Image: Montañas de Concha García

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Exposiciones

Montañas de Concha García

En lo profundo del bosque

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Concha García: Vajilla, 2009

Galería Fúcares. Conde de Xiquena, 12. Madrid. Hasta el 30 de mayo. De 1.800 a 15.000 Euros

Siempre he considerado a Concha García (Santander, 1960) como una artista discreta en el mejor sentido de la palabra. Inteligente y dotada de buen gusto, tiene la capacidad de elaborar propuestas artísticas que aúnan el atractivo material con la seriedad conceptual. Sin hacer declaraciones altisonantes, se dirige de una manera muy directa al espectador, apelando a su experiencia cotidiana, para hacerle consciente de las grandes cuestiones que están contenidas en lo pequeño o en lo íntimo. Aunque trabaja con objetos domésticos, y a menudo con muebles, sus reflexiones sobrepasan esa dimensión para contemplar las esencias.

Con esta exposición su trayectoria experimenta una notable evolución al tomar como motivos principales la montaña, el árbol y el pájaro, asuntos de enorme trascendencia cultural y poética que ha sabido integrar con fluidez en su coherente trayectoria artística. En la presentación que ella misma hace de la muestra, titulada de forma elocuente En lo profundo del bosque, esboza una genealogía romántica de tales asuntos citando a Goethe, a Rafael Argullol y a José ángel Valente. La profundidad es un concepto que puede entenderse de muchas maneras, todas muy enriquecedoras para el intelecto y para el espíritu. Cuando Concha García habla de profundidad no está, a juzgar por las obras que nos presenta, refiriéndose tanto a la experiencia real del recorrido del bosque, a sus misterios orográficos o botánicos: está meditando sobre las múltiples relaciones entre la materia, la forma y el espacio a través de las que entendemos el mundo.

En la sala de entrada encontramos la escultura que ya mostró en ARCO: una "montaña de cristal" integrada por copas en las que se han insertado unos abetos en miniatura, de los que se usan en las maquetas. La forma de la copa insinúa un brindis por la naturaleza, y el cristal, asociado a la montaña, constituye un motivo romántico importantísimo. Pero la idea de "elevación" que irónicamente no alcanza grandes alturas es, por otra parte, recurrente en las piezas. En la sala interior, una gran instalación vincula el bosque a los pájaros. En ella podemos considerar, en los abetos de plástico, la forma desposeída de su sustancia y, en las estructuras de madera de sillas, mesas y sofás, la sustancia destituida de su forma natural. Que la madera contiene la historia del árbol ya lo demostró plásticamente Giuseppe Penone. Aquí la argumentación es dialéctica. Impregnada de un dinamismo que tiene su equivalente en el aleteo de los pájaros, en las piezas mayores o situado en su entorno. La instalación trata de una animación basada en la célebre película de Hitchcock: artificio inspirado en un artificio que quiere referirse a una realidad natural. En ella, y en el tríptico fotográfico relacionado, los fantasmas desmaterializados de los pájaros parecen reclamar acechantes los árboles talados. Una naturaleza rota a la que se alude también a través de la pila de platos quebrados en los que se representa una escena entre idílica e industrial de la explotación forestal.