Image: Fontcuberta paisaje de la seguridad

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Exposiciones

Fontcuberta paisaje de la seguridad

Fundación Telefónica. Fuencarral, 3. Madrid. Hasta el 29 de julio

Publicada
Actualizada

De la serie Securitas, 2001

Nueva serie de Joan Fontcuberta (Barcelona, 1955) y renovado entusiasmo entre sus admiradores, entre los que, desde luego, me cuento. Y es admirable porque aúna reflexión inteligente sobre asuntos que a todos nos conciernen, artísticos, culturales (en el sentido más amplio de la palabra) y políticos, y capacidad extraordinaria de trasladar de la manera más elocuente a imágenes esa reflexión, sin dejar de lado en ningún momento los valores más puramente plásticos. Hay artistas con grandes pretensiones teóricas que jamás lograrán hacer una obra que se sostenga por sí misma; y otros con gran habilidad técnica que no saben a qué aplicarla. Fontcuberta es un teórico bien informado, coherente y convincente, además de un artista magnífico. Y las dos cosas a la vez.
El proyecto Securitas parte de una coincidencia formal, la que existe entre los horizontes montañosos y los perfiles de las llaves de sierra, para pasar a un parentesco conceptual en torno a la idea de seguridad. Como él mismo explica en el texto que acompaña al catálogo (se ha hecho una edición numerada en la que ha quedado convertido en una caja fuerte con llave y cerradura), las montañas y las llaves invocan valores simbólicos de protección y seguridad, así como connotaciones espirituales: la montaña sagrada, la llave del conocimiento, las experiencias iniciáticas. Las cordilleras son defensas naturales, cierres de un territorio; la llave equivale etimológicamente a una "clave", y en un quiebro, Fontcuberta quiere hacernos ver "la corteza terrestre como un código de acceso".

Todo este juego tiene mucho de enigmático pero, por encima de todo, se relaciona íntimamente con el postulado que defiende el artista de que toda naturaleza ha quedado convertida en artificio a través de la mediación de la cultura, de la proyección sobre ella de un contexto económico y político. Proclama la crisis del paisaje como género y niega cualquier posibilidad de acercamiento puramente estético a la naturaleza, cualquier posibilidad de espiritualización. Pero no debería tal vez ser tan riguroso, porque él mismo está creando otras formas de paisaje que, por supuesto, nos presenta claramente como artificios, pero que no dejan de ser, incluso con todo su distanciamiento intelectual, acercamientos emocionantes a la naturaleza (aunque se trate quizá de una emoción que trasladamos desde otras experiencias visuales, en la realidad o en el arte).

Un paisaje que inventa fórmulas, o que desvirtúa otras ya existentes, que ironiza sobre los mecanismos de la representación... Pero ¿cómo podríamos calificar estas imágenes, si no las consideramos "paisajes", en el esquema de los géneros que, si bien malherido, se mantiene a duras penas en pie?

Al margen del indudable interés argumental de la exposición, ésta tiene el valor añadido de desarrollar en varias direcciones de la idea germinal, tanto conceptual como técnicamente. Por una parte, presenta fotografías realizadas empleando las llaves como clichés que se proyectan directamente sobre papel fotosensible. Es un procedimiento en principio sencillo pero con resultados muy atractivos, que enlaza en este sentido con anteriores series como Semiópolis (páginas de braile de obras literarias = paisajes nocturnos de ondulantes horizontes), Constelaciones (mosquitos estrellados en el parabrisas de un coche = cielo estrellado) y Hemogramas (gotas de sangre = pintura craquelada). Todos estos trabajos comparten con Securitas, de otro lado, además de la orientación al paisaje no natural en el caso de las dos primeras, el recurso a la ampliación, o al cambio de dimensión, como medio de hacer que la imagen "no sea realmente lo que parece", creando una confusión, muy querida por Fontcuberta, entre apariencia y verdad. Las fotografías ampliadas de llaves se unen, en la instalación Paisaje de la seguridad, en un fundido encadenado de treinta metros que finge una cordillera que nos rodea casi completamente (lástima el soporte utilizado que ha impedido la pulcritud en la presentación que sería de desear). Y lo irónico es que son llaves que el artista ha pedido prestadas a "los guardianes de la patria", desde el Presidente del Gobierno a altos cargos militares, policiales y monetarios.

En el recorrido hacia la planta alta (otra pega: la distribución rompe el ritmo de la exposición) encontramos dos maravillosas cajas que utilizan la tradición de las sombras chinescas para "pintar" una sucesión de montañas que se pierden de vista en la lejanía... sólo que la miramos por atrás y encontramos intencionadamente desvelado el truco... que a pesar de todo no nos fastidia sino que incluso nos incrementa la fascinación. A continuación, más llaves, esta vez siguiendo un procedimiento inverso: a partir de perfiles de montañas reales, como el Montblanc o el Himalaya, producción de llaves que imitan esas formas míticas, transformadas a ojos de Fontcuberta, como decía antes, en "claves", en códigos.

Y, al final del recorrido, la apoteosis, Tectónica de seguridad. Me resisto a chafar la sorpresa a quien no haya visitado la exposición, así que sólo les diré que tendrán la oportunidad de crear su propia orografía, con la llave de su casa. Y si no pueden acudir a las salas, visiten la página web www.fundacion.telefonica.com.