septiembre, 2011 02:00

Casa Gilardi , 2008

Galería Maior. Plaza Mayor, 4. Pollença. Mallorca. Hasta finales de octubre. De 10.500 a 24.000 euros.

"Lo que ven es lo que ven", decía Frank Stella en relación a su pintura minimalista, algo que podemos aplicar a cualquiera de esas impactantes fotografías de Roland Fischer (Munich, 1958). Fascinadas por el dilema de lo visible, sus obras desvelan no obstante su interés por los nuevos dominios conceptuales de la fotografía y la pintura, potenciando ese cortocircuito temporal que auna los tiempos de la imagen -real y virtual- en una única solución.

Tras su reciente retrospectiva en el DA2 de Salamanca, Fischer expone en la galería Maior piezas emblemáticas de sus Chinese Pool Portraits o New Architectures, permitiéndonos seguir el rastro que va de la pintura renacentista o el constructivismo hasta el Fischer actual, un artista polifónico que recoge la tradición germana del retrato documental de Sander y su escrupuloso "retrato del mundo", renovándola con un enfoque que busca la trascendencia de la imagen. Distanciándose de Escuela de Düsseldorf y más cercano a la fotografía directa y auténtica de Wolfang Tillmans, Fischer utiliza "la libertad que le proporciona el píxel" para potenciar las cualidades sensuales y emotivas de la fotografía, incluso su dimensión más espiritual y sus valores intangibles.

Desde sus primeros trabajos hasta las actuales composiciones de gran formato, discurre un proceso de sofisticación técnica y discursiva que culmina en sus celebradas series arquitectónicas, como Catedrales y Palacios o las Nuevas Arquitecturas, donde consuma con éxito ese potente recurso que es la adición de imágenes interiores y exteriores para manipular esa realidad preexistente que nos invita a descifrar. Siguiendo la lógica de la máxima visualidad y fidelidad al detalle, Roland Fischer produce retratos múltiples o singulares (algunos tan sutiles como los de las personas que emergen del agua) y realiza "composiciones fotográficas" que acumulan el resultado de todo un proceso de observación y captación que se muestra simultáneamente. Consciente de que no existe imagen sin contemplación, Fischer abruma los sentidos o los "enfría". Satura el ojo con la belleza de la arquitectura gótica o lo lleva al extremo radical de los planos geométricos y del color. Ejemplo de ambas soluciones son, Alhambra -una exacerbación de la filigrana de la arquitectura islámica que nos envuelve con su exultante materialidad- y Jardín en Sevilla -obtenida por doble exposición de los árboles y la arquitectura de un patio andaluz-. En contraposición, el distanciamiento formal de Casa Gilardi, una abstracción muy depurada de los planos arquitectónicos.

El mundo de Fischer es desde luego un mundo seductor, un espacio conceptual donde los opuestos conviven en perfecta y armónica confrontación, una construcción mental, una fábula contemporánea que tensa el arco de nuestras emociones.