Image: Richard Billingham, también un lugar

Image: Richard Billingham, también un lugar

Exposiciones

Richard Billingham, también un lugar

Black Country

Publicada
Actualizada

Sin título nº13, de la serie Black Country, 2003

La Fábrica. Alameda, 9. Madrid. Hasta el 5 de noviembre. Precio único: 13.000 e

Es difícil olvidar la crudeza de las fotografías que durante años hizo Richard Billingham (Cradley Heath, Birmingham, 1970) a su disfuncional familia, y gracias a las cuales "fichó", ya en 1995, por la galería londinense Anthony Reynolds, obtuvo el prestigioso Citibank Photography Prize en 1997 y fue incluido en la colectiva Sensation, convirtiéndose en una celebridad, en un Young British Artist. Cuando fue candidato al Turner Prize en 2001, mostró, junto a estas imágenes familiares, algunas figuras en exteriores y paisajes vacíos que desconcertaron a sus seguidores. Y, sin embargo, en el desarrollo de este género, Billingham ha demostrado una coherencia y una honestidad aplicables a toda su aún corta trayectoria, que podría haberse cuestionado debido a su inicial "sensacionalismo". La fidelidad a su entorno -lo que él ha llamado "cercanía"- sanciona a este joven británico como artista. Hoy proliferan los creadores de todo pelaje -buena cosa-, pero no todos tienen algo importante que comunicar. Abundan los que "fabrican" obras según las modas formales y argumentales. Por el contrario, parece que Billingham tuvo desde su época de estudiante la necesidad de elaborar artísticamente aquello que le quemaba; lo que le dolía y a la vez amaba. Una familia y un lugar marcados por una lenta degradación de la que ellos no eran únicos responsables. Esa necesidad le llevó a buscar primero y a perfeccionar después el medio y la visión.

De la instantánea a la composición planificada. De la urgencia al detenimiento. Esa podría ser la línea de aprendizaje de los recursos de la fotografía de paisaje de Billingham, que reconoce haber tomado como modelo la pintura -su primera vocación-, y en especial a Constable, y confiesa una pasión por la botánica y la zoología difícilmente adivinable en su obra primera. En esta primera individual del artista en España se han reunido ocho obras de la reciente serie Black Country (encargo de The Public, West Bromwich), en la que fotografía, de noche, las calles de Cradley Heath, siempre a una distancia recorrible a pie desde la casa en la que nació. Incursiones en el silencio de callejones y rincones anodinos, dignificados y vivificados por la transferencia emocional que el artista proyecta sobre ellos y por una exhalación de la Naturaleza apenas perceptible. Las malas hierbas hablan de la irreductible fuerza del suelo, de esas Midlands agrícolas transformadas por la industria; las largas exposiciones, que permiten apreciar los particulares bajo la luz coloreada de neones y farolas, recogen el movimiento que un viento ligero imprime a las hojas de los árboles y arbustos. En detalles laterales, advertencias sobre lo dificultoso de la vida en estos quietos recodos urbanos: la puerta abierta de un coche, señalizaciones que informan de patrullas ciudadanas, de la vigilancia de empresas de seguridad, de la fragilidad de un tejado... Billingham nos evita la incomodidad de su mirada descarnada de la figura; a cambio, nos traslada a un escenario desusado y espeso.