Image: Juan Pablo Ballester
De la serie En ninguna parte, 2002
Es difícil olvidar esa fotografía de 1997 de Juan Pablo Ballester (Camagöey, Cuba, 1966) en la que un tritón de pega, inerte sobre el suelo de la cocina, intentaba paliar la sed metiendo la cabeza en una lavadora. Mucho ha cambiado la orientación de este artista desde la serie a la que pertenecía esa imagen desazonadora y al tiempo humorística, Basado en hechos reales, a ésta más dura y cerrada, En ninguna parte, con la que está cosechando grandes éxitos. Ballester, que vive en Barcelona desde 1994, tiene este año una individual en la prestigiosa galería Nina Menocal en México D.F., expondrá en el CAAC de Sevilla, y participará en la colectiva de arte cubano de la Fundación Telefónica. Si hasta ahora había dado vueltas a la emigración, a la resistencia política o a las relaciones entre género e identidad, practicando esa modalidad de "fotografía construida" en la que el artista adopta disfraces, prepara escenarios e interpreta situaciones (no en vano, profesor en la Escuela Teatre Studis de Barcelona), parece que en esta nueva etapa le interesa más la realidad en la que se está integrando. Sus imágenes de jóvenes "callejeros", a menudo acompañados de sus perros, que se han plantado en la casa del artista, son, según explica Manel Clot en el texto del catálogo, expresión de una mixtura de miedo y de deseo, de la inquietante penetración de los peligros de la calle en la casa. El enunciado es atractivo, pero lo cierto es que estos jóvenes más parecen posar para un catálogo de moda que amenazar a los pacíficos vecinos.