Image: El “misterio” De Chirico

Image: El “misterio” De Chirico

Exposiciones

El “misterio” De Chirico

Publicada
Actualizada

El vaticinador, 1944

Fundación BBK. Gran Vía, 32. Bilbao. Hasta el 14 de octubre

El "caso" De Chirico (Volos, Grecia, 1888 - Roma, 1978) sigue abierto y continúa creando perplejidad. A lo largo de diez años, hasta 1919, produjo una obra absolutamente original, inquietante, ligada al mundo del inconsciente, gracias a la cual figura en todos los manuales de historia del arte; a partir de entonces, durante ¡casi sesenta años!, su trabajo, a pesar de la defensa que de él hiciera el propio pintor y de los intentos de justificarlo por parte de algunos críticos, se considera, cuando menos, desafortunado. Por más que intentemos comprender las motivaciones del artista, su adoración por el primer Renacimiento italiano, su obsesión por la perfección técnica, sus ironías antivanguardistas, y por más que sintamos simpatía por la excentricidad del personaje, que se opuso al aislamiento y al desprecio con un orgullo que rayaba en loca vanidad, no hay manera de ver en la mayoría de sus obras a partir de los años treinta otra cosa que adefesios, pastiches y citas buenas o malas de sí mismo y de otros pintores.

Esta exposición de la BBK, que es muy modesta en cuanto al número y la relevancia de las obras conseguidas por Martine Soria, su comisaria, refleja perfectamente el "misterio" De Chirico. Arranca con una rareza: uno de los poquísimos cuadros anteriores a la etapa metafísica que se conservan. Siguen lo que podrían parecer obras destacables de su "década prodigiosa", con El vaticinador, Composición geométrica y paisaje con fábrica y Trovador, pero descubrimos en uno de los textos del catálogo (el cual no proporciona datos sobre las colecciones a las que pertenecen las obras) que se trata en todos los casos de copias hechas en los años cuarenta y cincuenta por el propio De Chirico, una práctica que él justificaba alegando que esos remedos estaban mucho mejor pintados que los originales y que lo que importaba era el momento de concepción de la obra, por lo que reproducía en los lienzos las antiguas fechas. La exposición nos ofrece además una colección de espantosos caballos al galope, con "ambientación" griega o barroca, dos esculturas de bronce dorado que no pueden ser más kitsch, un grupo de dibujos de escaso interés, un par de cuadritos orientalizantes a lo Delacroix, una convencional vista de Venecia y, en otra categoría, un autorretrato ingresco de dibujo perfecto. Y esto también es De Chirico, aunque nos duela. Preferiríamos una buena selección de sus dos primeras décadas, lo que seguramente nos evitaría tener que hacernos incómodas preguntas acerca de nuestros criterios de valoración de las obras de arte y de los artistas.

Pintor antimoderno.

De Chirico se convirtió, sin buscarlo, en estandarte de la pintura surrealista en los inicios del movimiento. Más tarde, cuando su obra aún podía resultar enigmática, era ya anatemizado por Breton. Su respuesta fue una postura violentamente antimoderna. Reivindica a Giotto, a Fra Angelico, a Poussin, pero condena a Leonardo y a Caravaggio, junto a casi todos sus contemporáneos. De no haberse tomado completamente en serio a sí mismo y su famosa afirmación "Pictor classicus sum", podría haberse convertido en profeta del kitsch y el apropiacionismo postmoderno.