Image: ¿Por qué está esto aquí?

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¿Por qué está esto aquí?

¿Qué hace esto aquí?

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Vista de la exposición con Avenzza Revited de Louise Bourgeois en el centro. Fotografía: Montserrat de Pablo

Comisarias: Marta García-Fajardo y Amparo López Redondo. MUSEO LÁZARO GALDIANO. Serrano, 122. Madrid. Hasta el 20 de junio.

Hace un mes se publicaron en el BOE las cuentas de 2007 de la Fundación Lázaro Galdiano, que se mantiene gracias a los intereses de los activos financieros que forman parte de su patrimonio -legado del coleccionista Lázaro Galdiano al Estado-; en ese año, la subvención del Ministerio de Cultura fue sólo de 65.000 euros para obras de reforma; en 2011, se le han asignado 135.000 para gastos de funcionamiento. Con unos elevados gastos de personal y de mantenimiento de la colección, el palacio y los jardines, a la Fundación no le queda apenas nada para organizar actividades, artísticas y culturales, tan necesarias para mantener un museo vivo. Trae conciertos patrocinados, organiza talleres y visitas guiadas... pero las exposiciones escasean y suelen ser modestas, aunque se intente que tengan calidad.

Incluir obras de arte contemporáneo en pinacotecas históricas no es nuevo, ni siquiera en el Lázaro Galdiano, que ha invitado en los últimos años a algunos artistas a dialogar con el museo. Si se elige bien y se monta bien, el enriquecimiento mutuo está asegurado, así como la "actualización" y dinamización del museo. Por lo general, los mejores resultados se dan cuando se encarga a los artistas que creen ex profeso obras para un contexto concreto, pensando ya en los espacios y las obras. La exposición ¿Qué hace esto aquí?, a pesar de que no incluye ese tipo de encargo -que supone para los artistas un respaldo institucional y económico muy necesario-, sale airosa de la prueba.

Aunque podría haber resultado incluso mejor si, en vez de 33 obras, se hubiese traído una docena, las más importantes y las que mejor se hermanan con las obras del museo. Son la magnífica Avenzza Revisited de Louise Bourgeois, junto al Aquelarre de Goya, con cuyos grabados se pone en relación un negro Baselitz; Sara en el espejo de Juan Muñoz frente al retrato de la Condesa de Monterrey de Carreño; el dibujo musical de Kandinsky junto al retrato de la hija de González Velázquez tocando el piano; las algas y conchas de Maruja Mallo con las naturalezas muertas holandesas del siglo XVII: la Escena bucólica, de Equipo Crónica, con citas a Brueghel, en la sala de los pintores flamencos; el retrato de Léger con los bustos femeninos ingleses; la crucifixión de Saura con la del Maestro de los Nimbos Pintados... Son muy buenas las obras de Cristina Iglesias, casi inencontrable, Leiro y Kiefer, pero su instalación en otro edificio hace que se descuelguen de la conversación.

La colección de la Fundación Mª José Jove pertenece en realidad a Manuel Jove, presidente de la corporación Inveravante, creada tras la venta de su inmobiliaria, Fadesa, a Martinsa: el cuarto hombre más rico de España (Forbes). Iniciada hace sólo unos 15 años, está integrada por más de 500 obras, la gran mayoría de las cuales son de interés menor. Parece que está cambiando de rumbo y suma ahora obras más ambiciosas -hay ejemplos de ello aquí- pero no creo que pueda calificarse como una colección de primera categoría. ¿Por qué está esto aquí? Porque la Fundación Mª José Jove asume gran parte de los gastos derivados de la muestra, pues le interesa mucho que las obras pasen por el museo. Y ¿por qué esta colección y no otra? Porque una relación de amistad ha propiciado el convenio. No parece un criterio muy sólido. ¿En qué medida se benefician uno y otro? La duda eterna cuando se encuentran lo público y lo privado.