Image: Durero y Cranach
Durero y Cranach
Arte y Humanismo en la Alemania del Renacimiento. Comisario: Fernando Checa.
Sanson y Dalila, h. 1537, de Lucas Cranach.
La época de Durero al completo; el Renacimiento alemán en todo su esplendor en la Fundación Caja Madrid y en el Museo Thyssen. Si en nuestro número anterior les adelantábamos las mejores obras, las diez imprescindibles, hoy, de la mano de Elena Vozmediano, paseamos por las salas de esta magnífica exposición.
Dörerzeit, la época de Durero. Así se refirió la historiografía germánica a las primeras décadas del siglo XVI. Trabajaron en ese momento y en ese ámbito otros enormes artistas como Matthias Grönewald, Lucas Cranach, Hans Baldung, Albrecth Altdorfer y Hans Holbein. Pero sólo en Durero se acumulaban las dotes y las inquietudes que le cualificaban para poner como nadie en imágenes el clima religioso, intelectual y político de su tiempo. Es lo que Fernando Checa ha querido reflejar en esta rigurosa exposición que estudia ese clima en dos universos paralelos: el de la evolución formal y social de la pintura alemana (en el Museo Thyssen) y el de su íntima relación con la vida espiritual y cortesana (en la Fundación Caja Madrid). No se trata de una exposición que "entre por los ojos"; exige, para obtener enseñanza y provecho de ella, alguna lectura (el catálogo es muy recomendable) y un esfuerzo de observación del detalle, de atención a los símbolos, a las narrativas. A Checa pocos le pueden toser en este terreno: la altura científica de la muestra está garantizada. La relevancia artística la ponen los citados pintores, además de algunos predecesores y seguidores de menor estatura. No están aquí, y es comprensible, obras mayores de Durero como el Altar Paumgartner, el Descendimiento o la Adoración de los Magos. Pero sí una gran proporción de pinturas excelentes, dibujos fascinantes y grabados muy significativos, en las mejores tiradas que se conservan. Casi todos por primera vez en España.El Renacimiento alemán es muy diferente del italiano. La inspiración literaria es más griega que latina, y en sus derivaciones más ocultistas y esotéricas. El modelo formal no está en la arquitectura y la escultura clásicas sino en el contexto noreuropeo y tardogótico de valoración creciente de lo natural, del mundo físico y de sus particularidades. De ese precedente, que es teológico y estético, quedan en vida de Durero la representación detallada, el gusto por los materiales ricos, la carga simbólica en lo real; perviven incluso ceremonias cortesanas como los torneos y las cacerías que tan expresivamente escenifica Cranach y que Checa convierte en centro de uno de los capítulos más atractivos de la muestra. Pero el paso del XV al XVI es, como se afirma aquí, conflictivo. La consolidación de los estados modernos y la reforma protestante son causa continua de enfrentamientos. Al tiempo, la imagen artística vive un proceso de redefinición de sus funciones y el artista comienza a tener otras aspiraciones sociales e intelectuales. La exposición revisa estas transformaciones y consigue transmitir tanto el dramatismo anímico como el anhelo de belleza que caracterizan la época. Una belleza no normativa. Uno de los grandes empeños de Durero fue profesionalizar la enseñanza artística, siguiendo los valores del Humanismo. él fue admirado por su capacidad imitativa; el "nuevo Apeles" reproducía formas, texturas y atmósferas con prodigioso naturalismo, nunca antes visto. Pero en las obras de los otros artistas presentes en la muestra podemos comprobar lo divergentes que eran sus visiones. La vena imaginativa, individualista, inquietante de la pintura alemana se pone de relieve en las raras figuras de Baldung, las desbordantes y opresoras naturalezas de Altdorfer, las crueles heroínas de Cranach, de una raza única.
Frente a esas excentricidades, Durero se presenta como hombre cultivado y elegante. La exposición se abre con su efigie del Prado, un profundo retrato de su padre y las tres llamadas "estampas maestras" -Melancolía, El caballero, la muerte y el diablo, San Jerónimo en su estudio-, interpretadas como "autorretrato intelectual" del artista. El marco social y artístico de Nuremberg, el viaje de Durero a Italia (sorpresa: dos magníficos Bellini), el desnudo y la naturaleza, el retrato, los usos de la imagen religiosa y la mencionada recreación de los juegos bélicos son las etapas básicas del recorrido. La abundante obra sobre papel refleja la realidad de la difusión artística en el momento (Durero conquistó bienes y fama con sus novedosas estampas) así como la importancia que la imprenta, la relación entre imagen y palabra, tuvieron para la evolución intelectual y religiosa. Erasmo, Lutero, Melanchton, Maximiliano de Austria, Carlos V... personajes que marcaron la historia y que se nos aparecen de la mano de Holbein, Cranach, Durero. En torno a ellos, escenas apocalípticas, salvíficas, cuerpos ideales y cuerpos inverosímiles, pájaros y plantas observados tan de cerca, árboles animados, caballos enloquecidos, enigmas y mensajes cifrados, rostros casi palpables.