Image: César Martínez y el aire de la vida

Image: César Martínez y el aire de la vida

Exposiciones

César Martínez y el aire de la vida

Entre irse o quedarse...

Publicada

El cuerpo idealizado, 2002

Centro Cultural Conde Duque. Conde Duque, 9-11. Madrid. Hasta el 2 de enero

El Centro Cultural Conde Duque se adelanta al conjunto de exposiciones de arte hecho en México que se celebrarán en paralelo a la próxima edición de ARCO, en la que éste será el país invitado. Y lo hace con una figura destacada en su plástica reciente, el escultor y performer César Martínez (México D.F., 1962), que ha llamado ya la atención en España con sus esculturas que se hinchan y deshinchan traídas en años pasados a la feria por la prestigiosa galería de Turín Marco Noire, y con varias performances "antropófagas" realizadas en Madrid (A vueltas con los sentidos, en Casa de América), Salamanca (Comer o no comer, en CASA), Barcelona (Banquete, Palau de la Virreina) y Mallorca (El cadáver exquisito, Fundación Pilar i Joan Miró). ésta es, sin embargo, la primera muestra individual en nuestro país, bajo el enrevesado título de Entre irse o quedarse, el imperdurable mente presente.

La exposición se divide en dos partes. A la derecha de la entrada, un experimento de instalación poco logrado en el que ha pretendido crear una "respiración" de la propia sala, disponiendo longitudinalmente, y marcando las naves, cortinas blancas que son hinchadas por ventiladores e iluminadas con luces rojas a intervalos fijos, rimbombantemente acompañada del Introitus del Requiem de Mozart. La misma atmósfera eclesial es evocada en la sala de la izquierda, en la que se distribuyen las esculturas de látex hinchable y que es presidida, colgadas en "la cabecera" y "los pies", por sendas esculturas que hacen recordar esas tallas románicas que perdieron su soporte o su marco, y en especial las del Descendimiento románico de Erill la Vall.

En un primer acercamiento se puede tener, justificadamente, la tentación de minusvalorar las esculturas de César Martínez como un trabajo "fácil", por su escasa elaboración formal y su vocación popular, pero, cuando menos, ofrece una serie de puntos de partida para la reflexión en diversos ámbitos. El proceso de fabricación de las esculturas, ilustrado en el catálogo, se basa en la extracción de moldes de personas cercanas que, con los ojos lógicamente cerrados, remiten de forma inmediata a la tradición de la máscara mortuoria. Entre la muerte y la vida, o "entre irse o quedarse", las figuras finales, en un monocromo gris ceniciento más bien fúnebre, son "animadas" rítmicamente, cada 30 segundos, por un chorro de aire, asociado al hálito vital creador en tantas culturas. Las esculturas, como en la estatuaria griega clásica, están vaciadas, son pieles que, en palabras del artista, "desafían la gravedad de la escultura, su fortaleza". Pero además, el asunto del aire que respiramos tiene otras implicaciones en una ciudad como México D.F, donde la contaminación es brutal. Martínez, atento a la degradación ambiental causada por la industria y la masificación urbana, ha realizado algún proyecto relacionado, por ejemplo, con la calidad del agua en su ciudad; con estas obras hace referencia a la imposibilidad de mantener el modelo energético basado en los combustibles fósiles. Por otra parte, se plantean cuestiones como la vida mecanizada, el "desinflamiento" de las relaciones humanas o la estética de la ruina y del cuerpo fragmentado, con sus cabezas y miembros autónomos.

Participación, canibalismo y, de nuevo, franqueamiento de las fronteras entre muerte y vida son aspectos fundamentales en las festivas "performan-cenas" de César Martínez, como la que tuvo lugar el día 11 de noviembre con motivo de esta exposición: el público asistente pudo devorar a "Johnny Idea" (yo ni idea), un anónimo cadáver de chocolate.