Image: La perversión de Abigail Lane
The Inspirator (The Good, The bad and the Beautiful), 2001. Videoinstalación
En abril abrió sus puertas Distrito 4, nueva galería madrileña dirigida por Fernando López Lendínez, con una colectiva de presentación (Deacon, Kuitca, Nauman y Struth) a la que sigue ahora la primera individual en España de Abigail Lane (Penzance, 1967), incluida entre los llamados Young British Artists desde que, aún en el Goldsmith College, colaborara con Damien Hirst en la exposición inaugural del movimiento, Freeze (1988), y participante en muchas de las grandes citas propagandísticas del arte británico. Lane es una artista técnica y visualmente versátil con un discurso bastante homogéneo: un maridaje de lo "gótico" y lo doméstico, una fascinación por lo macabro y, últimamente, por el mundo del inconsciente. En obras anteriores desarrolló un particular concepto del arte como crimen y del artista como alguien que deja huellas incriminatorias; en estas últimas instalaciones ha querido teatralizar estados mentales implicados en los procesos creativos.Las dos vídeo-instalaciones que componen esta atractiva exposición, The Inspirator (2001) y The Figment (1998), cada una en una habitación precedida de grandes carteles al estilo de las películas antiguas, forman parte de una trilogía completada por The Inclination (2001) -excluída- y titulada Tomorrow’s World, Yesterday’s Fever (Mental Guests Incorporated). Un panda que toca la trompeta en un bosque y un pequeño demonio que se retuerce bajo un cañón de luz roja son los protagonistas de los vídeos, que hacen pensar en la estética de David Lynch y en los conflictos entre inocencia y perversidad. The Inspirator puede relacionarse con esa tendencia discotequera y tonta hoy en boga, pero cuando se entra en la sala en la que evoluciona, siseante, el inquietante sátiro, se entiende el conjunto de modo diferente y se atribuye un carácter más amenazante al tierno trompetista. Lástima que no se haya traído el dispositivo escenográfico (una caseta dentro de la cual unos zapatos desprenden un humo que sugiere una presencia desaparecida) que complementa el vídeo The Figment, más interesante que la bola y la fuente de espejos de la otra instalación.