Michael The Cartographer. Sin título. Rotulador sobre papel
La influencia que el arte de los enfermos mentales ha ejercido en la creación "cuerda" del siglo XX es incuestionable. Desde las primeras décadas, gracias a la tarea divulgadora que emprendieron personajes como Hans Prinzhorn, historiador del arte y psiquiatra en Heidelberg, los artistas tuvieron acceso a un mundo que se había mantenido hasta entonces dentro de los confines del manicomio. El impacto fue determinante. Paul Klee hacía ya referencia al arte enajenado en 1912; Alfred Kubin, Max Ernst, Hans Bellmer, Jean Dubufet, Richard Lindner, Arnulf Rainer, Georg Baselitz, Christian Boltanski, Leon Golub, Jim Dine o Annette Messager, por mencionar sólo algunos de los ejemplos más preclaros, han reconocido su deuda con esos otros artistas. Dubuffet y Rainer han reunido colecciones muy importantes, la primera de las cuales se conserva en el Musée de l´Art Brut en Lausana. Rainer, cuya ausencia de esta exposición es de lamentar, colaboró con enfermos en algunas de sus obras, y llegó a someterse, con control médico, a drogas que podían inducir en él estados similares (con escaso éxito).Lo que aún no se ha definido claramente es el lugar que ocupan los artistas marginales en el extenso mapa del arte contemporáneo. Esta exposición pretende avanzar en su equiparación con los creadores "normales", yuxtaponiendo las obras de unos y otros. Es algo que se ha hecho no pocas veces, desde la exposición de Arte degenerado de 1937 a Visiones paralelas. Artistas modernos y arte marginal (Reina Sofía, 1993). Pero Mundos interiores al descubierto, que viajará en primavera a la Whitechapel Gallery y al Irish Museum of Modern Art, tiene la virtud de otorgar el estatus de artista, sin más adejtivos, a los autores seleccionados. Se propone, de un lado, acabar con el mito del artista ingenuo, que no sabe nada del arte profesional, y de otro, subrayar que el descubrimiento del arte marginal obedece a una necesidad de la vanguardia, equivalente a la recuperación primitivista, y que ambos forman parte de un "discurso común" y moderno. La exposición, por tanto, trasluce un cambio de enfoque, una intención. Que no se corresponde con el tratamiento que el Arte, como sistema económico, da aún a este asunto. Aunque no nos quepa la menor duda sobre el gigantesco talento de no pocos de estos artistas y sepamos que existe un mercado para sus obras, lo cierto es que sus obras son coleccionadas generalmente por museos y particulares especializados en ellos y no por las instituciones que marcan el mainstream. Hay excepciones, como ésta del Irish Museum, o la bien conocida galería vienesa Galerie Nächst St. Stephan, que desde 1969 expuso obras de artistas psicóticos del hospital de Gugging. Pero la norma sigue siendo la segregación.
En el montaje, las obras de los marginales -que proceden en buena parte de la colección del escritor, cineasta y galerista Victor Musgrave, continuada (tras su muerte en 1984) por su compañera Monika Kinley y depositada en el Irish Museum- se han intercalado con las de los profesionales, sin ninguna otra pista para distinguirlas en la ficha técnica que el prestador (la mencionada especialización de las colecciones). Tampoco hay un orden cronológico, y la estructura de la muestra viene dada por una serie de temas clave: paisajes imaginarios, sueños y cuentos, erotismo, máscaras, escrituras. La prueba de fuego sería: ¿son distinguibles los productos del trastorno del arte "sano"? No siempre. Es verdad que el arte alienado presenta muy a menudo características formales como el horror vacui, el dominio del dibujo, la dialéctica entre orden y caos, la recurrencia de motivos y el estilo personal bien identificable... Pero, a medida que han transcurrido las décadas, el arte contemporáneo ha interiorizado modos de hacer que se acercan al universo de los perturbados. Se podría decir que en las primeras décadas del siglo XX, la modernidad de los artistas marginales era más evidente; hoy llama más la atención la extravagancia de sus mundos, su compulsividad y su apartamiento del comercio y las tendencias. Hay que tener en cuenta también que en la segunda mitad del siglo la práctica clínica ha tendido a tratar las dolencias psiquiátricas con tranquilizantes que alivian sin duda los padecimientos de los enfermos pero atenúan su urgencia creativa. En cualquier caso, como dice en su texto Roger Cardinal (que acuñó en 1972 la expresión outsider art), comprobamos que estas creaciones "nunca son amables para la vista".
Genio y locura. Es obvio que no todos los locos son artistas pero también lo es que la locura da acceso a unas potencias y una visión muy valiosas para algunas formas de arte. Entre los artistas, sin adjetivos, de esta muestra, hay algunos que aguantan sin inmutarse la vecindad de Klee, Bellmer, Ensor o Nolde (aquí cabe reprochar al comisario que a menudo haya traído obras menores de muchos de los artistas sanos y que se haya quedado en la generación de los 60). Ningún amante del arte contemporáneo puede dejar de conocer las obras de Louis Soutter, Adolf Wülfli, Joseph Yoakum, Michael The Cartographer, Bill Traylor, August Natterer (¡qué fabuloso dibujo!), Henry Darger, Paul Duhem, Richard Nie o Scottie Wilson. Grandes.