Image: Jorge Molder, vida ausente
Pinocchio , 2006-2009
En 2006, Jorge Molder (Lisboa, 1947) contrató a un escultor de figuras destinadas a museos de historia y despliegues didácticos para que hiciera dos réplicas de su propio cuerpo que se incluyeron en sendas exposiciones en el CGAC y la Fundación Telefónica; en Compostela se asomaba al Doble Espacio desde la vertiginosa pasarela que lo sobrevuela, mientras que en Madrid se "camuflaba" entre los visitantes, como espectador de su propia obra. Como en las antiguas imágenes de vestir religiosas y las esculturas de los museos de cera, para los dobles de Molder se personalizaron sólo las cabezas y las manos -el resto del cuerpo es genérico, aunque reproduce las proporciones del artista- mediante la realización de moldes. Si bien comenzó a fotografiar el proceso con idea de documentarlo, pronto vio que esas fotografías cobraban entidad como proyecto. Tardó tres años en producirlas para exponerlas en el centro de Culturgest Chiado8 el año pasado. Antes, en 2007, la serie se publicó como fotoensayo en la revista alemana Lettre international.Las fotografías sobrepasan ampliamente en interés a las esculturas, e introducen novedades significativas en la evolución de Molder. Las figuras parecían maniquíes sin expresión y resultaban torpes en el contexto de una trayectoria caracterizada por la profundidad psicológica. Sólo adquieren alguna relevancia ahora, cuando la serie Pinocchio -el muñeco con alma- les presta su intensidad emocional. La materia inerte se anima en algunas imágenes gracias al gesto, que en fotografía pierde rigidez, y, sobre todo, a la vidriosa mirada de los ojos falsos; en otras, aparece como excrecencia de la vida. El conjunto tiene un aire melancólico y hasta fúnebre; encontramos referencias a las imagines maiorum o máscaras de cera mortuorias romanas o las realizadas en tiempos posteriores a prohombres de la política y las artes, a la taxidermina o a los bustos relicarios cristianos, en las fotografías que muestran el tronco partido.
El proceso de construcción de los dobles pasa por momentos patéticos. No constituye una celebración de la forma humana sino que revela su decaimiento y su vulnerabilidad. Los pegotes de resina, los desconchones, las cuencas vacías y la peluca desajustada marcan un distanciamiento respecto a los "personajes" atractivos que Molder ha creado durante años en su prolongado empeño de autorrepresentación. Una distancia que es también técnica. En impresión digital múltiple, el gris se genera mediante la superposición a modo de veladuras de separaciones de color. Ese método, en concurrencia con el uso de papel de dibujo como soporte, produce un ligero desdibujamiento de las formas. Éstas se representan sobre fondos blancos, limpios, que contrastan con el tenebrismo de la mayoría de sus trabajos anteriores. Se puede hablar, en definitiva, de una reducción formal paralela a una complicación conceptual en la que el autorretrato se basa en la ausencia del modelo.