Exposiciones

Sharon Harper: enseñanzas del cielo nocturno

Moon studies and star scratches

Publicada

Moon Studies and Star Scratches, No. 9, June 4-30, 2005

Galería Arnes & Ropke. Conde de Xiquena, 14. madrid. Hasta el 29 de marzo. De 4.200 a 6.500 E.

Por la noche, no sólo vemos de manera diferente: el mundo es otro. Hemos dejado de percibirlo en las ciudades. Basta dormir en un lugar aislado, en la naturaleza, para volver a sentir cómo se adapta el ojo a la oscuridad y cómo cae el silencio. Hace unos días se ha clausurado la exposición en White Cube (Londres) de las bellísimas fotografías realizadas a la luz de la luna por Darren Almond; en Madrid, tenemos ahora la oportunidad de conocer el trabajo de Sharon Harper (1966), una artista casi secreta que, aunque se estrenó con una individual en el Whitney Museum y es profesora en Harvard, ha tenido escasa presencia expositiva. El cielo nocturno, de connotaciones románticas y sublimes, es el tema de sus fotografías y sus vídeos, que plantean diversas cuestiones relacionadas con la visión y la fotografía. Los "estudios de la Luna" recogen en una misma transparencia de gran formato (hasta 20 x 25 cm) múltiples exposiciones en diferentes noches y lugares dando lugar a un irreal firmamento salpicado de lunas en diversas fases. Los "arañazos estelares" también resultan de una repetida utilización de la misma placa, pero los tiempos de cada toma son más prolongados, de manera que las estrellas dibujan líneas de luz en composiciones azarosas que la artista no descubre hasta que revela la fotografía. En realidad, Harper no inventa nada con estas técnicas de exposición múltiple y de apertura prolongada del diafragma en condiciones de baja luminosidad, pero la aplicación que hace de las mismas es muy interesante por más de un motivo.

Nuestro cerebro no puede percibir sincrónicamente, por lo que el registro del tiempo que es capaz de realizar la cámara nos abre nuevas perspectivas. Además, fotografiar el firmamento implica recoger luces emitidas en el pasado: la de Próxima Centauri, la estrella más cercana a nuestro sistema solar, tarda más de cuatro años en llegarnos; las más lejanas -entre las que el ojo alcanza- son las de la galaxia de Andrómeda, a dos millones y medio de años luz. En éste y otros proyectos anteriores, la artista contrapone lo estable y lo fugitivo. Desplazamiento, transformación, azar y "equivalencia" anímica en la tradición de Stieglitz o Minor White son constantes en su acercamiento al paisaje, nunca contemplado como algo inamovible: en la serie Flug (Vuelo), lo mostraba desde el tren; en Moonfall desde el cielo, a través de las nubes; en Walkabout, de forma casi calidoscópica. Hay en ella una tendencia a la abstracción, pues las referencias a la realidad figurativa son mínimas; en estas fotos, apenas la fantasmal presencia de un tejado o la copa de un árbol. En los vídeos -entrecortados por el uso de una velocidad de obturación lenta- se confirman esas características y se superpone un clima, sobre todo en el que capta una tormenta nocturna, de "revelación": de nuevo, las luces "sublimes" de los relámpagos, de alguna luciérnaga incidental, o de la luna reflejada en el agua ondulante de una orilla, -todas fuentes naturales de iluminación- provocan una experiencia del paisaje más allá de los límites de la visión.