Image: El grand tour de Vallhonrat
Coliseo, 2003.
Valentín Vallhonrat (Madrid, 1956) da un nuevo paso en su reflexión fotográfica sobre las relaciones entre realidad y ficción. Tras sus trabajos con animales disecados, esculturas devocionales y despojos de casquería, todos equívocos en cuanto a la diferenciación entre lo animado y lo inanimado, Vallhonrat se ha centrado en la confusión entre el original y la copia. La serie de habitaciones de hoteles "para el amor" adelantaba dos de las características que definen estas nuevas obras: la fotografía de reproducciones a escala y la fascinación "occidentalista" de la sociedad japonesa.En "Moonlight" vemos el Coliseo, una de las pirámides de Gizeh, el Partenón, la plaza de San Pedro en Roma, catedrales góticas y un grupo de templos budistas a la luz de la luna. Cuando el espectador se acerca, ve extrañado que los personajes que pululan en torno a los edificios tienen posturas un tanto hieráticas, realizan actividades incongruentes con el horario nocturno y ¡hasta se clonan! Son sin duda muñecos. Una mayor atención hace caer en la cuenta de los imposibles paisajes montañosos del fondo, que confirman que hay artificio e incrementan la perplejidad. Lo que el artista está realmente mostrando son maquetas construidas al aire libre en el entorno de balnearios y lugares de recreo que los japoneses visitan con sus correspondientes guías. Las exposiciones se han realizado con filtros que simulan una luz nocturna, apropiada para neutralizar las disonancias cromáticas y texturales que podrían revelar antes de tiempo el engaño. No obstante, Vallhonrat deja las pistas que nos llevan al placer estético e intelectual que produce el reconocimiento del simulacro, el cual se suma al más primario placer visual resultante de la indudable belleza de las fotografías. Pero hay un nivel adicional de comprensión de la imagen: su ubicación en el contexto histórico de convenciones en la representación. El artista ha manifestado que estas obras remiten en el aspecto compositivo a las primeras colecciones decimonónicas de fotografías de monumentos, pero podemos ir algo más atrás y relacionarlas con algunos tópicos románticos (Hubert Robert y sus ruinas con personajes pintorescos, los recuerdos del Grand Tour) y en general con previas representaciones pictóricas de arquitecturas (palacios o monasterios, generalmente también en series con rasgos unificadores), que solían amenizarse con figurillas elegantes o populares. La serie puede entenderse, así, no sólo como un simulacro de realidad, sino también como un simulacro de género artístico y de estilo.