Image: José Pedro Croft
Sin título, 2002
José Pedro Croft (Oporto, 1957) es sin duda uno de los artistas responsables de la reactivación del arte portugués a partir de los 80. Este verano pasado una retrospectiva en el Centro Cultural de Belém (Lisboa) ha reconocido sus aportaciones, y la misma estructura de la muestra, con medio centenar de esculturas y otras tantas obras sobre papel, refleja justamente la importancia concedida por el artista al dibujo y el grabado como formas de expresión autónomas. Es evidente que sus esculturas revisten mucha mayor envergadura artística, pero en sus dibujos plantea cuestiones paralelas que deben ser tenidas en cuenta para comprender adecuadamente sus propuestas.Hace ya unos años que Croft desarrolla una amplia serie gráfica de "cajas", en rojo y negro, que habría que vincular a sus últimas esculturas: estructuras muy sencillas de metal y vidrio o espejo. Básicamente se maneja el concepto de construcción ortogonal que queda desvirtuada o, como al artista le gusta decir, "dislocada" por un mecanismo de reflexión. A Croft la geometría no le interesa como estabilidad y orden sino como tensión. Y al igual que en las esculturas, los grabados que presenta ahora en La Caja Negra, obedecen a una geometría rota, de alguna manera frustrante. Las "cajas" parecen volcadas en un espacio demasiado estrecho y sin coordenadas claras, se abren, se deforman. Pero el desasosiego que provocan en una observación atenta procede sobre todo de esa antinatural separación de línea y color que efectúa en los tríos de estampas: en una el negro (punta seca y manera negra), en otra el rojo (aguatinta) y en la tercera la superposición de ambas tintas. Croft convierte las fases del proceso de estampación en una demostración de un problema plástico que adquiere la mayor efectividad en el libro con poemas de Aurora García que completa la exposición: en él se suprime la estampa en que se unen las tintas, y se yuxtaponen en páginas enfrentadas la roja y la negra, que recomponen sólo imaginariamente la figura al cerrar el libro, expresando algo así como un deseo permanente y nunca satisfecho.