Image: Warhol, american prints
Grevy"s Zebra, 1983 (F. Mazzotta)
El arquitecto y diseñador Dani Freixes ha convertido la sala Alcalá 31 en una enorme tienda de grabados, un "American Prints" que encantará al público más joven, y que es paradigma de la creciente importancia de la mercadotecnia cultural y artística. Hay que presentar bien el producto, sobre todo si el producto no es del todo de lujo: una razonable selección de obra gráfica sobre papel, una buena representación de sus películas y un pobre conjunto de documentos, todo ello engordado por un montaje espectacular. Sendas cortinas de dólares y de plumas sobre las que se proyectan imágenes de las celebridades que Warhol adoraba, neones rosas que marcan fechas en el recorrido entre los caballetes que sostienen los grabados, una escalera con peluche rojo y otra con papel de aluminio (material que recubre también el mostrador de información), música de los Velvet Underground y vitrinas con las letras que componen el nombre del artista. Seguramente a Warhol no le habría disgustado.Los textos de presentación del catálogo rememoran nostálgicamente los viejos tiempos en que la obra de Warhol vino a España: en 1975 y 1977 a Barcelona, que él no pisó, y en 1976 y 1983 a Madrid, esta última vez sí con su asistencia, en la galería Fernando Vijande. Y realmente se puede decir que aquella exposición fue más importante que ésta. La gráfica de Warhol no es en absoluto despreciable, sobre todo si pensamos que sus cuadros más ambiciosos no se diferencian mucho de sus ediciones, pero no se puede vender como gran retrospectiva una selección que viene determinada por lo disponible en los fondos de la Fundación Mazzotta de Milán (editores de libros de arte) y de la Galería Sonnabend. Al margen de esto, es muy recomendable pasar por la exposición para admirar algunas de las magníficas carpetas expuestas y apreciar la evolución del particular estilo del artista. Las primeras series son terribles, pero su talento gráfico comienza a brillar cuando se adueña de imágenes reproducidas en los medios de masas a mediados de los 60. Más allá de las famosas flores y las Marilyn, la cumbre se sitúa en 1975, con las extraordinarias variaciones del retrato de Mick Jagger y los travestis de Ladies and Gentlemen, que escapan de la elegancia estática de sus "retratos de Corte".
Pero la mayor aportación de la exposición la constituyen las dieciséis películas que se pueden ver en la planta superior. Más vale, no obstante, que sepan un poco de italiano si las quieren seguir, porque ¡están casi todas dobladas a esa lengua! Cinco de ellas no son de Warhol (detalle que no se menciona en las cartelas, que tampoco advierten de la duración) sino que fueron dirigidas por Paul Morrisey, aunque el asunto de la autoría siempre sea resbaladizo en las producciones de la Factory. El cine de Warhol es, si no les interesan el porno ni las conversaciones aderezadas con drogas, plúmbeo, pero incorpora innovaciones de lenguaje experimental y fue en su momento un revulsivo con un eco enorme en el mundo del underground, hasta que él mismo decidió retirar todas las cintas de circulación en 1970, convirtiéndolas en mitos.
El apartado documental consiste en unas portadas de discos, unos números de la revista que dirigió, "Interview", un par de carteles, unos catálogos y libros, y contadas fotografías de su visita a Madrid. Al fondo, junto a la escalera, se apelotonan tres de las obras que se exhibieron en Vijande: entre ellas un estupendo cuadro de cuchillos.