Image: Lacónico James Rielly
Good Boy, 2003.
Distrito Cu4tro nos acerca de nuevo, tras Abigail Lane, al arte británico más actual. James Rielly (Wrexham, Gales, 1956) practica un tipo de pintura de apariencia fría, dibujística, que es desmentida en el contacto visual directo. Desde hace al menos una década, ha tenido casi exclusivamente como modelos a los niños. Pero su visión siempre está mediatizada por fotografías, que no son familiares o personales sino extraídas de medios de comunicación. él mismo ha explicado que a menudo no trabaja a partir de una sola imagen, sino que combina detalles de varias, haciendo un collage de elementos. En la exposición que tuvo el año pasado en el Centro de Arte de Salamanca, CASA, con obras fechadas entre 1994 y ese momento, podía apreciarse su evolución desde una visión más grotesca y hasta macabra hacia la mayor moderación actual. Se han visto en sus obras alusiones ambiguas a los malos tratos a los niños, a la violencia sexual. Pero con los años, estas imágenes de segunda mano se han ido haciendo más lacónicas, han ido perdiendo las pocas claves de interpretación que el artista había permitido; se ha hablado de algo así como una negación de la comunicación. Quedan aún, sobre todo en las obras más pequeñas, presentadas formando polípticos, imágenes que pueden crear alguna incomodidad, pero se trata más de situaciones ridículas que agresivas. En las obras grandes hay que poner mucha voluntad para ver otra cosa que niños inexpresivos haciendo el ganso.James Rielly parece más preocupado en la actualidad por desarrollar habilidades técnicas. Una vez establecido un esquema temático y formal (fondos monocromos, figuras o rostros monumentales, muy en primer plano) se ha dedicado a enriquecer las superficies. Si bien en las reproducciones las obras tienen aspecto cartelístico, de áreas planas de color, existe un deleitoso tratamiento de texturas y tonos. éste es especialmente apreciable en la sala de abajo de la galería, donde la primera visión de los cuadros, lateral, descubre un tejido de trazos perlados. Grata a la vista, esta pintura recuerda a los tapices de sedas, a los bordados dieciochescos de tonalidades nacaradas. Los pálidos rostros infantiles, agigantados, de pelo pajizo y ojos de un azul limpio, no pueden ser más "rococó".