Image: Antón Lamazares

Image: Antón Lamazares

Exposiciones

Antón Lamazares

2 diciembre, 2004 01:00

Follente Bemil I, 2004

La Caja Negra. Fernando VI, 17. Madrid. Hasta el 15 de diciembre. De 750 a 1.600 euros

En la obra de Antón Lamazares (1954) pueden encontrarse dos parejas de opuestos, casi paradojas, que sirven como guías para recorrerla. La primera la integrarían lo rudo y lo sutil, la delicadeza y la brutalidad. Desde los materiales y soportes que emplea el artista gallego hasta la fijación de los temas, todo se ve sacudido a la vez que armonizado por ese cruce imposible. En el caso de esta nueva individual asistimos a una perfecta alianza entre uno de sus habituales materiales pobres, el cartón, y las refinadas técnicas de barnizado a las que ha sometido a las serigrafías. En cuanto a los temas, por una parte, en esta muestra, Lamazares se acerca a los de aquella individual que tuviera lugar hace un año por estas fechas y, en la serie erótica Follente Bemil, hace del desenfreno sensual y sobredimensionado de órganos sexuales manifiestos y turgentes una panzada de deseos satisfechos. De alguna manera, se trata de imágenes que tienen algo de bárbaro, pero quedan siempre alejadas de cualquier fetidez. Lo explícito se congratula aquí con lo fresco y lozano y con la finura con que se trata las formas. En la otra serie, Follas de sempre encontramos el reverso de esa misma moneda, en una suerte de viaje de introspección espiritual donde, en cambio, las formas son tratadas con más urgencia y virulencia, con estallidos y manchas, con sublime tosquedad. Esto abre camino a la otra pareja de extremos anunciada líneas más arriba: la que componen vida y sueño. Lo más cercano a lo humano, a la vida humana en el mundo, se entrelaza aquí con la deriva interior, la abstracción y lo onírico. Hablar de comunión entre el espíritu y la carne es quizá la mejor forma de resumir la obra presente de Antón Lamazares.