Image: El ejército clónico de Anthony Goicolea

Image: El ejército clónico de Anthony Goicolea

Exposiciones

El ejército clónico de Anthony Goicolea

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Anfibios, 2002. Fotograma del vídeo

Casa de América. Paseo de Recoletos, 2. Madrid. Hasta el 27 de julio

Aunque su primera exposición individual tuvo lugar hace sólo cuatro años, el estadounidense de origen cubano Anthony Goicolea (Atlanta, 1971) se ha perfilado ya como valor internacional en alza. Virtuoso en el tratamiento digital de la fotografía y trabajando siempre con su propia imagen, ha formulado un tortuoso universo de adolescentes clónicos. En España, ha expuesto en Luis Adelantado (Valencia).

¿Se acuerdan de ese ejército de críos fríos y malvados, clones de Hitler, a los que Lawrence Olivier perseguía en Los niños del Brasil? Aquella película, ya en 1978 adelantaba no sólo cuestiones morales implicadas en las entonces imposibles técnicas de clonación, sino una potencialidad, la multiplicación de la imagen individual, que la manipulación digital de la fotografía ha popularizado. Anthony Goicolea se ha tomado a sí mismo como prototipo de otro ejército de niños siniestros que, aunque con la definición del mundo real, se mueven en el ámbito de lo inconsciente. La primera serie conocida del artista, Fairy Tales, de 1997, se componía de retratos (autorretratos) individuales de veintiséis personajes de cuentos populares, ordenados por sus iniciales, de la A a la Z. Eran fotografías en blanco y negro en las que la caracterización tenía más peso que el trabajo digital pero en ellas se establecía ya un vínculo hasta hoy vigente con las fantasías personales y colectivas. A partir de entonces, Goicolea se ha transformado, con una verosimilitud increíble, en una multitud de colegiales de trece o catorce años sometidos con total naturalidad a sus pulsiones primordiales y más urgentes, fundamentalmente eróticas (homosexuales) y agresivas, a veces con un lenguaje de insinuaciones o sospechas, y otras de manera mucho más evidente.

En esta primera exposición en Madrid se nos ofrecen dos bloques de obras en apariencia muy distintas pero íntimamente relacionadas. Por una parte, su última serie fotográfica, Paisajes, que en formatos inhabituales, sumamente alargados, prescinden novedosamente de la figura humana. El propio Goicolea, que estudió historia del arte, además de pintura y fotografía, ha situado estas obras en el contexto de la tradición de lo sublime en el paisaje norteamericano del XIX. Son antiguos bosques, glaciares y acantilados digitalmente "construidos", con huellas explícitas aunque absurdas de presencia humana. Pero son, sobre todo, los misteriosos "exteriores" de los cuentos y las pesadillas en los que los enfants terribles de Goicolea escenifican conflictos, mitos reelaborados y deseos ocultos. Estas complejas situaciones anímicas se desarrollan por primera vez en el tiempo en la obra de este joven artista en los cinco vídeos que constituyen el segundo bloque de obras de la exposición. Aquí regresan los adolescentes clónicos en una serie de corte surrealista en la que lo corporal y las funciones corporales son motivo crucial. Uno se muerde las uñas compulsivamente, otro se arranca mechones de cabello mientras hace un examen, a la vez que su compañero se ata tizas a cada uno de los dedos y rasca la pizarra hasta dejarla blanca, dos más se anegan en ¿sudor? cuando duermen... El sueño como territorio angustioso reaparece en Sleepers, seres reptantes, e igualmente oníricos son los encapuchados ("caperucitos") que se multiplican y corren por un bosque en Amphibians. Este desarrollo reciente del universo obsesivo de Goicolea en la videocreación ha supuesto un enriquecimiento de su discurso y, a diferencia de otros artistas jóvenes, sabe manejar los instrumentos del audiovisual.