Image: Por las calles de Català-Roca

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Exposiciones

Por las calles de Català-Roca

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Sombras en La Barceloneta

Museo Reina Sofía. Santa Isabel, 52. Madrid. Hasta el 8 de septiembre

El Reina Sofía se adelanta un año más a la inauguración oficial de PHotoEspaña, el festival madrileño de fotografía, en el que participa, con esta exposición de Francesc Català-Roca (Valls, 1922 - Barcelona, 1998), a la que se sumarán dentro de poco la del cubano Jesse Fernández y el finlandés Rax Rinnekangas. Curiosamente, todas coinciden en la intención documental, de reportaje, con obras ligadas a proyectos editoriales, y se presentan como revestidas de las mejores virtudes literarias. Esta nueva muestra de Català-Roca, precedida por la más completa de la Fundación Joan Miró de Barcelona en 2000 y la de gabinete de PHotoGalería en 1999, tiene como comisarios al director del museo y al escritor Andrés Trapiello, que han elegido con buen criterio el mejor momento del fotógrafo, mediados los cincuenta, cuando su mirada se define. él mismo declaraba sus filiaciones en una entrevista, haciendo referencia a ese período crucial: "Ni mi padre ni Man Ray me gustaban, porque manipulaban las fotos y consideraba que era una falta de pureza; mi mentalidad estaba ya en la misma línea de Cartier-Bresson, porque ya había visto la obra de Centelles y de Capa, pese a que no lo descubrí hasta la mitad de los años 50". El padre al que hace referencia, Pere Català Pic, había sido uno de los creadores de la fotografía vanguardista, publicitaria y propagandista, en contacto con los grupos ADLAN y GATCPAC. Francesc hizo caso omiso de sus avances, y con excepción de algunos picados o contrapicados, encuadres fragmentadores o contrastes de luces, sus tentativas experimentales fueron nulas, al igual que sus ambiciones artísticas. Buena parte de su producción tuvo como fin la ilustración de libros o revistas, y hasta folletos al servicio de la Dirección General de Turismo, entonces empeñada en la atracción de veraneantes. En 1952 publica su primer libro, La Sagrada Familia, seguido en 1954 de los dos que dan pie a esta exposición: Barcelona, con texto de Luis Romero y editado por Barna, y Madrid, de Juan Antonio Cabezas, por Destino. Para ésta última editorial haría después guías de Cuenca, la Costa Brava, las islas Baleares y Castilla la Nueva.

Las dos pequeñas salas que, en la segunda planta del museo, albergan la muestra, se dedican respectivamente a Madrid y Barcelona, como queriendo incidir en la tradicional rivalidad entre ellas. A los ojos de Català-Roca, triunfa por goleada la capital catalana, una ciudad de arquitectura moderna, amplias avenidas, veladas en el Liceo y, sobre todo, vida intelectual: se incluyen retratos de Dalí, Miró (a cuya obra y figura dedicaría más tarde importantes reportajes), Cirlot, Cocteau... Madrid es una ciudad mísera, de vendedores ambulantes, comercios trasnochados, beatas y patios de vecindad que se moderniza sólo en parte en la flamante Gran Vía. No se puede hablar en ningún caso de nostalgia; era un país triste y oprimido, y así lo refleja la cámara de quien, a pesar de trabajar, como era prácticamente inevitable, para el régimen, no desviaba la mirada de los rasgos menos agraciados de esa España que se quería "diferente".