Image: Mateo Maté, scalextric madrileño
Viajo para conocer mi geografía, 2010
El circuito cerrado, como forma adicional de inspeccionar lo más cercano, hizo su aparición en un conjunto de trabajos de 2001-2002, titulados como la actual instalación Viajo para conocer mi geografía. Una cama, una mesa con los restos de una comida y una mesa de trabajo se transformaron entonces en "paisajes" que eran recorridos por un tren eléctrico o un avioncito giratorio a los que adosó la pequeña cámara que retransmitía el "viaje" en directo a un monitor. La pieza presentada ahora es una ampliación de esas obras de hace unos años, efectuando un salto sobre su trabajo más conocido en esta década, el de tema bélico, con series como los Paisajes uniformados. Así parece subrayarlo Maté, que la fecha en "2001-2010".
La gran sala de Abierto x Obras se ha convertido en un a primera vista caótico almacén de objetos que el artista, dice, ha llevado allí desde su casa (¿se habrá quedado vacía?). En realidad están dispuestos para evocar fragmentos de paisaje, edificios y calles, lo cual se aprecia mejor cuando se contempla la proyección en directo de lo que un cochecito eléctrico con cámara va grabando al recorrer el circuito ideado por Maté para recrear libremente la ciudad de Madrid. Atravesando puentes, túneles y avenidas, vemos algunos "edificios" reconocibles. La interacción con el espectador, que el circuito cerrado favorece, se efectúa de dos maneras: al deambular por la sala en seguimiento del coche y con la posibilidad de aparecer chupando cámara, como gigante en esa ciudad miniaturizada, en las imágenes retransmitidas. Es más que nada un divertimento. Pero entronca con los objetivos y las maneras de hacer del artista. Sobre todo en la observación y la manipulación de los objetos para revelar en ellos "otras realidades". En alguna ocasión se ha referido a ese acercamiento como "técnica perforante", aludiendo, supongo, a la acción de romper la superficie de la apariencia más evidente para hacer salir de ella otras formas y otros significados. Es lo que hacía cuando recortaba cuadros para crear figuras en relieve o cuando tallaba esculturas en pilas de periódicos. Aquí no hay una deformación de los objetos de partida, que sólo son modificados al pervertir su colocación habitual y la escala a la que los observamos. Subidos al coche, espiamos con su permiso su universo personal.
Como apuntaba, es una pieza para el gran público, lo cual está muy bien en el contexto en el que se muestra. Es de agradecer que los buenos artistas hagan a veces, cuando les parezca oportuno, obras accesibles que faciliten el acercamiento a la creación actual de un público que no es el habitual. Por ello, ¿es lo más eficaz aquí recurrir a Michel de Certeau o a Georges Perec en la presentación escrita de la instalación?