Image: La gran reserva del genio
Claude pertenece al patronato del Museo Reina Sofía y es la persona que dirige la Picasso Administration, una máquina de generar dinero. Tanto la suya como la de Paloma son las colecciones menos conocidas, siempre en el anonimato
Picasso fue el más importante coleccionista de picassos. Siempre conservó obras fundamentales de cada etapa, y cuando pudo recuperó piezas de las que antes se había desprendido. Tuvo una agitada vida sentimental y cuatro hijos, sólo uno legítimo. Nunca hizo testamento y cuando murió en 1973, a los noventa y un años, se abrió una de las más sonadas batallas hereditarias de la historia, por un total de casi mil cuatrocientos millones de francos de la época. No nos interesan aquí tanto las cuestiones personales como las que afectaron, y siguen afectando, al mundo del arte: ahora tanto las obras donadas por Christine Ruiz-Picasso como las prestadas por su hijo Bernard, con las que se inaugura el museo de Málaga, proceden de ese reparto. Tras la muerte de Picasso, lo primero fue inventariar las obras acumuladas en sus residencias y en los bancos: 1.885, 1.228 esculturas,7.089 dibujos, 3.222 cerámicas y 23.532 estampas. Tardaron cinco años. Se valoraron las obras y se calcularon los impuestos que se debían pagar: unos trescientos millones de francos. Entonces tuvo lugar la operación más importante para el mundo del arte derivada del reparto de la herencia: el Estado francés pidió a Dominique Bozo, curador del Musée National d´Art Moderne, que designara las obras que, en concepto de dación, satisfarían el pago de impuestos. Los hijos y nietos de Picasso renunciaron al "derecho de preferencia" y Bozo pudo elegir en primer lugar: 203 pinturas, 158 esculturas, 29 relieves, 16 collages, 88 cerámicas, cerca de 1.500 dibujos, 30 cuadernos y más de 1.600 estampas con los que se abrió al público, en 1985, el Museo Picasso de París. Los herederos han reconocido que Bozo se llevó lo mejor, las piezas de museo. Aunque todos tienen algunas obras de los primeros períodos, la mayor parte son de las últimas décadas, cuando abundan menos las obras maestras, únicas.Una herencia ingente
En 1981 se había completado el reparto entre los hijos y nietos de Picasso: del matrimonio de Picasso con Olga Koklova nació Paul; de su relación con Marie-Thérèse Walter, Maya; con Françoise Gilot, Claude y Paloma. Paul murió dos años después que su padre dejando dos hijos de distintos matrimonios: Marina y Bernard. Aproximadamente, Jacqueline, viuda legal, se quedó con un treinta por ciento, los hijos de Paul obtuvieron un veinte por ciento cada uno y los ilegítimos, Maya, Claude y Paloma, un diez por ciento.
La primera en elegir lotes fue Marina, que delegó en el marchante Jan Krugier. Le correspondieron unos 400 óleos y un gran número de piezas de otros medios. Posee, como Bernard, mayor número de obras de las primeras décadas, ya que algunas fueron consideradas bienes gananciales de Olga Koklova y debían ir a sus nietos. La difícil relación de Marina con su abuelo le hizo odiar durante muchos años las obras que había heredado. Krugier las administró inteligentemente para ella, sacando al mercado lo necesario para financiar la Fundación para la ayuda a los niños vietnamitas que Marina creó. Ha prestado su obra frecuentemente para exposiciones temporales.
El reparto
Bernard, el más joven de los herederos, es dueño del que se considera hoy mejor conjunto de obras. Hasta hace muy poco, apenas lo había movido salvo para préstamos puntuales. El ejemplo de su madre, Christine (ella explica en su texto cómo llegó a tener una colección propia), parece haberle animado a compartir sus posesiones con el público. En 2000, organizó una muestra con sus obras, Picasso: figura y retrato, en el Kunstforum de Viena y la Kunsthalle de Töbingen. Expresó entonces su deseo de concebir sus propias exposiciones temáticas, y ahora se ha mostrado generoso al hacer un préstamo a diez años al Museo de Málaga de casi 50 obras.
En cuanto a los ilegítimos, Maya Widmaier, que tiene ya casi 70 años, ha vivido más o menos modestamente en Marsella, con un pequeño número de picassos de carácter personal, y de vez en cuando emite certificados de autenticidad como experta en Picasso que han sido protestadas por otros miembros de la familia. Claude y Paloma prefieren el anonimato cuando acceden a prestar obras, y sus colecciones son las menos conocidas. Claude, miembro del Patronato del Reina Sofía, dirige la Picasso Administration con mano férrea. Paloma, rica y famosa por sus perfumes y diseños para Tiffany´s, anunció en 2001 la creación en Lausana de una fundación, de la que nada se ha vuelto a saber, para la difusión de la obra de su padre y de su madre, la mediocre pintora Françoise Gilot. En 1999 se divorció del dramaturgo argentino Rafael López Sánchez, con quien llegó a un acuerdo privado que posiblemente incluyera algunos picassos.
Se suele olvidar, al hablar de los herederos, a Catherine Hutin, hija única de Jacqueline Roque y su primer marido. Jacqueline, que tuvo la parte del león en la herencia, se suicidó en 1986, diez días antes de que se abriera en el antiguo MEAC de Madrid una amplia selección de su colección. Como se había hecho antes, el pago de impuestos por la sucesión se hizo en obras para el Museo Picasso de París: : 47 cuadros, 2 esculturas, 40 dibujos, 24 cuadernos, 19 cerámicas y 245 estampas. Hutin, casada con un brasileño, adoptó dos niños de las fabelas de Sao Paulo que recibirán con el tiempo una fabulosa herencia.
Una máquina de hacer dinero
Poseer picassos es garantía de vida fastuosa. Pero no es tan fácil venderlos. No son en su mayoría obras maestras, y son tantos que hay que dosificarlos mucho para no saturar el mercado. El gran negocio de los Picasso es otro: la Picasso Administration. El apellido les pertenece como marca hasta el año 2023, y persiguen con celo policial cualquier uso que se haga de él para cobrar, sin excepciones, incluido el uso del nombre del artista por parte de los museos a él dedicados.