Image: Las coplas de García-Alix

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Exposiciones

Las coplas de García-Alix

Publicada
Actualizada

Picardía, 1996

Sala Julio González del MECD. Juan de Herrera, 2. Madrid. Hasta el 14 de julio

¿Qué tiene La Zarzamora que a todas horas llora que llora por los rincones?... La Zarzamora, María de la O, Paquita la del Barrio... Son las coplas y canciones populares que Alberto García-Alix (León, 1956) ha escogido como banda sonora de su última exposición que, como ya ocurriera en la primera edición de PHotoEspaña, es uno de los platos fuertes del festival. ésta obedece al compromiso (retrasado) del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de dar a conocer la obra de los galardonados con el Premio Nacional de Fotografía, que García-Alix obtuvo en 1999. Y al hacer coincidir la muestra con la celebración del festival, se ha optado por dar protagonismo a las mujeres retratadas por el fotógrafo, con el título Llorando a aquélla que creyó amarme, extraído de un poema de Samuel Beckett. Esas mujeres de las coplas eran, como las de García-Alix, outsiders, putas de gran corazón, adúlteras, lobas que vengaban ultrajes amorosos... La normalidad no interesa: el fotógrafo ha afirmado que siempre retrata monstruos, supervivientes del caos. Con todas las salvedades posibles, García-Alix tiene algo en común con su vecino de salas, Ortiz Echagöe, en cuanto que busca lo pintoresco en vías de desaparición. A pesar de que él se enfrenta a individualidades que devuelven la mirada e imponen su personalidad, no deja de ser cierto que, al igual que Echagöe, presta mucha atención a los "tipos" y los "estereotipos" femeninos. Los atuendos y el atrezzo definen en gran medida a los personajes, que se mueven en los círculos cerrados del sexo, las drogas (mucho menos) y el rock and roll, y sus mujeres -aunque imperfectas, no sumisas y con nombres propios- se pliegan a menudo al imaginario masculino de chica sexy, con cuerpos estupendos, lencería y tacones, y actitudes provocativas.

La amplia exposición, sin seguir un orden cronológico, recupera algunas imágenes de principios de los ochenta (cuando con Miguel Trillo y Ouka Lele introdujo la fotografía en los circuitos artísticos españoles), aunque la mayor parte de ellas son muy recientes. No se puede hablar de rupturas en la trayectoria de García-Alix: la mirada ha sido siempre la misma, aunque quizá más depurada con los años. No hay nada que salga de lo convencional en su técnica fotográfica, que prefiere el blanco y negro, la frontalidad, los encuadres clásicos y no necesita de manipulaciones de ningún tipo. Para él a fotografía es sólo un medio para enfrentarnos al personaje que mira y a los personajes que son mirados, un testimonio de diálogo y de acercamiento.

Pero no sólo vemos mujeres de vida excéntrica en la muestra. También se han escogido lugares igualmente ligados al artista: bares, calles, hostales o dormitorios impregna- dos todos de un aire terriblemente melancólico.