Image: Márgenes y aledaños del paisaje

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Exposiciones

Márgenes y aledaños del paisaje

Paisaje y memoria

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Alfredo Jaar: The sound of music / sonrisas y lágrimas, 2003

Comisaria: Alicia Chillida. La Casa Encencida. Ronda de Valencia, 2. Madrid. Hasta el 13 de junio

Paisaje es uno de los términos más polivalentes y controvertidos de la cultura reciente. Geografía, urbanismo, jardinería y arte lo abordan desde distintos puntos de vista y valorándolo según criterios diferentes. Paisaje y memoria, proyecto de Alicia Chillida para La Casa Encendida, lo presenta según la mirada de una rutilante nómina de fotógrafos, vídeoartistas y cineastas internacionales de los últimos treinta años. No se pretende, sin embargo, trazar un recorrido cronológico, un desarrollo o una evolución, y la gran mayoría de las obras son de la última década. El criterio no es el de clarificar ideas sino el de mostrar la complejidad de las perspectivas: refleja, es cierto, la confusión actual, pero se hubiera agradecido un intento de estructura o categorización de actitudes que fuera más allá de la agrupación de las obras en fotografías, vídeos y vídeoinstalaciones. Por otra parte, la comisaria ha evitado casi siempre a los artistas que se han centrado en el diálogo directo con el paisaje como género artístico, como representación de la naturaleza más o menos intervenida por el hombre, y ha preferido contar con aquellos que lo han cultivado lateralmente, bien por el tratamiento del tema (un paisaje fragmentario, ficticio, industrial, heterodoxo y hasta dudoso), bien por lo esporádico de su dedicación. Se establece un seguramente involuntario paralelismo con los tiempos en que el paisaje se concebía sólo como escenario o trasunto de alegorías religiosas o profanas, batallas o escenas costumbristas, siempre teñido de ideología y rara vez valorado por sí mismo. En esta exposición -que con todas las impugnaciones que se le pueden hacer supone un buen principio para la reflexión y un inhabitual conjunto de buenas obras de arte actual- prima una mirada sobre el entorno que ha perdido por completo la ingenuidad y que busca destapar condicionantes políticos, sociales y culturales.

Sugeriría comenzar la visita a la muestra por la sala de vídeo (a la derecha según se entra), con un montaje que aprovecha muy bien el espacio y permite aprovechar también el tiempo echando un ojo a las otras pantallas en las proyecciones más morosas (reserven al menos un par de horas para la totalidad del recorrido si quieren ver un poco de todo). Es en esta sala donde confluyen las vivencias más intensas y reveladoras del paisaje, especialmente en los vídeos de Ana Mendieta, Marina Abramovic, Seifollah Samadian y Anri Sala, acompañados de trabajos, todos de gran calidad e interés de, entre otros, Robert Smithson y Nancy Holt, Bruce Nauman, García-Alix y Damián Ortega. Frente a ella, se ha dedicado otra sala al más emocionante conjunto de la exposición: Still Water (Por ejemplo, el río Támesis)", de la neoyorquina Roni Horn, que realizó una performance el día de la inauguración. Son quince fotografías de las aguas del río, con puntos señalados mediante una diminuta numeración que "se corresponde" con un flujo de notas sobre cómo vemos, sentimos y pensamos el agua. Bajando la escalera junto a este sector se accede a las llamadas vídeoinstalaciones que, salvo en los casos de Doug Aitken y Mireya Masó, no son más que proyecciones con audio. Es obligada la película de Smtihson sobre su Spiral Jetty, obra clave del Land Art, y encontramos en esta sección la única mirada al firmamento, obra de Montserrat Soto.

El recorrido se cierra con la sala de fotografías, absolutamente desordenada, en la que destacan las obras de Rodney Graham, Jeff Wall, el Autorretrato como árbol de Sam Taylor-Wood, Alfredo Jaar, Gabriel Orozco y el gran Sugimoto. Cada artista es lógicamente de su padre y de su madre, y se deja al espectador la labor de construir una lectura. Y esa labor se ve dificultada por algunas inclusiones poco afortunadas: no veo cómo considerar paisaje los papeles de oficina de Thomas Demand o, entre los vídeos, la manipulación de las comparecencias televisivas de Bush, o la genial cadena de objetos que se caen, ruedan o se queman de Fischli & Weiss. Tampoco parece que la intención de Tony Oursler en su montaje de imágenes sobre los atentados del 11 de septiembre fuera la de reflexionar sobre el paisaje urbano, y me parecen cuestionables los conceptos de un "paisaje televisivo" o de un "paisaje electrónico", ilustrado por el vídeo de Haluk Akakçe y otro trabajo, éste fotográfico y bien flojo, de Tony Oursler.

Del programa de cine y vídeo poco les puedo decir, ya que escribo antes de que se ponga en marcha, además de que comprende nombres tan señalados como Viola, Weiner, Calle, Marker, Kiarostami o Sokurov (consulten la página web del centro). El proyecto se completa con un taller de Lara Almárcegui, en el que se visitarán descampados, patios y demoliciones en el eje del Prado, y con un libro-catálogo multidisciplinar.