De la serie peluquería, 1979
Pulpo’s Boulevard pretende estructurarse como una serie de piezas e instalaciones que se van sucediendo a la manera de los escaparates de un pasaje que recorriera el siglo XX (lo dice uno de los comisarios, Jaime Brihuega). Se refiere, suponemos, al montaje en la planta baja de la sala, en el que hay algo de feria y ni rastro de reflexión histórica. ¿Y el pulpo? Fue peluca absurda en algunas fotografías de la serie Peluquería; hoy es, según dijo la artista en el acto de presentación de la muestra, cubierta por un velo negro y señalando al ninot de ocho metros que preside la sala, emblema de todas las criaturas indefensas sobre las que se ejerce una crueldad intolerable. Y laberinto (¿?). Si quieren saber cuál es la aportación de Ouka Leele al arte español -reconocida con el Nacional de Fotografía el año pasado- suban a la segunda planta: allí están las obras divertidas y gráficamente potentes, fiel reflejo del afán experimentador, amateur y fresco, de finales de los 70 e inicios de los 80. Sus muy pronto mediáticas fotografías coloreadas no eran una innovación real (las hacían ya el equipo Yeti y Jorge Rueda, cuyos trabajos ella conoció en Photocentro y Nueva Lente) pero sí una síntesis perfecta de cierta estética que hizo furor. Las revistas la adoraron y tuvo un gran éxito como retratista de sociedad y de gentes de espectáculo.Hace años que Ouka Leele se ha transformado en una confesa defensora de lo cursi, que pinta floripondios (por fortuna se ha minimizado en la exposición su obra pictórica), hace vídeos con hadas (inenarrable), escribe una poesía en consonancia y monta numeritos como el de las mujeres maltratadas en La Cibeles, una auténtica simpleza a la que se otorga en el montaje un lugar central y desmesurado. La Comunidad de Madrid, presidida por la señora Aguirre, que es prima de la artista (cuyo nombre oficial es Bárbara Allende Gil de Biedma), se ha empeñado en hacer de ella la artista madrileña oficial (e "integral"): le concedió su Premio de Cultura en 2003, le presentó su libro Floraleza y ahora le organiza esta muestra, enmarcada en la recuperación de una Movida ya más que difunta. Ahí están, no obstante, las obras, que dejan muy claro qué se puede esperar de esta nueva y ya larga etapa. Un homenaje, por tanto, que contribuirá a acabar con un prestigio artificialmente prolongado.