Image: José Alemany vuelve a España
Chinese Lanterns, 1936
El caso de José Alemany (Blanes, 1895 - Provincetown, EE.UU., 1951) constituye una prueba fehaciente de la dejadez con la que las administraciones públicas, en materia de arte contemporáneo, abordan las cuestiones patrimoniales. Hace unos meses se armó un gran revuelo por la compra del archivo de Centelles por parte del Ministerio de Cultura. Era un conjunto mucho más grande que éste, y con mayor significación histórica y política. Pero las fotografías de Alemany tienen un valor artístico mucho más elevado; deberían estar en una colección pública, como uno de los escasos fotógrafos vanguardistas españoles en los años 30 y 40, en relación con las más importantes tendencias internacionales. En 2004 Adelina Moya, en una exposición que comisarió para la Fundación "la Caixa", dio a conocer a Alemany en España. Ahora, Guillermo de Osma ha adquirido nada menos que 700 fotografías, el grueso del archivo que quedó abandonado en un garaje cercano a su estudio y que rescató el coleccionista Jeff Rubenstein. Las fotografías están datadas entre 1932 y 1942 y hay verdaderas joyas.Alemany fue un hombre culto, profesor de Psicología y Lenguas Románicas en varias universidades de Estados Unidos, donde vivió desde los 22 años, bien informado sobre las artes de su tiempo y relacionado con destacados intelectuales. Conoció a Hans Hofmann y a Moholy-Nagy, a quienes retrató, estuvo en París en los años 1938 y 1939, donde tal vez vio la Exposición Internacional del Surrealismo, y consta que apreciaba no sólo la obra de los fotógrafos más influyentes en América, Stieglitz, Steichen, Weston, Adams... sino también a pintores como Georgia O'Keeffe, a la que homenajea en una de las fotografías expuestas. Desde 1935 se dedicó con intensidad a la fotografía y sobresalió entre los fotógrafos de Pittsburgh, donde se encontraba la sede central de la Photographic Society of America. Fue seleccionado para varios salones internacionales y realizó alguna muestra individual. Para esas ocasiones debió preparar algunas copias incluidas en esta exposición, primera de las tres programadas sobre este acervo. Las fotografías, todas vintages y la mayoría únicas, están pegadas sobre cartulinas, casi siempre firmadas y algunas tituladas y fechadas.
A partir de lo conservado, se puede concluir que es en el motivo natural donde Alemany da lo mejor de sí como artista. En las fotografías de plantas, flores y paisajes luce sus cualidades técnicas, su elegancia y una depuración formal que denota vínculos con la abstracción. Hay una cierta variedad estilística en las imágenes que refleja la curiosidad técnica del autor, al que le faltó quizá definir de forma más decidida su opción estética. Sus composiciones de objetos, siendo bastante modernas, carecen de la capacidad subversiva de la mejor fotografía surrealista. Y donde resulta menos convincente es en los retratos, en los que abusa de los aderezos sin lograr salir de los convencionalismos del retrato de estudio.