Image: McGinness y la superabundancia icónica
Vista de la instalación Living Signs
El arte contemporáneo no ha conseguido casi nunca conectar con la sociedad en la que se produce. Incluso hoy, en la época de las grandes exposiciones de masas, la incomprensión y el desinterés son flagrantes. ¿Se puede culpar sólo a los espectadores? Los artistas optan por el ensimismamiento (intelectualización, hermetismo), por diversas formas de intervención en lo social (consumo, política, compromiso social, polémica mediática...) o, más modestamente, por intentar, a menudo con mucho escepticismo, hacer algo mínimamente comunicable. En este clima, determinados creadores, salas comerciales e instituciones buscan "enganches" en más de un sentido rentables y no siempre legítimos desde el punto de vista artístico con el público no especializado. La moda y el diseño, el ocio juvenil o la música más moderna se han instalado en galerías y museos. Sería estúpido pretender detener lo que ya está aceptado e institucionalizado y tal vez no haya, a medio plazo, otro futuro que éste para el arte, pero hoy por hoy me parece necesario decir que, aunque haya en estos ámbitos creadores enormemente talentosos y respetables, lo que hacen se consume de otra forma y afecta de manera diferente.Pero la frontera no siempre se percibe como una línea perfectamente dibujada, e incluso es posible jugar a dos bandas. Es lo que parece pretender Ryan McGinness, sin conseguir hacernos evidente el deslinde. Joven y ambicioso diseñador estadounidense (Virginia Beach, 1972), ha trabajado para famosas firmas como Sony, IBM, Sega o MTV y ha pegado el campanazo con dos exposiciones en una de las lanzaderas artísticas neoyorquinas, la galería Deitch Projects. Tuve ocasión de ver la última de ellas, el otoño pasado, y ciertamente era una muestra muy espectacular. Había creado un laberinto de espejos salteados de círculos serigrafiados con signos de variada raigambre, y había cubierto las paredes con dibujos y arabescos expansivos. En su debut en Madrid, ha ornado una esquina de la galería Moriarty con esos mismos arabescos y círculos: contienen diseños que frecuentemente combinan más de un signo y que buscan subvertir la apariencia de funcionalidad con mensajes chocantes o paradójicos. Además, presenta un conjunto de papeles y de cuadros en los que superpone por medio de la técnica serigráfica diseños que se concentran bien en la periferia de la superficie pictórica, bien en un punto del centro. McGinness tiene desde luego una gran aptitud gráfica y algunas de las obras son verdaderamente bonitas, especialmente el díptico con fondo negro brillante. Ironiza sobre la superabundancia icónica de la ciudad actual (que él contribuye a enriquecer), aporta sentido del humor y sensibilidad decorativa. ¿Y qué diferencia hay entre estas obras y sus diseños para camisetas y patinetes? Símbolos heráldicos se funden con rameados rococó, con dibujos de cuentos de hadas y con las convenciones de la señalización más austera. Flatnessisgod (lo plano es dios), dice en su libro-manifiesto (1999). Y, en efecto, reduce la historia del signo a la superficie, a la delgadez de la estampación en colores planos, equiparando motivos significantes e insignificantes.