Image: Ruscha o el paisaje de las palabras

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Exposiciones

Ruscha o el paisaje de las palabras

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La Brea, Sunset, de Longpre, 1999. Acrílico sobre lienzo, 152 X 153

Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. Santa Isabel, 52. Madrid. Hasta el 30 de septiembre

Edward Ruscha: Made in Los Angeles se presenta como una amplia retrospectiva del artista centrada en el escenario que ha marcado más intensamente su producción: la ciudad de Los ángeles, en la que se instaló hace casi medio siglo. Ruscha, con un peso incuestionable en el arte estadounidense y con una fama internacional consolidada con la itinerante que pasó por "la Caixa" de Barcelona en 1990, se detiene en los rasgos de identidad más superficiales y tópicos de la ciudad, como se adivina ya en los títulos de los apartados en los que se estructura la exposición: Gasolineras, Sunset y Hollywood, Paisajes de L.A., aparcamientos, piscinas y palmeras, Palabras de L.A. y Calles de L.A. él mismo ha repetido que sus fuentes de inspiración son la comunicación de masas y los signos plásticos que encontramos en la vida cotidiana y urbana. Es un pobre punto de partida que, sin embargo, deriva hacia resultados muy interesantes gracias a la complejidad conceptual y al talento para lograr el impacto visual de Ruscha, que no en vano se formó como diseñador y grafista.

En la exposición se perciben dos formas muy diferentes de acercamiento a la realidad. Una documenta friamente lo existente, expresada en las "catalogaciones" fotográficas -en libros de artista- de gasolineras, edificios, aparcamientos o piscinas, formas en definitiva de organización del espacio, de las distancias o del tejido urbano. Y otra mucho más sugerente en que la palabra pintada sustituye a la imagen, o a la situación, en ocasiones sobre fondos semánticamente independientes y hasta contradictorios. En 1969 Michel Butor estudió en Les mots dans la peinture el importante papel que la escritura ha jugado en la historia de la pintura, desde el medievo a las primeras vanguardias. Las palabras modifican la lectura de la imagen en forma de títulos, filacterias, inscripciones identificativas, sentencias, libros y papeles escritos con un valor gráfico fundamental en la composición... A pesar de que en la entrevista publicada en El Cultural Edward Ruscha se desvinculaba de esta tradición afirmando que él "tocaba en otro tipo de violín", pienso que sus nombres de calles y carreteras, mensajes publicitarios y frases cotidianas (también en el terreno de los tópicos) suponen una actualización y radicalización de esa constante en la historia de la pintura. Ruscha quiere que sus palabras se lean como paisajes y que los fondos sobre los que se sitúan se contemplen como "anónimos telones de fondo". En muchas ocasiones, no obstante, la fricción entre fondos y escritura suscita la perplejidad o la sonrisa y es indudable que el artista vuelca en ellos su mejor hacer pictórico. Así ocurre especialmente en los cuadros "negros" de los 80 y 90, lamentablemente poco representados en esta exposición que, al dedicar gran espacio a la fotografía y la obra sobre papel, margina un tanto su mucho más valiosa obra pictórica.